“A donde vamos no necesitamos carreteras…” 32 años de un clásico del cine moderno «Regreso al futuro».

22/07/2017 Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LAS PELÍCULAS.

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«Con los años he logrado entender al completo esta trilogía de la que el famoso científico Carl Sagan aseguró que son unas de las mejores películas que jamás se han filmado».

El mayor error que he cometido en mi vida fue ver Regreso al futuro IIBack to the Future II (1989, Robert Zemeckis) antes que la primera parte… Bueno, yo solo era un chaval de apenas 10 años que iba a ver una película que algún compañero del colegio me había recomendado encarecidamente. A pesar de que no me enteré de la mayor parte de la película (¿qué podía esperar?) me encantó dicho filme y, entonces, decidí poner remedio a mi terrible equivocación y alquilé en un videoclub de mi barrio (¿alguien recuerda lo que era eso… “piratillas” de internet…?) la primera Regreso al futuro, Back to the Future (1985, Robert Zemeckis) y, sólo entonces, pude entender algunas cosas: lo que mi pueril mente de chaval preadolescente de diez años pudo alcanzar. Con los años he ido revisitando periódicamente esta trilogía clásica de la ciencia ficción norteamericana y he logrado entenderla al completo, de la que el famoso científico Carl Sagan aseguró ser unas de las mejores películas que jamás se han filmado.

Regreso al futuro I, o cómo hubiese sido ir con mi padre al colegio

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El año natural del Marty McFly.

El resumen de la película es muy simple: un chaval de 17 años, que ha viajado accidentalmente al pasado en una máquina del tiempo, interfiriendo con sus propios progenitores, debe lograr que sus padres se enamoren para asegurar así su propia existencia. En resumen esa es la línea maestra del guión firmado por Bob Gale y Robert Zemeckis a cuatro manos. La idea se le ocurrió al propio Gale que, cierto día trasteando en el desván, encontró una fotografía de la graduación de su padre y este se preguntó: “¿Qué podría haber pasado si hubiese coincidido con mi padre en el instituto? ¿Hubiésemos sido amigos…?” A partir de aquí, Gale ideó una historia en el que su protagonista viaja al pasado e interfiere accidentalmente con sus padres, en donde su propia madre se enamoraba de él y, al mismo tiempo, se hacía amigo de su propio padre para poder salvarse a si mismo.

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Bob Gale y Robert Zemeckis (de izquierda a derecha), los padres de Regreso al futuro, conversando en 1985 durante el rodaje de la primera parte de la trilogía.

Era una idea magnífica pero ningún estudio quería hacerla: una de las principales razones, aunque parezca sorprendente, era porque resultaba demasiado blanda en comparación con las películas sobre adolescentes subiditas de contenido sexual que se estaban haciendo y que estaban triunfando por aquella época de principios de los ochenta como Los incorregibles albóndigasMeatballs (1979, Ivan Reitman) o Porky’s (1982, Bob Clark). Gale y Zemeckis hicieron por lo menos 40 intentos para llevarla a la pantalla, pero hasta que Zemeckis no obtuvo el éxito masivo con Tras el corazón verdeRomancing the Stone (1984, Robert Zemeckis), los estudios Universal no le dieron luz verde al proyecto de Regreso al futuro. Eso, y que Spielberg apostó siempre por el proyecto de los viajes en el tiempo de Gale y Zemeckis.

La moraleja de la historia está clara: todo lo que hagas en el pasado, te repercutirá en tu futuro. Cuando empieza el filme, George McFly, el padre de Marty, es el pelele de Biff: le redacta los informes en casa fuera del trabajo, le roba las cervezas, le coge el coche a George y se lo destroza… Marty observa, al viajar hacia el pasado, que cuando eran jóvenes sucedía exactamente lo mismo entre Biff y su padre: el joven Biff hacía que George le redactara los deberes del instituto, se aprovechaba de él, etc. Sólo cuando Marty viaja al pasado y consigue que su padre le plante cara a Biff, George arregla su futuro. Además, el George McFly del inicio del filme nunca apostó por él mismo: Marty descubre que cuando su padre era joven escribía historias de ciencia ficción y que, con el paso de los años, acabó por dejar. Pero, al acabar la primera parte de la trilogía, el George McFly que apostó por él mismo, edita su primera novela de ciencia ficción y (qué curioso) Biff acaba siendo su “sirviente”.

