«Rogue One: rojo pasión por la “guerra de las galaxias”».

22/12/2016  Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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«Rogue One rescata lo que en mis recuerdos de adolescencia conservaba de la trilogía original de películas de “La guerra de las galaxias”».

Las dos “guerras” de las galaxias

Cuando aún era un jovenzuelo oía hablar de las películas de La guerra de las galaxias. A esa trilogía de películas (que, por aquel entonces, eran los episodios IVV y VI) se la conocía popularmente como la: “guerra de las galaxias”, así, en castellano. No fue hasta que se estrenaron los siguientes episodios (los “repudiados” III y III) que no se empezó a hablar a nivel social de la franquicia Star Wars (ahora ya, en inglés) como tal. ¿Y por qué digo esto? Por varias razones, la principal porque Rogue One: una historia de Star Wars, dirigida magistralmente por Gareth Edwards, rescata lo que en mis recuerdos de adolescencia conservaba de aquella antigua trilogía original de películas de La guerra de las galaxias. Y, en segundo lugar, por el hincapié en que Edwards hace del vocablo “guerra” en esta inolvidable película. Así pues, permítame el lector que me refiera a esta brillante cinta como “guerra de las galaxias” en lugar de “Star Wars”; espero que ahora tras lo expuesto, se note la dicotomía.

Tras la enorme decepción que tuve al ver el Episodio VII: El despertar de la Fuerza (la que dirigió torpemente J.J.Abrams el año pasado), ver Rogue One creo que ha sido una de las grandes experiencias de mi vida como espectador de cine… Cualquiera que lea esto podrá pensar que soy un exagerado, pero lo cierto es que Rogue One está al nivel de la “guerra de las galaxias” original.

«Parece ser que (hablando en argot galáctico), el joven “padawan” (Edwards) ha superado al viejo maestro (Lucas) y nos ha dejado quizá el episodio más vibrante de toda la saga desde El imperio contraataca (1980, Irwin Kershner)».

Las tropas imperiales terrestres defienden su base en el exótico planeta Scarif: esta es, sin duda, la secuencia más épica del filme de Edwards.

Me sabe mal decir esto porque creo que pocas personas entendieron que Lucas pretendió innovar dentro de su propio universo con las “malditas” precuelas pero, a tenor de lo visto en el VII, queda patente que tampoco fueron tan malas como muchos han dicho sobre ellas, aunque Rogue One las supera con creces. Parece ser que (hablando en argot galáctico) el joven “padawan” (Edwards) ha superado al viejo maestro (Lucas) y nos ha dejado quizá el episodio más vibrante de toda la saga desde El imperio contraataca (1980, Irwin Kershner). Las secuencias memorables aquí se cuentan por doquier: el asalto rebelde en las calles del poblado de Jedha, la escaramuza aérea en el lluvioso planeta Eadu antes del fusilamiento de los técnicos de la estrella de la muerte, la épica batalla espacial y terrestre de Scarif (¡oh, dios mío!: ¡del nivel de Endor vista en El retorno del Jedi dirigida por Richard Marquand en el año 1983!, ¡hace ya ni más ni menos que 33 años!) mientras que en El despertar de la Fuerza no recuerdo ni una sola escena de ese estilo tan épico… La historia viene firmada por el amplio conocedor de la saga galáctica John Knoll que, además de ser el máximo responsable de los efectos especiales del filme, ha escrito junto a Gary Whitta una historia impresionante guionizada por Chris Weitz y Tony Gilroy. Poco se pensaba Knoll cuando tímidamente presentó el borrador de Rogue One a la ejecutiva de Lucasfilm que se convertiría en la gran película que es ahora…

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John Knoll ha sido el genio de la historia y de los efectos especiales de Rogue One, ¡menuda responsabilidad! Realmente, lo ha bordado en ambos campos.

Los productores y el director de la película han pretendido darle una clara entonación bélica a esta nueva historia que se circunscribe entre los episodios III y IV, es decir, entre La venganza de los Sith (III), la trilogía de precuelas, y Una nueva esperanza (IV), la trilogía original, enlazándolas a la perfección.

Alma de metal: K-2SO

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Una de las grandes creaciones de este nuevo episodio derivado del universo de La guerra de las galaxias es, sin duda, K-2SO. Este es un robot imperial reprogramado por la Alianza Rebelde para infiltrarse en las tropas imperiales y, así, sustraerles información vital para sus  planes de sabotaje. El rol que desempeña el robot durante el filme es ese típico perfil cómico hollywoodiense a lo Danny DeVito o Joe Pesci, pero con alma de metal. Alan Tudyk (experto actor de doblaje mayormente para cine de animación y para videojuegos) se oculta tras los cables de este simpático y entrañable personaje que dejará huella en el universo “de las galaxias…” emulando al dorado y flemático C-3PO que interpretó el afable Anthony Daniels a lo largo de la saga y que, por cierto, también hace una breve aparición a modo de “cameo” en Rogue One.

Al fan, fan y al Gareth, Edwards

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Gareth Edwards, vestido de stormtrooper en el set de Rogue One, se reconoce a si mismo como un fan acérrimo de la saga.

Aunque, sin duda, el mayor acierto de la película es haber contratado a Gareth Edwards para hacerse cargo de la dirección del filme. Este tío se ha declarado como un fan acérrimo del universo creado por George Lucas, confesando que se ponía siempre las películas de la trilogía original de La guerra de las galaxias mientras desayunaba antes de ir al colegio. La propia productora de Lucasfilm, la veterana Kathleen Kennedy, ha declarado en relación a Gareth Edwards lo siguiente: «Lo bueno de Gareth, y lo bueno de los realizadores con los que estamos trabajando, es que todos son fans. Todos tienen una profunda conexión emocional con Star Wars. Eso es algo realmente importante cuando buscamos personas que vayan a dirigir estas películas. Estamos buscando cuidadores, personas que se preocupan y aceptan la responsabilidad de participar en la franquicia» algo que me parece cojonudo que hayan hecho, siempre respetando al padre original de la criatura, es decir, a George Lucas. Así que, ¿qué mejor solución que usar a alguien que siente verdadera pasión por esta increíble space opera? Edwards ha dicho que Lucas la ha visto y, ¡que le ha gustado! Cosa que no sucedió con el episodio dirigido por J.J. Abrams del que dijo que era demasiado «revival». Elegante eufemismo, di que sí, George…

«Gareth Edwards se ha declarado como un fan acérrimo del universo creado por George Lucas, ¿qué mejor solución que usar a alguien que siente verdadera pasión por esta increíble space opera

Ahora tan solo espero que el siguiente spin-off, que se centrará en seguir las aventuras del personaje de Han Solo, cuyo estreno se prevé para 2018, esté al nivel de esta maravillosa y sublime Rogue One.

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Robert Smith, eterno adolescente.

27/11/2016 Texto por: SAS

«A las 21:05 horas, la banda liderada por Robert Smith, salió a la cita con su público barcelonés para regalarnos los oídos con un setlist dominado por canciones de su exitoso álbum The Head On The Door (1985).»

Ayer (26/11/2016) en Barcelona, pasó algo mágico: The Cure, la mítica banda de Robert James Smith actuó durante casi 3 horas, conciertos de duración estándar que suelen ofrecer a su público. Teloneados por unos ninguneados aunque brillantes The Twilight Sad (no habían aún ni 500 personas en el Palau Sant Jordi), la banda liderada por Smith salía tras 5 minutos de cortesía, a las 21:05 horas, a la cita con su público barcelonés para regalarnos los oídos con un setlist dominado por canciones de su exitoso álbum The Head On The Door (1985). Temas como Inbetween Days, Push, The Blood, Close To Me y la inesperada Sinking, generaron una pequeña histeria entre la grada de un respetable con una media de edad que rondaba los 40-50 años.

«Smith ha sido el Peter Pan de la música indie que ha inspirado a bandas estandartes del rock independiente como Placebo o Interpol.»

Y es que los aficionados de toda la vida de The Cure ahora cumplen los 50 y tantos años. El mérito de Smith es que ha sabido enamorar a tres generaciones de fans diferentes, y la razón principal de tal logro ha sido porque el vocalista ha encarnado el papel del eterno adolescente del rock. Smith ha sido el Peter Pan de la música indie que ha inspirado a bandas estandartes del rock independiente como Placebo o Interpol.

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The Cure 2016. De izquierda a derecha: Reeve Gabrels, Jason Cooper, Roger O’Donnell, Robert Smith y Simon Gallup.

De las múltiples formaciones por las que ha pasado la banda de Robert Smith a lo largo de su dilatada trayectoria esta es, sin duda, una de las más estables, marcada por el ex-guitarrista de Bowie, Reeve Gabrels que, desde la rara partida de Porl Thompson, ha ocupado su sitio y le ha imprimido a The Cure un sonido “roquero americano” insólito hasta entonces. Sin un nuevo disco publicado, rumoreado desde 2008 y titulado provisionalmente 4:14 Scream, The Cure están a punto de finalizar su gira mundial que comenzó en Nueva Orleans en mayo de este año y finalizará en el Wembley Arena de Londres el próximo 3 de diciembre.

«Sin nuevo disco publicado, The Cure está a punto de finalizar una gira mundial que comenzó el pasado mes de mayo sin una clara presencia de sus temas más oscuros.»

Únicamente, Smith y los suyos nos han regalado dos temas nuevos: It Can Never Be The Same y Step Into The Light junto a sus habituales éxitos Lullaby, Friday I’m In Love y Just Like Heaven sin una clara presencia de álbumes oscuros que los popularizaron a principios de los 80 como Seventeen Seconds (1980), Faith (1981), Pornography (1982) o su desvalorizado Bloodflowers (2002). A pesar de ello, ver el show que Smith y los suyos ofrecieron ayer en Barcelona solo puede ser obra de unos profesionales que llevan casi 40 años en el mundo del show business.

«La Edad de Oro del Software Español». Tercera y última parte: Topo Soft, exportadores de bits españoles.

29/10/2016 Texto por: SAS

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Y acabaremos este breve repaso en tres partes del software que se produjo en nuestro país durante las décadas de los 80 y 90, en lo que se llamó la “Edad de Oro del software español”, con una de las marcas españolas más reconocibles extra muros: Topo Soft.

En una primera entrada en este blog, analizamos el increíble trabajo que hizo Dinamic Software en la industria de los videojuegos españoles mientras que en una segunda vimos someramente el glosario más importante de Opera Soft y la capacidad de trascendencia generacional que tuvieron algunos de sus programas como La abadía del crimen. En esta ocasión, veremos lo que fueron capaces de alcanzar los chicos de Topo Soft, que fue ni más ni menos llegar hasta el país de donde nacen los sueños: ¡Hollywood!

El precedente directo de Topo Soft lo tenemos con Action, un sello fundado por Javier Cano (desgraciadamente fallecido el pasado 2013), y Emilio Martínez Tejedor. Ambos se conocieron en una empresa de construcción pero pronto descubrieron que tenían una pasión en común: la programación en BASIC. Su primer proyecto juntos fue un videojuego educativo titulado Mapgame (1985) con el que llamaron la atención de la conocida distribuidora ERBE Software, fundada por Andrew Bagney y Paco Pastor: sí, el famoso cantante del grupo español Fórmula V, quien supo canjear las notas musicales por los 8 bits, creando un imperio mastodóntico antes de que desapareciera trágicamente a finales de los años 90, tras las consecuencias devastadoras de un incendio (dicen las malas lenguas que provocado…).

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Foto para la historia. Primera formación de Topo Soft (1988). En la primera fila y de izquierda a derecha: Carlos Arias, Javier Cano, José Manuel Lazo y Emilio Martínez. En la fila de atrás y de izquierda a derecha: Eugenio Barahonda, Ricardo Cancho, Roberto P. Acebes, José Manuel “Rambo” Muñoz y Rafael Gómez.

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«Emilio Martínez Tejedor y el, desgraciadamente, fallecido Javier Cano fueron los precursores de la compañía Topo Soft con su sello propio Action que llamó la atención de la conocida ERBE Software, distribuidora de Paco Pastor desaparecida a finales de los años 90».

Después de haber conquistado la confianza de los magnates de ERBE con Las Tres Luces de Glaurung (1986), un videojuego de plataformas que se exportó a Reino Unido teniendo mucha aceptación entre la “línea barata” inglesa de videojuegos para computadoras domésticas (MSX, Spectrum, Amstrad…), nace propiamente Topo Soft con tal de especializar los dos ámbitos que, por aquel entonces, tocaba ERBE: la distribución por un lado (cuya marca seguiría siendo la misma) y el desarrollo de videojuegos, creados bajo el sello de su filial Topo Soft. Los orígenes de tal nombre se deben a que para trabajar en sus programas, los chicos de Topo debían bajar por una escalera hasta el sótano de las oficinas. Además, se dice que alguien de ERBE poseía una tienda en el metro de Madrid con un nombre parecido.

Lo cierto es que tras esos topos (llamados así cariñosamente), se encontraban mentes tan luminosas y brillantes como la de Carlos Arias, Javier Cano, José Manuel Lazo, Emilio Martínez, Eugenio Barahonda, Ricardo Cancho, Roberto P. Acebes, José Manuel “Rambo” Muñoz, Rafael Gómez, César “Gominolas” Astudillo o Gabriel Ortas, entre otros. Los primeros programas que vieron la luz tras salir de la madriguera de Topo Soft fueron Spirits y Survivor, ambos producidos en 1987. El primero fue “un plataformas” tremendamente parecido al Phantomas 2 (1986) de Dinamic; el segundo estuvo inspirado en el imaginario de la saga de Alien creada por Ridley Scott.

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Cubiertas de Spirits (1987) y Survivor (1987), las primeras producciones própiamente dichas de los magos de Topo Soft.

A partir de esos dos primeros juegos, vinieron muchos otros tan dispares como Emilio Butragueño Fútbol (1988), Chicago’s 30 (1988) o la videoaventura La espada sagrada (1990) que gozaron de una considerable popularidad, pero sinceramente no fue por ninguno de ellos por los que me acuerdo de la “marca Topo”… Del mismo modo, tampoco me enganchó el videojuego que desarrolló Topo junto a Elite Systems Ltd. de la adaptación oficial de la película Gremlins 2: La nueva generación (1990). En aquel entonces, fue tal el prestigio que alcanzó Topo Soft que se convirtió en la primera desarrolladora de videojuegos española en conseguir explotar una patente de una película made in Hollywood. De hecho, ni siquiera su único competidor real, Dinamic Software, había conseguido tal logro.

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Un par de capturas de pantalla de Gremlins 2: The New Batch (1990), un juego desarrollado por Topo Soft y que les funcionó a medias.