«La moraleja de Regreso al futuro I está clara: todo lo que hagas en el pasado, te repercutirá en tu futuro… Sólo cuando Marty viaja al pasado y consigue que su padre le plante cara a Biff, George arregla su futuro».

Regreso al futuro II, o cómo hacer una película sobre el futuro sin equivocarse demasiado 

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El futuro de Marty McFly.

Debido al enorme éxito que obtuvo la primera parte, los directivos de la Universal casi “obligaron” a los productores a hacer la segunda parte. Aunque Gale y Zemeckis tan sólo les pusieron una condición: poder filmar una tercera parte que se empezaría a rodar justo al acabar la segunda, algo que marcó un precedente en la industria cinematográfica. Universal aceptó y presupuestó las dos secuelas por 80 millones de dólares: 40 para cada una de ellas.

De hecho, a Zemeckis nunca le entusiasmó rodar el “futuro” porque, según el cineasta: “resultaba demasiado arriesgado hacer predicciones ya que, a la larga, pueden resultar descabelladas”. De todos modos, hubiese sido absurdo no hacerlo ya que tenían una oportunidad de oro y, además, la audiencia lo estaba esperando. Así pues, se volvió a reunir a todo el equipo técnico y al casting original para las dos secuelas. A todos menos a Crispin Glover, el actor que interpretó al padre de Marty McFly que, por desacuerdos con sus royalties, no participó en las secuelas. Glover exigía unas condiciones económicas que los productores no creyeron adecuadas para su estatus como actor. Así pues, Glover declinó la oferta y el guionista optó por matar al personaje.

«A Zemeckis le interesó más volver a 1955 para filmar la historia vista en la primera película desde otro ángulo, que filmar el “futuro” (pasado) de la Hill Valley de 2015».

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De izquierda a derecha: Christopher Lloyd (Doc Emmett Brown), el director de la cinta, Robert Zemeckis y Michael J. Fox (Marty McFly) en una fotografía de 1989 durante el rodaje de Regreso al futuro II en el ‘set’ de la Hill Valley del “futuro” 2015.

Lo que realmente le interesó a Zemeckis, más que filmar en el “futuro” (pasado) de la Hill Valley de 2015, fue volver al año 1955 para filmar la historia vista en la primera película desde otro ángulo, algo que marcó otro precedente en la historia, ya que esto no se había hecho anteriormente en ninguna otra película. Para ello, Zemeckis pidió a ILM (Industrial Light and Magic), la empresa que se encargó de los efectos especiales propiedad de George Lucas, que construyera la VistaGlide, una cámara especial para filmar en un mismo plano al mismo actor interactuando entre sí.

De hecho, ese es uno de los aspectos más interesantes de la historia que, esta vez, se centra en el personaje de Biff Tannen: el viejo Biff de 2015 descubre que Doc Brown inventó una máquina del tiempo y, en un momento de despiste de Marty y el científico, el antipático anciano usa el DeLorean para darse a sí mismo en el pasado 1955 un almanaque con los resultados de los últimos cincuenta años de toda clase de eventos deportivos. Eso hace que se cree un 1985 alternativo en donde Biff es un cruel multimillonario que gobierna Hill Valley a sus anchas y se casa con la madre de Marty. Además, también descubrimos que Biff mató a George McFly (así, Bob Gale arreglaría la ausencia de Glover en la película). Marty y Doc deben volver a 1955 para evitar que Biff logre su objetivo, aunque, al volver al pasado, nuestros protagonistas se encontrarán con alguna que otra paradoja temporal (curiosamente, el título en clave para la película fue Paradox, Paradoja en español).