El videojuego programado por Rafael Gómez y Alfonso Fernández, a mi parecer, no estuvo a la altura de las expectativas. Pese a que los sprites de los gremlins eran sobradamente buenos, el sprite de Billy Peltzer (con el que jugábamos), era bastante tosco y se movía demasiado lento en relación a la acción del videojuego, por lo que la jugabilidad era excesivamente complicada. También pecaba de que gráficamente no estaba del todo diferenciada la figura del fondo con lo que provocaba una “cacofonía óptica” (en argot, tenía los típicos “gráficos emborrachados”) que llegaba a marearte a los pocos minutos de estar jugando. A mi modo de ver, los chicos de Topo tuvieron mejores momentos que lo que hicieron en Gremlins 2… Quizá aquello les acabó pasando factura ya que Topo jamás volvió a adaptar oficialmente ninguna otra película made in Hollywood

«Topo Soft se convirtió en la primera desarrolladora de videojuegos española en conseguir explotar una patente de una película made in Hollywood, aunque Gremlins 2: La nueva generación no estuvo a la altura de las expectativas».

Pero, sin duda alguna, hubo un pack (a mi juicio) antológico que reunió lo mejor de lo mejor que ha parido esta mítica firma española de videojugos: Top by Topo Soft 2 (1991). Este fue un pack que contuvo, para mi, los 5 mejores videojuegos (exceptuando el Drazen Petrovic Basket (1989), que a mi “los deportivos” nunca me han “molao”), publicados por esta desarrolladora. En ese pack encontrábamos clásicos de la compañía como el ya mencionado Drazen Petrovich Basket (1989), Viaje al centro de la tierra (1989), R.A.M. (1990), Mad Mix 2: En el castillo de los fantasmas (1990) y mi añorado Ice Breaker (1990), del que ya hablaré más en profundidad durante el último párrafo de esta entrada.

 «Top by Topo Soft 2 (1991) fue un pack mítico que reunió lo mejores videojuegos producidos por la compañía».

Las horas que me pasé “viciándome” a estos 5 juegos fueron unas cuantas (menos al “deportivo”, aunque… bueno, reconozco que también jugué un par de veces y no estaba mal del todo —aunque solo fuera por escuchar la música del maestro “Gominolas”—). Pero el que marcó historia dentro y fuera de la compañía, sin duda, fue la reinvención del célebre Pac-Man con el título Mad Mix 2: En el castillo de los fantasmas (1989). Programado por Rafael Gómez, Roberto Potenciano “ACE” Acebes, Alfonso “Borrocop” Fernández, Antonio Moya, T.P.M., y Gabriel Nieto en la producción del juego, Mad Mix 2 contaba con la atractiva perspectiva isométrica como principal novedad respecto a su predecesor, cosa que le daba un aspecto más realista. El comecocos Mad podía hacer cosas nunca vistas hasta entonces como saltar, ir a una velocidad de vértigo tras comerse un coco determinado y los enemigos parecían sacados de la galería de los monstruos de la Hammer. Todo un “puntazo” de Topo en plena decadencia de la “Edad de Oro…”.

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Y, aprovechando que acabo de hablar de este mítico pack: Top by Topo Soft 2, no quisiera finalizar esta entrada sin comentar como se merece uno de los mejores videojuegos, a mi juicio, programados por Topo Soft, este no es otro que Ice Breaker, un videojuego (creo) no lo suficientemente valorado en su época. Fue un arcade de carreras diseñado por Rafael Ángel Cabrera y programado por Gabriel Ortas y Antonio Moya. En el apartado musical contó con la música de César Astudillo (también conocido por su legendario mote “Gominolas”). El videojuego a simple vista resultaba hasta “tonto”: el jugador controla un bobsleigh (o trineo deslizador) para abrirse paso entre el hielo y los enemigos que debe abatir sin salirse del tramo marcado por un túnel helado. Los gráficos no es que fueran muy elaborados y la historia tampoco era para tirar cohetes: hacia el año 4003, la Tierra vuelve a sufrir una devastadora glaciación por culpa de una máquina terrible denominada “Corvell”. Los recursos vitales escasean y la única esperanza es llegar hasta la única zona del planeta habitable. A simple vista, un argumento fusilado de la famosa película futurista Mad Max (1979) de George Miller, pero la adicción de este juego fue tremenda para la época en la que apareció. Además, el tema principal de “Gominolas” era de estilo cuasi wagneriano, y se te enganchaba en la cabeza como una lapa, atrapándote sin remedio.

 «Ice Breaker fue un arcade no lo suficientemente valorado en su época, inspirado en la película Mad Max, contaba una historia simple y futurista».

Poco después, tras Ice Breaker (1990) y Zona 0 (1991), un videojuego de inspiración en la película de Steven Lisberger, Tron (1982) empezó el fin de la “Edad de Oro del software español” con la aparición de los 16 bits, aunque Topo Soft permaneció hasta 1994 antes de pasar a la historia como una de las mejores empresas de videojuegos que ha dado nuestro país.

«Starship Troopers», análisis de la banda sonora compuesta por Basil Poledouris. Tercera y última parte.

23/10/2016 Texto por: Jordi Castellví

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«La música de Starship Troopers tiene un caduco regusto a los castizos films de guerra de la época de los 40-50. Es una virulenta parodia del militarismo exacerbado y el patriotismo más retrógrado de esos filmes que eran animados con bandas sonoras con macarrónicos y prepotentes himnos militares que hoy nos resultan sonrojantes y patéticos».

Quebrantador infatigable del “bienpensante” orden establecido, Verhoeven aplica un hemoglobínico y visceral tratamiento de choque a la sociedad americana, torpedeando los valores ultraconservadores más recalcitrantes al construir, no demasiado sutilmente, una virulenta parodia del militarismo exacerbado y el patriotismo más retrógrado que impera en esta globalizada sociedad, poniendo, como no, al imperialismo reaccionario USA en la diana. Y lo hace, con afilada causticidad y mala leche, recurriendo a los elementos de la propaganda belicista tan entrañable de las películas de los 40-50, que advertían de los sempiternos enemigos de la libertad occidental, pero exagerando el mensaje patriotero hasta el surrealismo. Es por ello que la música de Starship Troopers tiene un caduco regusto a los castizos films de guerra de esa época, vetustos estandartes de los ideales más altos a los que podía aspirar un “ciudadano”, según el ejército, claro, predicando con el ejemplo de esos cinematográficos héroes de una pieza, animados por macarrónicos y prepotentes himnos militares que hoy nos resultan tan sonrojantes y patéticos.

El vibrante tema heroico de “Klendathu Drop”, es un magnífico ejemplo de ello. Una marcha épica, heroica, valiente, varonil, con un ligero aire trascendente, como reflejando la hombría que hay que tener (y eso que también hay mujeres guerreras en el film) para afrontar ese destino plagado de arácnidos, grandes, feroces, malos, y que lanzan bolas de fuego por… ¿el trasero? La falta de tacto de Paul ya no extraña a casi nadie y menos a Basil, que además de todo el mensaje implícito en la música (no me atrevería a decir oculto, por lo evidente que es), también tubo que hacer frente a grandes escenas de acción (o más bien grandes escenas de masacre), atroces, crueles, encarnizadas, y llenas de sangre y tripas, pero siempre divertidas y nada serias. Por ello, el tono de la banda sonora siempre tiene una especie de halo positivo pese a la amenaza, como por ejemplo el soleado y radiante fragmento de “Tango Urilla (a partir de 1’44”) con esa anticuada musicalidad, a la vez entusiasta e inocente, expresando los, en teoría, positivos ideales de esa juventud aria de soldados profident (o la positiva evidencia de su estupidez). Poledouris consigue transmitir esta burla del chauvinismo en blanco y negro haciendo lo propio que Verhoeven, pero en el terreno musical, es decir, su composición es tan efectista y exagerada que deviene en grotesca y risible, pero lo hace sin llegar a caer en el ridículo ya que se mantiene heroica y marcial soterrando la crítica bajo la apariencia de una macho-movie, eso sí, de un modo “cachondo” y desenfadado en lugar de sobrio y serio; vaya que la música “se lo cree demasiado” y al final “se le ve el plumero”. Es impagable, en este sentido, el motivo, grave, ominoso, sombrío y “duro” con que entra en escena el teniente Rasczak; es una buena muestra del talento de Basil y abre una vía a la reflexión sobre los distintos modos de enfocar la escritura de música “bélica”. Por ejemplo Hans Zimmer tiende a hacer una música severa, solemne y afectada, con una cierta carga de ser “para adultos”, mientras que las primeras partituras “de guerra” de Williams son más alegres, vivarachas y fanfárricas, tirando a juveniles (claro que esto se debe al distinto planteamiento ideológico de cada época, ahí está la aflicción de Salvar al soldado Ryan, también de Williams). Starship Troopers se sitúa entre el estilo “de tipo duro” de Hans y la “orquesta infantiloide” de Williams, exprimiendo a fondo el tono “festivo” y positivo de este último en la caricaturesca entrada musical de la “cadena federal” (que respira un pernicioso totalitarismo, de un reaccionario belicista casi fanático), y que junto a la autosatisfacción y orgullo que desprende el tema final, resultan el paradigma idóneo de lo que supone el film, una ácida y mordaz representación de una utopía neofascista donde la exaltación del ardor patriótico es elevado a la enésima potencia.

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«Poledouris consigue transmitir esta burla del chauvinismo en blanco y negro haciendo lo propio que Verhoeven, pero en el terreno musical».

Y es que Basil siempre será uno de los nombres punteros en lo que se refiere a música contundente. El periodo de escritura de la banda sonora comprendió desde Marzo hasta Septiembre de 1997, un periodo seis veces más extenso del que muchos compositores disponen para escribir y grabar sus partituras, ello se debe a la larga post-producción de los efectos especiales, y permitió a Poledouris el poder gozar de una oportunidad excepcional para desarrollar sus temas, en el que seguramente es su proyecto más ambicioso junto a Paul.

En el apartado técnico las orquestaciones corren a cargo de Steven Scott Smalley, Steve Bramson y Greyg McRitchie. El compacto contiene 11 cortes con una duración total sobre la media hora. Varèse Sarabande no incluye toda la música, para desespero de los aficionados a la BSO, faltando temas tan emocionantes y espléndidos como el vuelo de prácticas de la cadete Carmen Ibáñez por el interior de la base-anillo que rodea la Luna, que culmina sobre el plano de la mastodóntica nave nodriza «Roger Young» al son de una enfática composición espectacular, a modo de orgullosa presentación de la sensacional e imponente nave. O la ominosa melodía para la secuencia en la que aparece, de entre los aracno-guerreros, el “Cerebro” y su asqueroso séquito de cucarachas-siervos. Así como numerosos momentos de partitura de acción (como el trágico ejercicio de entrenamiento), y de humor: citar el divertidísimo (y malicioso) anuncio en el que unos soldados reparten balas a los niños (uno de ellos sujetando una ametralladora más grande que él), acompañado de una irónica música infantil, a base de un xilófono o celesta, reproduciendo la marcha de Klendathu Drop. No obstante, hay informaciones sobre una edición extensa (2001, Acme Millennium) de 71’41” de duración.

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Portada de la ansiada recopilación de temas ineditos de la banda sonora de Starship Troopers editada no-oficialmente por Acme Millennium.

«El periodo de escritura de la banda sonora comprendió desde Marzo hasta Septiembre de 1997, un periodo seis veces más extenso del que muchos compositores disponen para escribir y grabar sus partituras, y permitió a Poledouris el poder gozar de una oportunidad excepcional para desarrollar sus temas».

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El maestro y compositor Basil Poledouris en 1997, en plena labor compositiva de la BSO de Starship Troopers. 

Al final del CD de Varèse, mencionar la inclusión de lo que podría parecer, a priori, la “cancioncilla de turno” que muchas veces ni siquiera forma parte de la propia película, pero no es el caso, ya que dicho tema se escucha un momento en la escena del baile de fin de curso (y sólo es 1 tema “pop” frente a 10 orquestales cuando, desgraciadamente, suele ser lo contrario), además le da al conjunto de la BSO un toque a lo Sensación de vivir, a película “tonta” de adolescentes, muy apropiado para la filosofía que destila el film y su música (este hecho, pretendido o no, puede hacer pensar en que quizás han querido hacer con ello una crítica sutil, pero eso ya es hilar muy fino). En cualquier caso se perdona la inclusión de esta canción porque está realmente bien y aparece en el film (y porque está interpretada por Zoë Poledouris, una de las dos hijas de Basil).

En cierta ocasión Paul Verhoeven dijo, hablando de su otro compositor preferido, Jerry Goldsmith, que con él había alcanzado el sueño de tener una relación profesional y artística al nivel de la que mantuvieron Eisenstein y Prokofiev, pero creo yo que lo mismo podría decirse de sus colaboraciones con el músico de orígenes europeos. Una vez visto (y oído) el resultado de Starship Troopers, es difícil imaginar un compositor mejor para este film. Sin embargo el director holandés no es el único que se rinde ante la creatividad y calidad sonora de Basil, John Milius le ha reclutado en más de una ocasión: Big Wednesday (1978), Red Dawn (1984), Flight of the Intruder (1989), siendo la más famosa la de: Conan, The Barbarian (1982); partitura que, por cierto, estuvo a punto de no escribir, ya que el productor Dino De Laurentiis quiso imponer a Ennio Morricone para ilustrar las aventuras del “cimerio” personaje creado por Robert E. Howard. La insistencia de Milius, afortunadamente, le convenció para que aceptara a Basil, que compuso una banda sonora legendaria, parcialmente inspirada en clásicos como Rimsky-Korsakov, Mussorgsky o Stravinsky.

Y haciendo ya un triangulo Poledouris-Verhoeven-Goldsmith en referencia a la “polémica” semejanza del main title de Total Recall con el de Conan, decir que su parecido se podría percibir como una especie de sutil referencia-homenaje de Goldsmith al personaje de Conan, para dar otro matiz que complementase la definición musical-subliminal del personaje de Quaid (Total Recall), dando a entender que en este film, Schwarzenegger también resulta bastante “bárbaro”.

Para todos los que desconozcan a este genio, Poledoris es, como opinión personal, una buena mezcla del mejor sinfonismo de Alan Silvestri (Juez Dredd podría ser un precedente temático de Starship Troopers), con los grandilocuentes momentos de acción de James Horner. Aunque con esta comparación no se ha de caer en el error de pensar que Basil sólo escribe grandes piezas de “frenesí descriptivo” vacío de sentimiento, ya que es un compositor que encuentra el elemento humano allí donde parece que no lo hay; tal como dice Jeff Bond: «Poledouris encuentra la humanidad dentro de la coraza de titanio de Robocop, y detrás de la gran espada de Conan. Basil siempre demuestra una gran maestría y riqueza de emociones en sus temas, que le mantienen lejos de muchos de sus contemporáneos». Buena muestra de esta sensibilidad la encontramos en la intimista, y sorprendentemente minimalista, It’s my party (1996), de su amigo Randall Kleiser (con quien ya había colaborado en El Lago Azul y Colmillo Blanco), concebida íntegramente para piano e interpretada por el propio Basil.