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Las Nike Air MAG, con los “robo-cordones” que alucina Marty, al final se materializaron en 2011 pero sin los “robo-cordones”… ¡Lástima!

Al final, pese a que Zemeckis se mantenía reacio a filmar en el futuro porque no quería predecir ninguna burrada, predijo bastantes cosas como las tablets, las videollamadas o las gafas celulares que usa la hija de Marty McFly (atención: ¡interpretada por el mismo Michael J. Fox!). Los coches voladores, los aeropatines o las chaquetas que se secan solas son aún cosas del futuro real, mientras que la Pepsi Perfect o las Nike Air MAG se materializaron en honor de esta película.

Regreso al futuro III, o cómo viajar al salvaje Oeste americano y volver justo a tiempo

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El pasado de Marty McFly.

«El gran mérito de Regreso al futuro III quizás fuera que se hizo en una época (principios de los años 90) en que el género del western estaba pasado de moda en la gran pantalla».

Para el capítulo final de la trilogía, los productores ya sabían dónde (mejor dicho, cuándo) transcurriría esta película: en el salvaje Oeste americano de 1885. La elección fue, de hecho, del propio J. Fox. Durante la primera película, Gale y Zemeckis le preguntaron: “Oye, Michael: ¿a dónde te gustaría viajar si tuvieras el DeLorean de la película?” La respuesta del actor fue directa: “¡Al Oeste!” Así pues, todo el equipo se embarcó a hacer un western mientras aún estaban acabando de editar el segundo filme.

Lo cierto es que todo el equipo de las dos primeras entregas quería hacer un western: desde Michael J. Fox hasta Dean Cundey, el director de fotografía del filme, por no mencionar a los creadores originales de la saga Bob Gale y Robert Zemeckis. Según este último: “El Far West representa el Romanticismo Americano… Todo cineasta quiere hacer un western, de hecho teníamos un montón de especialistas dispuestos a convertirse en indios, vaqueros y soldados de la caballería montada para la tercera parte.” El gran mérito de Regreso al futuro III quizás fuera que se hizo en una época (principios de los años 90) en que el género del western estaba pasado de moda en la gran pantalla.

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Arriba, el equipo técnico de Regreso al futuro III rodando un plano con Christopher Lloyd y Michael J. Fox subidos “a lomos” del DeLorean. Abajo, el fotograma del mismo plano rodado en la fotografía superior en donde aparecen Doc y Marty intentando alcanzar los 120 km/h encima del DeLorean, arrastrado por un tropel de caballos.

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«En esta última, el protagonista de la función es Doc y el romance que surge entre él y Clara Clayton. Es este romance el que introduce dilemas morales muy interesantes en los personajes».

El gancho de la película, en esta ocasión, estuvo en que Emmett le envía una carta a Marty a través de un misterioso mensajero justo al final de la segunda parte en donde le dice a Marty que se encuentra sano y salvo en el lejano Oeste norteamericano. Pero, más adelante, se descubre que tras enviarle la misiva, Bufford Tannen, un antepasado de Biff, mató al científico por una deuda. Marty decide viajar con el DeLorean (oculto durante 70 años en una cueva) al viejo Oeste para salvar a Doc. El conflicto, en esta ocasión, está en el personaje del científico, que se enamora de una dama en apuros: la profesora Clara Clayton recién llegada a la Hill Valley de 1885.

Zemeckis explica cómo Marty, de hecho, no es el protagonista de ninguna de las películas de Regreso al futuro sino que actúa cual maestro de ceremonias de la trilogía fílmica: en la primera película es su padre, George McFly, el verdadero protagonista de la historia. En la segunda entrega, el protagonismo lo adquiere Biff, quien intenta beneficiarse de los viajes en el tiempo tan sólo para su provecho. En esta última, el protagonista de la función es Doc y el romance que surge entre él y Clara Clayton. Es este romance el que introduce dilemas morales muy interesantes en los personajes sobre si volver al futuro o bien quedarse en el pasado con el riesgo de poder morir en el intento.