«Poledoris es, como opinión personal, una buena mezcla del mejor sinfonismo de Alan Silvestri con los grandilocuentes momentos de acción de James Horner».

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La música de Basil Poledouris es como una mezcla de las partituras de James Horner (a la izquierda) y de Alan Silvestri (a la derecha).

En los últimos años Poledouris ha tenido que hacer cosas del calibre de Mickey ojos azules (1999, Kelly Makin), For Love of the Game (1999, Sam Raimi), Cecil B. De Mented (2000, John Waters), Crocodile Dundee in Los Angeles (2001, Simon Wincer), The Touch (2002, Peter Pau) y un seguido de producciones que fluctúan entre lo más o menos conocido y lo sinceramente discreto, destacando de entre todas ellas la magnífica Los Miserables (1998, Bille August) —que, por cierto, Basil dedicó, en el libreto, al orquestador de Starship…, Greyg McRitchie, que murió después de haber grabado dicha BSO, el 24 de diciembre del 97—. De todas formas en la memoria del aficionado siempre quedarán obras maestras como La caza del Octubre Rojo (1990, John McTiernan), la ineludible Conan, o esta joya de la música más guerrera y arrolladora que es Starship Troopers.

Desgraciadamente, Basilis “Basil” Konstantine Poledouris, hijo de inmigrantes griegos, murió en 2006 a los 61 años (nació en 1945 en Kansas City, Missouri). Ojalá le hubieran soplado vientos más favorables y que más directores hubiesen confiado en su probado talento encargándole films de mayor interés, en los que el compositor hubiera podido desplegar su potente estilo sinfónico demostrando que sabía componer fanfarrias apabullantes como nadie. A partir de su muerte, su amigo Paul Verhoeven ha contado con la compositora Anne Dudley, ex-integrante del grupo de electrónica, Art of Noise, de estilo vagamente parecido al de Basil.

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Basil Poledouris, compositor de música de cine (RIP 1945-2006).

Arte «Punk» o el arte del «No Futuro».

12/10/2016  Texto y fotos: SAS

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«La muestra que hubo en el Macba fue una interesante colección de obras derivadas del movimiento punk cuyas temáticas fueron el ruido, el pesimismo, el nihilismo, la violencia, la sexualidad y la idea del “No futuro”, leitmotiv recurrente en todo el conjunto artístico.»

El «Punk» nació a finales de los años setenta como un movimiento contracultural y reaccionario al movimiento «Hippie» de los 60. Algunas de sus temáticas fueron el ruido, la negación, el pesimismo, el nihilismo, la violencia, la sexualidad y la idea del “No futuro”, leitmotiv recurrente de la exposición que hubo en el MACBA (Museu d’Art Contemporani de Barcelona) que finalizó el pasado mes de septiembre titulada  «Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo». La muestra fue una interesante colección de obras derivadas de este movimiento tan revolucionario a todos los niveles: plásticos, musicales e, incluso, ideológicos.

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«El movimiento punk nació a raíz del dadaísmo y del intelectualiamo del situacionismo europeo y del surgimiento en Inglaterra del grupo de rock, Sex Pistols, que inspiraron a toda una “generación punk”.»

El movimiento punk nace a raíz del dadaísmo y del situacionismo europeo engendrado por la Internacional Situacionista, un movimiento intelectual que abogaba por la muerte del arte y el empuje de los movimientos sociales como el Mayo del 68. Por otro lado, en Inglaterra en mitad de los años 70 surgen los Sex Pistols, una banda de rock inspiradora de toda la «generación punk», cuyo trabajo musical Anarchy in the UK (EMI, 1976) fue el himno a seguir por todos los punks. Este es el marco social y contracultural del movimiento punk del que la exposición ha sabido hacerse eco desplegando paneles y textos explicativos del momento histórico en el que se enmarcó el punk.

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«La crítica a la cultura «pop» también fue una máxima a seguir por los artistas de este movimiento».

Si bien las obras punks tienen un alto contenido fuerte y violento, no dejan indiferente al espectador, cuya ética y moralidad son interpeladas constantemente por los artistas adscritos a este movimiento revolucionario. La crítica a la cultura «pop» también fue una máxima a seguir por los artistas de este movimiento y, sobre todo, el lema del “No futuro” cuya frase nos dejaron bien clara a los visitantes que “chocábamos” literalmente con un coche portando un gigantesco cartel luminoso con tal ominosa frase.

En resumidas cuentas, un gran trabajo expositivo en donde el comisario de la muestra, David G. Torres, junto a la colaboración del CA2M (Centro Artístico 2 de Mayo) de la Comunidad Madrileña y del Centro Vasco de Arte Contemporáneo (ARTIUM), realizaron un concienzudo trabajo histórico y artístico repasando los orígenes y los rastros de este movimiento que, a pesar de sus obras violentas y a menudo de mal gusto, son un referente en el arte contemporáneo de finales del siglo XX.

Dibuphone’s#5

02/09/2016 Dibujos por: Jordi Castellví

Recuperamos la sección Dibuphone’s de Jordi Castellví con 2, podríamos llamar en términos artísticos, “ready-mades” basados en la cultura pop. ¿Cuál os gusta más?: ¿la máscara a lo Jocker “versión Ledger”? ¿o el Ronald “terrorista” McDonald’s?. Gracias, como siempre, a Jordi por su arte en clave de humor ácido.

32 años después, surge la versión «femenina» (¿que no «feminista»?) de Cazafantasmas.

25/08/2016  Texto: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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A la izquierda: logo original de 1984 de los Cazafantasmas, a la derecha: logo diseñado por Kevin (Chris Hemsworth), el secretario “memo” de las nuevas Cazafantasmas. Los atributos exageradamente “grandes” de la fantasmina podrían considerarse como una clara muestra de “sexismo”, presente a lo largo del filme de Paul Feig.

¡Las chicas son guerreras! Esta expresión (popularizada en nuestro país por la mítica canción del grupo Coz, una de las más sonadas durante la época de “la movida madrileña”) parece estar totalmente en boga durante este 2016. Si bien a finales del año pasado asistimos a la revelación de una protagonista femenina para la nueva entrega de Star Wars Episodio VII: El despertar de la Fuerza (véase a Daisy Ridley en el personaje de Rey), ahora les toca el turno al elenco de mujeres seleccionadas por Paul Feig para resucitar el «fenómeno Cazafantasmas», que gozó de una gran popularidad durante los años ochenta. Pero este retorno no ha estado exento de polémica. Numerosos críticos cinematográficos y fans en general de la serie original, han tildado de “feminista” el retorno de dicho fenómeno. Paul Feig, el director de la función, no dudó en calificar a sus detractores de «misóginos» y de «gilipollas» en las páginas de la prestigiosa publicación The Hollywood Reporter.

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De izquierda a derecha: Harold Ramis (Dr. Egon Spengler), Ernie Hudson (Winston Zeddemore), Bill Murray (Dr. Peter Venkman) y Dan Aykroyd (Dr. Raymond Stantz) fotografiados en 1984, fueron los Cazafantasmas originales.

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De izquierda a derecha: Leslie Jones (Patty Tolan), Melissa McCarthy (Dra. Abby Yates), Kristen Wiig (Dra. Erin Gilbert) y Kate McKinnon (Dra. Jillian Holtzmann), fotografiadas en 2016 son las Cazafantasmas actuales.