«Sólo cuando el expresidente Ronald Reagan citó en un discurso sobre el estado de la Nación: “Llevémos a América hacia el futuro, donde no necesitemos carreteras…”, los productores de la saga se dieron cuenta del impacto que habían causado sus indelebles películas».

Además el guión firmado por Gale de nuevo, contenía la problemática de poder viajar al futuro: el depósito de gasolina del DeLorean fue alcanzado por una flecha india y los protagonistas no pueden repostar combustible. La única manera de alcanzar los 120 km/h para regresar al futuro es que una locomotora de vapor empuje del DeLorean a tal velocidad (cosa que no era tan fácil en aquellos tiempos de la Segunda Revolución Industrial). El climax de la película fue realmente soberbio con el DeLorean tirado por la locomotora mientras explotan los leños de colores a punto de despeñarse por un barranco. Por lo general, la tercera parte fue más aplaudida por la crítica que la segunda.

En resumen, esta trilogía ha permanecido como unas de las mejores películas de ciencia ficción que se han realizado jamás y han logrado aguantar estoicamente el paso del tiempo. En cierta ocasión, el expresidente Ronald Reagan dijo en un discurso sobre el estado de la Nación: “Llevémos a América hacia el futuro, donde no necesitemos carreteras…”, parafraseando a Doc durante el final del primer filme. Fue sólo entonces cuando los productores de la saga se dieron cuenta del impacto que habían causado sus indelebles películas.

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El póster que jamás se vio de Regreso al futuro III, original de Drew Struzan, el mago de las ilustraciones de los tres filmes. En este, el propio Struzan comenta que realizó dos carteles promocionales y que los productores (Gale y Zemeckis) eligieron el que Marty se ve ataviado como Clint Eastwood, descartándo el mítico disfraz de vaquero rosa con el átomo nuclear bordado en él.

Continúa en el WorPress de “Friki Non Plus Ultra”32 frikadas que seguramente no tenías ni idea sobre la trilogía de “Regreso al futuro”…

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«Iä! Iä! Cthulhu fhtagn!»: 80 años de la muerte del creador del horror cósmico, H. P. Lovecraft.

15/03/2017  Texto por: SAS

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«H.P. Lovecraft será siempre recordado por ser el autor que encabezó el género literario llamado horror cósmico.»

Hoy se cumplen 80 años de la muerte de Howard Phillips Lovecraft (1890—1935, Providence, Rhode Island) que fue, en pocas palabras, un genio de la literatura el cual encabezó la creación de un género literario nuevo: el horror cósmico. Y digo que lo encabezó porque fueron muchos otros autores los que aportaron piezas fundamentales para su consolidación. Autores como August Derleth, Lord Dunsany o Algernon Blackwood fueron escritores que contribuyeron a su gestación y proliferación pero, sin duda alguna, H. P. Lovecraft será siempre recordado como el autor que representó mejor este movimiento literario.

Lovecraft o la historia de una frustración vital

H. P. Lovecraft tuvo una vida difícil y llena de frustraciones. Rafael Llopis, estudioso y traductor al idioma castellano de la obra de Lovecraft, lo calificó con el apelativo de “el caballero solitario de Providence”, por su profusa afición a los paseos nocturnos en la más estricta soledad. En efecto, la ciudad de Arkham, ciudad donde se enmarcan la mayoría de los relatos de los Mitos de Cthulhu, es en realidad una metáfora de Providence. Lovecraft describe Arkham como una ciudad mistérica, decadente y sombría pero también muy provinciana.

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Panorámica de la ciudad de Arkham según la mirada del artista Michele Boticelli. Retoque fotográfico por SAS.

«Providence fue una fuente de inspiración para enmarcar los relatos de los Mitos de Cthulhu. Lovecraft describe Arkham en sus relatos como una ciudad mistérica, decadente y sombría pero también muy provinciana.»