«Numerosos críticos cinematográficos y fans en general de la serie original, han tildado de “feminista” el retorno del “fenómeno Cazafantasmas”, a lo que Paul Feig, el director de la función, no dudó en calificar a sus detractores de “misóginos” y de “gilipollas”».

¿«Feminismo» o «sexismo»? 

La verdad es que razón no le falta a Feig, aunque son varios los momentos del filme que rozan la frontera entre «feminismo» y lo que podría considerarse como «sexismo». La muestra más flagrante de este tono «sexista» son los momentos protagonizados por Kevin (interpretado por Chris “Thor” Hemsworth), un chico memo que se presenta para cubrir el puesto de oficinista de, en este caso, “las” Cazafantasmas. Hemsworth emula el papel de Louis Tully, el simpático contable que interpretó en la versión del 84 el magnífico actor Rick Moranis, prácticamente retirado de la escena de Hollywood. Decir que el pobre hace de “idiota” es poco… (¿es realmente necesario repetir el chiste de las gafas sin cristales todo el rato?). Kevin es lo peor de la película que se muestra al público como un “cachitas” usado por las chicas frecuentemente para sus bromitas y comentarios sexistas. ¡Claro que sí!, abusando del cliché de que los “guapos” siempre tienen que ser “tontos”… Además, a Kevin no le hace falta ni pasar por un proceso de selección: es contratado directamente por su formidable aspecto físico y sólo porque a todas las Cazafantasmas les hace “tilín”… Eso, sin duda, no beneficia al conjunto del filme que, por lo general, no es que esté tan mal.

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«Chris “Thor” Hemsworth interpreta al memo oficinista Kevin, usado frecuentemente como cliché “sexista”. Sin duda, de lo peor del filme».

Otros momentos susceptibles al «sexismo» podrían ser cuando Holtzmann chupa lascivamente su cañón de protones tras “cargarse” a un fantasma. También cuando el bobo de Kevin les muestra a las Cazafantasmas su “peculiar” logo de una fantasma con unos pechos exageradamente crecidos o cuando los decanos echan a Erin y a Abby respectivamente de sus universidades. ¿Por qué tienen que ser “hombres” los que ostentan lugares de poder en lugar de mujeres? Si realmente Paul Feig quería dar una visión positiva del feminismo quizá, con todo lo dicho, le puede haber salido todo lo contrario.

Cameos “a porrillo”

No obstante, la versión de Feig conserva la frescura y la espontaneidad en los diálogos de sus dos predecesoras escritas por los creadores originales de la serie: Dan Aykroyd y el fallecido Harold Ramis. Por cierto, hablando de sus creadores, a Aykroyd le ha encantado esta nueva versión à la femme de su clásico de los ochenta y la recomienda encarecidamente a todas sus amistades. A excepción del mencionado Moranis que declinó la oferta de reaparecer, todos los actores originales (incluso el fallecido Ramis) han hecho acto de presencia de una manera u otra en esta nueva versión. Aykroyd, el histriónico Dr. Ray Stantz en la original, aparece esta vez de malhumorado taxista. Ramis (el Dr. Egon Spengler) no aparece desde el más allá, sino en forma de busto en la universidad donde trabaja la Dra. Erin Gilbert. Bill Murray (que ha boicoteado siempre el proyecto de una tercera parte con los Cazafantasmas originales) aparece en esta versión de antipático Dr. Martin Heiss, reprobando el trabajo de las Cazafantasmas, y este acaba muerto por un demonio atrapado en la trampa-fantasmal al abrirla. Annie Potts, la flemática secretaria original, aparece en la recepción de un hotel. Sigourney Weaver, la frágil violonchelista Dana Barrett, reaparece como mentora de la Dra. Holtzmann al final del filme. Pero quizá el mejor cameo ha sido el de Ernie Hudson (el Cazafantasma negro de la original, Winston Zeddemore), que sale como el tío de Patty reclamándole su coche funerario convertido en el entrañable Ecto-1. A propósito del “Cazafantasma negro”, la comunidad afroamericana ha acusado también al filme de Feig de «racista» al mostrar de nuevo a las tres blancas Cazafantasmas como científicas y a la Cazafantasma negra como una simple trabajadora del metro… En fin, hablando en plata, que el bueno de Paul Feig se las ha tenido que “comer dobladas” con esta nueva versión de Cazafantasmas, aunque la película haya cubierto con los gastos y con las expectivas iniciales.  ¿Habrá en 2021 una secuela del reboot con Ghost Corps?

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«A uno de los creadores originales de la serie, Dan Aykroyd, le ha encantado esta nueva versión à la femme del clásico de los ochenta».

El Criticabrón#1: ‘Baby Davis’, anda, ‘Bette’ por ahí…

19/08/2016 Tomás Gallego

Tenemos el gran placer de hermanarnos con el blog personal de un colega de carrera de Bellas Artes: Tomás Gallego Santamarta, que hace unas críticas muy suyas sobre pelis y demás cultura friki. En este primer “hermanamiento”, El Criticabrón nos trae una revisión del clásico de Robert Aldrich, ¿Qué fue de Baby Jane?. ¡Muchas gracias y un gran saludo, Tumaket!. ¡Ah, y por muchos Criticabrones más juntos!

‘Baby Davis’, anda, ‘Bette’ por ahí…bette-davis-loca

 

«¡Ha! ¡Ha! ¡¡HA!! 76 años echándose unas risas: el Joker en el cine y en la TV».

18/08/2016 Texto por: SAS

«Creado en abril de 1940 para el primer cómic de Batman, el Joker se ha revelado como un perfecto antihéroe, un caramelo para el actor que lo interpreta.»

Romero, Nicholson, Hamill, Ledger, Leto. Estos cinco actores tienen un mismo denominador común: todos ellos han interpretado al villano más carismático de la historia del cine (con permiso de Lord Darth Vader): el Joker. Creado por Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson en abril de 1940 para el primer cómic de Batman y publicado por DC comics, el Joker se ha revelado como un perfecto antihéroe. Es como un caramelo para el actor que lo interpreta, capaz de hacerlo valedor de la preciada estatuilla dorada como fue el caso de Heath Ledger (aunque de manera póstuma). En esta entrada, analizamos 5 visiones diferentes de un mismo personaje: el Príncipe Payaso del Crimen, el As de Bandidos o el Arlequín del Odio como también es conocido al Joker.

El gentleman latino: César Romero

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La primera encarnación del Joker fue la que hizo en la pequeña pantalla el actor neoyorquino de raíces cubanas César Julio Romero Jr. en la serie de los años 60. Más conocido como César Romero, él fue el único en poner las condiciones con el Joker. Romero, habituado a interpretar a “gentlemens” (lo que en España se conoce como “galanes”), se negó rotundamente a afeitarse su bigote para interpretar al famoso payaso, algo que cualquier actor accedería sin pensárselo dos veces para dar vida al Joker… La razón por la que se opuso tan férreamente en afeitárselo fue porque, según Romero, su mustache era lo que le daba personalidad como actor. Los productores de la serie accedieron pero a condición de que se lo maquillase. Romero encontró un territorio virgen con el Joker dotando al payaso de un histrionismo cómico muy fiel a las líneas maestras de Robinson, Finger y Kane y al tono humorístico de la teleserie.

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«Romero encontró un territorio virgen y dotó al payaso de un histrionismo cómico muy fiel a las líneas maestras de Robinson, Finger y Kane.»