Debido a la falta de recursos económicos, H. P. se mudó tres veces adquiriendo siempre domicilios más modestos. Vivió con sus dos tías tras la defunción de sus padres y, al igual que su admirado E. Allan Poe, empezó a malvivir de la escritura, época en la que Lovecraft se casó con una escritora aficionada y empresaria judía llamada Sonia H. Greene, yéndose a vivir a Brooklyn donde fracasó en su corto matrimonio. Además, H. P. no pudo dedicarse profesionalmente a lo que fue su pasión: la astronomía, debido a que fallaba mucho en matemáticas. Todo ello provocó que Lovecraft se refugiara en la escritura de relatos de razas de dioses atávicos y de epístolas —se cuentan alrededor de unas 100.000 (¡sic!)— a amigos suyos de profesión como Robert E. Howard (autor de Conan, el Bárbaro) con el que entabló una gran amistad hasta que se suicidó, hecho que sumió aún más a Lovecraft en su angustia vital.

Cthulhu, el gran legado de Lovecraft

Pero, a pesar de llevar una vida llena de frustaciones, H. P. Lovecraft se convirtió —aunque no en vida— en uno de los escritores de terror norteamericanos más célebres e influyentes junto a Edgar A. Poe o Stephen King, en mayor medida con su inmortal creación: Cthulhu, un dios primigenio aparecido por primera vez en la historia corta La llamada de Cthulhu (1928) publicada en la revista pulp “Weird Tales”. A Cthulhu lo describe como una especie de enorme calamar alado con miles de tentáculos en sus fauces de dimensiones ciclópeas y que yace durmiendo en algún lugar de las profundidades del Pacífico en la submergida ciudad de R’lyeh, esperando a que las estrellas y los planetas estén de nuevo alineados correctamente para volver a reinar sobre la Tierra.

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Cthulhu visto por la mirada artística de Disse86. Retoque fotográfico por SAS.

«Cthulhu fue la gran creación de Lovecraft por el que será siempre recordado, un dios ciclópeo con miles de tentáculos en sus fauces submergido en algún lugar de las profundidades del Pacífico.»

Cthulhu es la mejor creación del caballero solitario de Providence, aunque la “galería de monstruos” que creó fuera más amplia como Dagón, Nyarlathotep o Azathot. Lovecraft escribió mucho sobre los Mitos de Cthulhu pero en ningún otro relato igualó a La llamada de Cthulhu, sin duda, la piedra angular de toda la mitología lovecraftiana.

El Círculo de Lovecraft y su amplio legado

De hecho, si no hubiera sido por el trabajo del denominado Círculo de Lovecraft, una serie de autores como August Derleth, Robert Bloch, entre otros, con los que el autor de Providence se carteaba a menudo, el nombre de H. P. Lovecraft hubiera caído fácilmente en el olvido. Estos autores compartían ideas, personajes e historias y fueron construyendo entre todos ellos la cosmología de los Mitos. La publicación de Tales of the Cthulhu Mythos (1969, Arkham House), gracias al esfuerzo personal y económico de August Derleth, contribuyó en gran medida a que no se olvidara el legado de Lovecraft. A partir de ahí, numerosos escritores, cineastas y autores de cómic como Guillermo del Toro o Alan Moore estuvieron influenciados en sus creaciones por el caballero solitario de Providence. Del Toro planea desde hace años una adaptación cinematográfica fidedigna de la obra capital dentro de la bibliografía de Lovecraft como lo es En las montañas de la locura  (1931) y, por su parte, el brillante autor de Watchmen, Alan Moore ha guionizado la serie de cómics titulado Providence (2015—2017, Avatar Press), una adaptación muy personal que ha hecho junto al dibujante Jacen Burrows sobre la vida privada de H. P. Lovecraft en la que se entremezclan numerosos pasajes de su obra literaria como los relatos cortos Aire fríoLa sombra sobre Innsmouth entre otras historias. Además, H. P. Lovecraft se ha adaptado al cine en infinidad de ocasiones, incluso en la pequeña pantalla (la mítica teleserie Expediente X es un claro ejemplo de la influencia que ha ejercido Lovecraft en la cultura norteamericana). Aunque, personalmente, aún estoy esperando una adaptación fidedigna de La llamada de Cthulhu tal y como me la imaginé por primera vez, cuando leí a Lovecraft siendo aún adolescente y jugaba al popular juego de Rol basado en su genial obra, hace ya unos cuantos años atrás…