El mafioso dandi: Jack Nicholson 

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El debut del Joker en terrenos cinematográficos vino de la mano del controvertido y oscarizado actor americano nacido en Nueva Jersey en 1937, Jack Nicholson. De hecho, antes de que Nicholson hiciera su magnífico trabajo con el rol del Joker, los actores de Hollywood se negaban a interpretar personajes basados en cómics ya que no estaba demasiado bien visto que un actor de renombre lo hiciese. Esto, repito, fue antes de que Nicholson diera vida al Joker de Tim Burton en 1989. La película de Burton, titulada Batman a secas, fue un hito en el momento de su estreno y estuvo influenciada parcialmente en las historietas La broma asesina de Alan Moore y Brian Bolland y en El retorno del caballero oscuro de Frank Miller. Sin embargo, Burton y el propio Nicholson hicieron contribuciones decisivas en esta particular versión expresionista del malvado payaso. La más importante quizás fue que el joven Joker asesinó a los padres de Batman cuando este era solo un niño y la manera de presentarse en el filme como un dandi mafioso, además de diletante artístico. Quizás la secuencia más memorable de Nicholson como Joker sea la que protagonizó junto a Kim Basinger en un museo-restaurante donde el Joker le da su peculiar toque artístico-destructivo a las obras de arte que allí se exhiben. Señalar, por último de este Joker, su poética y aterradora frase antes de cometer un crimen: “Dime, ¿has bailado alguna vez con el demonio a la luz de la luna?”.

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«Antes de que Nicholson hiciera su magnífico trabajo con el rol del Joker, los actores de Hollywood se negaban a interpretar personajes basados en cómics.»

El payaso animado: Mark Hamill

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La voz oficial de la versión animada del Joker se la puso el actor Mark Hamill, conocido mayoritariamente por interpretar al jedi Luke Skywalker en la primera trilogía de La guerra de las galaxias (la “buena” para muchos, es decir la comprendida entre los episodios IV y VI). Hamill ha sido la voz oficial del Joker desde 1992 en la primera serie de dibujos animados que se realizó para contar las aventuras del hombre murciélago titulada Batman: The Animated Series prolongada hasta 1994. Luego, volvió a ser la voz del Joker de 1997 a 1999 en The New Batman Adventures. Así mismo, volvió a repetir el rol del macabro payaso en 2000 en Batman Beyond. Hamill le ha proporcionado también su voz al Joker en numerosos videojuegos, el último de los cuales ha sido Batman: Arkham Knight en 2015. A pesar de su declarada admiración por ser el actor de doblaje oficial del Joker en su versión cartoon, Hamill ha ido anunciando desde 2009 que abandonaba el personaje del Joker, aunque este siempre ha vuelto para ponerle voz al bromista mafioso. “Nunca digas nunca”, clarificó Hamill en varias ocasiones para desmentir sus intentos de despedida con el Joker. Su estilo a la hora de interpretar al famoso Guasón (como es conocido en latinoamérica) fue similar al que hizo Romero en la serie de los años 60, pero Hamill le dió un matiz más sádico al Joker, versión César Romero. La carcajada entrecortada de Hamill poseía matices sombríos que llevaron al personaje a una dimensión aún más maléfica y que, sin duda, recogió Heath Legder en 2008 en la versión de Nolan para llevarlo a un estadio más perturbador. La última aportación de Hamill con el personaje fue recientemente en 2016, en el largometraje Batman: The Killing Joke, una adaptación animada del cómic clásico de Brian Bolland y Alan Moore.

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«La carcajada entrecortada de Hamill poseía matices sombríos que llevaron al personaje del Joker a una dimensión aún más maléfica.»

La personificación del caos: Heath Ledger

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Cuando todos creíamos que el mejor Joker de la historia lo había interpretado Nicholson, Christopher Nolan sorprendió a todo el mundo en 2008 con la secuela de Batman Begins, titulada The Dark Knight protagonizada por Christian Bale en el papel del murciélago enmascarado y el australiano Heath Ledger como Joker. El extraordinario papel que hizo Ledger como archienemigo de Batman le hicieron valedor del Oscar al mejor actor de reparto y al Globo de Oro. Ningún actor antes había conseguido tantas meritaciones por un rol de un personaje de cómic. Por desgracia, Ledger falleció antes de poder recoger sus merecidos premios, contribuyendo a augmentar la leyenda oscura en torno a ese Joker en particular. Dicen las malas lenguas que Ledger se recluyó solo en una habitación de hotel para construir su papel y medio enloqueció. Su versión del Joker distaba sustancialmente a la Nicholson ya que llevó al famoso payaso a límites insanos cercanos a la locura. De hecho, Ledger se expuso a algunas de las escenas más peligrosas de la película sin ningún miedo. Según los creadores de esta reinterpretación del personaje, el Joker de Ledger/Nolan fue una personificación del caos. Durante la película, el terrible payaso adquiere una dimensión de sociópata-anárquico-compulsivo capaz de cometer una atrocidad peor que en la anterior set piece. La escena del tête à tête en la comisaría entre Batman y el Joker, donde Ledger llega a estados de pura demencia será siempre la más recordada del filme de Nolan. Recuerdo personalmente estar en el cine agarrado a la butaca con el corazón encogido mientras veía actuar a Ledger en la que está considerada como una interpretación maestra del cine contemporáneo. Y como no, al igual que Nicholson, Ledger dejó otra frase para la historia: “¿Por qué tan serio?”.

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«Ledger llevó al famoso payaso a los límites de la locura siendo, según sus creadores, una personificación del caos.»

“Broda” Joker: Jared Leto

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Y llegamos a la última versión del As de Bandidos: Joker versión Jared Leto. En el Escuadrón suicida dirigida por David Ayer, versado director en cine dramático y bélico, el director de Fury se atreve con el género de superhéroes (o mejor dicho, de supervillanos). En esta primera incursión cinematográfica de la “liga de los malos extraordinarios de la DC”, se presenta a un Joker considerablemente diferente a lo que hicieron sus predecesores… La verdad es que Leto defiende bastante bien durante toda la función a un personaje de tal peso específico como lo es el Joker, pero sin duda, lo mejor del filme no recae en él sino en su homóloga criminal, Harley Quinn. La Dra. Harleen Francis Quinzel (interpretada por Margot Robbie) fue la psiquiatra del Joker en su internado en el manicomio de Arkham (más conocido en la serie de “Batman” como el Arkham Asylum) que queda prendida por la personalidad neurótica de su paciente y se enamora locamente de él. Es tal su amor descontrolado que accede a morir por él arrojándose al mismo bidón de ácido donde cayó y se desfiguró el payaso asesino. Lo cierto es que la tórrida historia de amor entre Quinn y el Joker es lo mejor de la peli de Ayer, pero aquí el Príncipe Payaso no pasa de ser un mero secundario. Sin embargo, fuentes cercanas al montaje de la película (y el propio Leto) aseguran que se eliminaron al menos 22 escenas del payaso en el montaje final de la película (!). Eso desvirtúa en demasía el trabajo de Leto en el filme de Ayer en cuyo caso su interpretación podría haber sido mucho mejor. De hecho, algunos fans han interpuesto demandas a la distribuidora de la película, Warner Bros., exigiendo un nuevo montaje con las escenas eliminadas del Joker. De todas formas, analizando en concreto el trabajo actoral de Leto en este montaje del filme, el actor ha dado forma, hasta ahora, a la versión más “gamberra” del Joker en la pantalla en donde Leto le imprime un carácter más pandillero aportándole al personaje del payaso un look rapero y unos modales marcadamente afroamericanos. A pesar de su esfuerzo interpretativo, de su tatuado y original aspecto y de su ortopédica sonrisa (y, por cierto, muy importante, de lo que el montaje nos ha enseñado), el Joker de Leto no está a la altura del que interpretó Ledger ni tan siquiera del que hizo Nicholson. No obstante, se augura que Leto volverá a encarnar al Joker en Justice League: Part I de Zack Snyder prevista para 2017. A pesar lo dicho, creo sinceramente que Jared Leto se merece un ostensible “bravo” tan solo por haberlo intentado porque quizás una futura versión extendida del filme, nos revele más cosas buenas de su trabajo con el Joker.