«Si no hubiera sido por el trabajo del denominado Círculo de Lovecraft con los que el autor de Providence se carteaba, el nombre de H. P. Lovecraft hubiera caído fácilmente en el olvido.»

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Portada del primer tomo de Providence, escrito por Alan Moore y dibujado por Jacen Burrows, una increíble y exquisita adaptación sui géneris en viñetas de la vida privada de H. P. Lovecraft.

«Rogue One: rojo pasión por la “guerra de las galaxias”».

22/12/2016  Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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«Rogue One rescata lo que en mis recuerdos de adolescencia conservaba de la trilogía original de películas de “La guerra de las galaxias”».

Las dos “guerras” de las galaxias

Cuando aún era un jovenzuelo oía hablar de las películas de La guerra de las galaxias. A esa trilogía de películas (que, por aquel entonces, eran los episodios IVV y VI) se la conocía popularmente como la: “guerra de las galaxias”, así, en castellano. No fue hasta que se estrenaron los siguientes episodios (los “repudiados” III y III) que no se empezó a hablar a nivel social de la franquicia Star Wars (ahora ya, en inglés) como tal. ¿Y por qué digo esto? Por varias razones, la principal porque Rogue One: una historia de Star Wars, dirigida magistralmente por Gareth Edwards, rescata lo que en mis recuerdos de adolescencia conservaba de aquella antigua trilogía original de películas de La guerra de las galaxias. Y, en segundo lugar, por el hincapié en que Edwards hace del vocablo “guerra” en esta inolvidable película. Así pues, permítame el lector que me refiera a esta brillante cinta como “guerra de las galaxias” en lugar de “Star Wars”; espero que ahora tras lo expuesto, se note la dicotomía.

Tras la enorme decepción que tuve al ver el Episodio VII: El despertar de la Fuerza (la que dirigió torpemente J.J.Abrams el año pasado), ver Rogue One creo que ha sido una de las grandes experiencias de mi vida como espectador de cine… Cualquiera que lea esto podrá pensar que soy un exagerado, pero lo cierto es que Rogue One está al nivel de la “guerra de las galaxias” original.

«Parece ser que (hablando en argot galáctico), el joven “padawan” (Edwards) ha superado al viejo maestro (Lucas) y nos ha dejado quizá el episodio más vibrante de toda la saga desde El imperio contraataca (1980, Irwin Kershner)».

Las tropas imperiales terrestres defienden su base en el exótico planeta Scarif: esta es, sin duda, la secuencia más épica del filme de Edwards.

Me sabe mal decir esto porque creo que pocas personas entendieron que Lucas pretendió innovar dentro de su propio universo con las “malditas” precuelas pero, a tenor de lo visto en el VII, queda patente que tampoco fueron tan malas como muchos han dicho sobre ellas, aunque Rogue One las supera con creces. Parece ser que (hablando en argot galáctico) el joven “padawan” (Edwards) ha superado al viejo maestro (Lucas) y nos ha dejado quizá el episodio más vibrante de toda la saga desde El imperio contraataca (1980, Irwin Kershner). Las secuencias memorables aquí se cuentan por doquier: el asalto rebelde en las calles del poblado de Jedha, la escaramuza aérea en el lluvioso planeta Eadu antes del fusilamiento de los técnicos de la estrella de la muerte, la épica batalla espacial y terrestre de Scarif (¡oh, dios mío!: ¡del nivel de Endor vista en El retorno del Jedi dirigida por Richard Marquand en el año 1983!, ¡hace ya ni más ni menos que 33 años!) mientras que en El despertar de la Fuerza no recuerdo ni una sola escena de ese estilo tan épico… La historia viene firmada por el amplio conocedor de la saga galáctica John Knoll que, además de ser el máximo responsable de los efectos especiales del filme, ha escrito junto a Gary Whitta una historia impresionante guionizada por Chris Weitz y Tony Gilroy. Poco se pensaba Knoll cuando tímidamente presentó el borrador de Rogue One a la ejecutiva de Lucasfilm que se convertiría en la gran película que es ahora…

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John Knoll ha sido el genio de la historia y de los efectos especiales de Rogue One, ¡menuda responsabilidad! Realmente, lo ha bordado en ambos campos.

Los productores y el director de la película han pretendido darle una clara entonación bélica a esta nueva historia que se circunscribe entre los episodios III y IV, es decir, entre La venganza de los Sith (III), la trilogía de precuelas, y Una nueva esperanza (IV), la trilogía original, enlazándolas a la perfección.

Alma de metal: K-2SO

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Una de las grandes creaciones de este nuevo episodio derivado del universo de La guerra de las galaxias es, sin duda, K-2SO. Este es un robot imperial reprogramado por la Alianza Rebelde para infiltrarse en las tropas imperiales y, así, sustraerles información vital para sus  planes de sabotaje. El rol que desempeña el robot durante el filme es ese típico perfil cómico hollywoodiense a lo Danny DeVito o Joe Pesci, pero con alma de metal. Alan Tudyk (experto actor de doblaje mayormente para cine de animación y para videojuegos) se oculta tras los cables de este simpático y entrañable personaje que dejará huella en el universo “de las galaxias…” emulando al dorado y flemático C-3PO que interpretó el afable Anthony Daniels a lo largo de la saga y que, por cierto, también hace una breve aparición a modo de “cameo” en Rogue One.

Al fan, fan y al Gareth, Edwards

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Gareth Edwards, vestido de stormtrooper en el set de Rogue One, se reconoce a si mismo como un fan acérrimo de la saga.

Aunque, sin duda, el mayor acierto de la película es haber contratado a Gareth Edwards para hacerse cargo de la dirección del filme. Este tío se ha declarado como un fan acérrimo del universo creado por George Lucas, confesando que se ponía siempre las películas de la trilogía original de La guerra de las galaxias mientras desayunaba antes de ir al colegio. La propia productora de Lucasfilm, la veterana Kathleen Kennedy, ha declarado en relación a Gareth Edwards lo siguiente: «Lo bueno de Gareth, y lo bueno de los realizadores con los que estamos trabajando, es que todos son fans. Todos tienen una profunda conexión emocional con Star Wars. Eso es algo realmente importante cuando buscamos personas que vayan a dirigir estas películas. Estamos buscando cuidadores, personas que se preocupan y aceptan la responsabilidad de participar en la franquicia» algo que me parece cojonudo que hayan hecho, siempre respetando al padre original de la criatura, es decir, a George Lucas. Así que, ¿qué mejor solución que usar a alguien que siente verdadera pasión por esta increíble space opera? Edwards ha dicho que Lucas la ha visto y, ¡que le ha gustado! Cosa que no sucedió con el episodio dirigido por J.J. Abrams del que dijo que era demasiado «revival». Elegante eufemismo, di que sí, George…

«Gareth Edwards se ha declarado como un fan acérrimo del universo creado por George Lucas, ¿qué mejor solución que usar a alguien que siente verdadera pasión por esta increíble space opera

Ahora tan solo espero que el siguiente spin-off, que se centrará en seguir las aventuras del personaje de Han Solo, cuyo estreno se prevé para 2018, esté al nivel de esta maravillosa y sublime Rogue One.

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«Starship Troopers», análisis de la banda sonora compuesta por Basil Poledouris. Tercera y última parte.