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«A pesar de su esfuerzo interpretativo, de su tatuado y original aspecto y de su ortopédica sonrisa, el Joker de Leto no está a la altura del que interpretó Ledger ni tan siquiera del que hizo Nicholson, aunque en el montaje final de la película se eliminaron 22 escenas del Joker.»

Joy Division, 40 años de una banda convertida en leyenda.

14/07/2016 Texto por: SAS

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Joy Division fotografiados por el artista Anton Corbijn.

«Con solo dos discos publicados: Unknow Pleasures  (1979) y Closer (1980), Joy Division se convirtieron en una leyenda para el rock alternativo».

Este próximo 20 de julio se cumplirán 40 años de la formación de una de las bandas más míticas y legendarias que ha dado la historia del rock: Joy Division.  Pero, ¿cómo pudieron convertirse estos cuatro chavales de Mánchester en una leyenda para el rock alternativo con solo dos discos publicados? En esta breve entrada, me dispongo a dilucidar someramente algunos de los datos que hicieron que esa leyenda continúe aún viva 40 años después…

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Un baterista tocando en la azotea

¿Cómo es posible que con solo dos discos publicados: Unknow Pleasures  (1979) y Closer (1980), Joy Division se convirtieran en una leyenda para el rock alternativo? Yo, al igual que muchos, creo que fue por la enigmática figura de Ian Curtis. Curtis era un gran admirador de Bowie y empezó a escribir textos inspirándose en sus canciones. Aunque el sonido que pasó a la historia de los Joy Division no fue solo mérito de los textos de Curtis, Martin “Zero” Hannett, productor discográfico de sus dos únicos álbumes, contribuyó decisivamente en el sonido único de la banda. Hannett, de carrera químico pero que nunca ejerció como tal, se dejó seducir por los textos crípticos de Curtis y, quizá por deformación profesional, exploró con samples, reverbs y con todo tipo de efectos para hallar un sonido inusual nunca oído hasta entonces. Suya fue también la conocida anécdota entre los seguidores del grupo en la que Hannett decidió montar la batería en la azotea del estudio cuando estaban grabando su famosa canción She’s Lost Control debido a una interferencia con un micrófono del estudio. Entonces, el excéntrico productor hizo que Stephen Morris, el baterista de Joy Division, grabara sus partes en la azotea del estudio. Cuando Morris le preguntó a Hannett: “¿Cuándo sabré que he de parar de tocar?”, el productor le respondió que alguien iría a avisarle. Grabó la pista de la batería y todo el mundo olvidó que Morris aún seguía tocando en la azotea.

«El productor  Martin Hannett contribuyó decisivamente en el sonido único de la banda».

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El extraño productor musical, Martin Hannett.

Perdiendo el control

Pero volviendo a la inquietante figura de Ian Curtis, el cantante fue uno de los mayores enfant terribles que ha dado la historia del rock (tan solo comparable con Jim Morrison o Kurt Cobain) y, mayormente, el responsable de fraguar la leyenda de los Joy Division. Curtis, figura atormentada y extrañamente magnética, escribió las letras del grupo desde el lado más oscuro de su alma. Ninguna de ellas fue una “canción al uso” de fácil escucha o apta para llenar discotecas y/o reventar las pistas de baile (la más popular fue Love Will Tear Us Apart, publicada de manera póstuma). A pesar de ello, el grupo cosechó en vida un gran número de admiradores, entre los que se encontraban artistas de la talla de Robert Smith (cantante de The Cure) o Tony Wilson (famoso presentador de musicales que potenció la fama del grupo firmando para el sello Factory Records). La carrera de los Joy Division empezaba a despegar en serio cuando Rob Gretton, mánager del grupo, les anunció que se iban de gira por América. Algo debió cruzarse en la mente de Curtis al oír aquello. En el filme dirigido por Anton Corbijn (del que hablaré en el siguiente párrafo), se muestra a Sam Riley, el actor que interpretó a Curtis en la gran pantalla, ausente, mirando a la nada mientras los demás miembros del grupo celebran la gran noticia de América. Aquel chico, poeta de vocación, que sufría graves crisis epilépticas durante sus conciertos, con el corazón dividido entre su mujer y su amante (Annik Honoré), comienza a tener serias dudas de su propia existencia. La gente acudía morbosamente a sus conciertos más para verlo tambalearse que para escuchar sus canciones; su matrimonio con Deborah se estaba haciendo añicos y a Curtis cada vez le resultaba más difícil subirse al escenario, hasta el punto de ponerse ante el público brevemente durante 2 canciones en uno de sus últimos conciertos. El 18 de mayo de 1980, Curtis decide acabar con su vida tras sufrir de nuevo un ataque de epilepsia y con The Idiot de Iggy Pop como telón de fondo.

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«Ian Curtis fue uno de los mayores enfant terribles del rock y, mayormente, el responsable de fraguar la leyenda de Joy Division: una figura atormentada y extrañamente magnética, que escribió las letras del grupo desde el lado más oscuro de su alma».

Anton Corbijn “tocando desde la distancia” a Ian Curtis 

En 2007, el realizador neerlandés Anton Corbijn estrenó Control, el biopic de Ian Curtis y de los Joy Division, basada a su vez en el libro de Deborah Curtis Touching From the Distance. El filme de Corbijn está rodado de manera impecable en blanco y negro, y cuenta con unas interpretaciones excelentes. Corbijn no usa efectismos baratos para explicar la trágica historia de Ian, la historia es trágica por si sola. La película muestra desde los años de estudiante de Ian, pasando por su trabajo como funcionario en la oficina de empleo de Macclesfield (al que acudía con su chaqueta en la que se estampó la palabra “Hate” —”Odio”—), su encuentro con Peter Hook, Bernard Sumner y Terry Mason en el concierto de los Sex Pistols, sus primeros bolos como Warsaw (la formación embrionaria de los Joy Division) y, a partir de ahí, toda la historia resumida de la banda hasta el momento del suicidio de Curtis. Resulta interesante ver los pocos momentos felices en la vida de Ian: uno de ellos fue el día de su boda con Debbie, el otro cuando deciden tener un hijo. La tórrida historia que tuvo con Annik, la periodista belga que entrevistó al grupo para un fanzine, desgajó su matrimonio e hizo que, al no ser capaz de dejarla, su mujer le pidiera el divorcio. Ahí fue cuando seguramente Ian decidió suicidarse. Al finalizar el film, Debbie halla el cadáver de su marido colgado en su casa mientras Corbijn inserta magistralmente el tema Atmosphere (aparecida por primera vez en el álbum recopilatorio Substance), ese final es tan extrañamente bello y aterrador al mismo tiempo como lo fue hace ya 40 años la música de los Joy Division. RIP Ian Curtis (1956—1980).

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«Anton Corbijn, filmó en 2007 la biografía de Joy Division de manera impecable, sin efectismos baratos».

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