23/10/2016 Texto por: Jordi Castellví

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«La música de Starship Troopers tiene un caduco regusto a los castizos films de guerra de la época de los 40-50. Es una virulenta parodia del militarismo exacerbado y el patriotismo más retrógrado de esos filmes que eran animados con bandas sonoras con macarrónicos y prepotentes himnos militares que hoy nos resultan sonrojantes y patéticos».

Quebrantador infatigable del “bienpensante” orden establecido, Verhoeven aplica un hemoglobínico y visceral tratamiento de choque a la sociedad americana, torpedeando los valores ultraconservadores más recalcitrantes al construir, no demasiado sutilmente, una virulenta parodia del militarismo exacerbado y el patriotismo más retrógrado que impera en esta globalizada sociedad, poniendo, como no, al imperialismo reaccionario USA en la diana. Y lo hace, con afilada causticidad y mala leche, recurriendo a los elementos de la propaganda belicista tan entrañable de las películas de los 40-50, que advertían de los sempiternos enemigos de la libertad occidental, pero exagerando el mensaje patriotero hasta el surrealismo. Es por ello que la música de Starship Troopers tiene un caduco regusto a los castizos films de guerra de esa época, vetustos estandartes de los ideales más altos a los que podía aspirar un “ciudadano”, según el ejército, claro, predicando con el ejemplo de esos cinematográficos héroes de una pieza, animados por macarrónicos y prepotentes himnos militares que hoy nos resultan tan sonrojantes y patéticos.

El vibrante tema heroico de “Klendathu Drop”, es un magnífico ejemplo de ello. Una marcha épica, heroica, valiente, varonil, con un ligero aire trascendente, como reflejando la hombría que hay que tener (y eso que también hay mujeres guerreras en el film) para afrontar ese destino plagado de arácnidos, grandes, feroces, malos, y que lanzan bolas de fuego por… ¿el trasero? La falta de tacto de Paul ya no extraña a casi nadie y menos a Basil, que además de todo el mensaje implícito en la música (no me atrevería a decir oculto, por lo evidente que es), también tubo que hacer frente a grandes escenas de acción (o más bien grandes escenas de masacre), atroces, crueles, encarnizadas, y llenas de sangre y tripas, pero siempre divertidas y nada serias. Por ello, el tono de la banda sonora siempre tiene una especie de halo positivo pese a la amenaza, como por ejemplo el soleado y radiante fragmento de “Tango Urilla (a partir de 1’44”) con esa anticuada musicalidad, a la vez entusiasta e inocente, expresando los, en teoría, positivos ideales de esa juventud aria de soldados profident (o la positiva evidencia de su estupidez). Poledouris consigue transmitir esta burla del chauvinismo en blanco y negro haciendo lo propio que Verhoeven, pero en el terreno musical, es decir, su composición es tan efectista y exagerada que deviene en grotesca y risible, pero lo hace sin llegar a caer en el ridículo ya que se mantiene heroica y marcial soterrando la crítica bajo la apariencia de una macho-movie, eso sí, de un modo “cachondo” y desenfadado en lugar de sobrio y serio; vaya que la música “se lo cree demasiado” y al final “se le ve el plumero”. Es impagable, en este sentido, el motivo, grave, ominoso, sombrío y “duro” con que entra en escena el teniente Rasczak; es una buena muestra del talento de Basil y abre una vía a la reflexión sobre los distintos modos de enfocar la escritura de música “bélica”. Por ejemplo Hans Zimmer tiende a hacer una música severa, solemne y afectada, con una cierta carga de ser “para adultos”, mientras que las primeras partituras “de guerra” de Williams son más alegres, vivarachas y fanfárricas, tirando a juveniles (claro que esto se debe al distinto planteamiento ideológico de cada época, ahí está la aflicción de Salvar al soldado Ryan, también de Williams). Starship Troopers se sitúa entre el estilo “de tipo duro” de Hans y la “orquesta infantiloide” de Williams, exprimiendo a fondo el tono “festivo” y positivo de este último en la caricaturesca entrada musical de la “cadena federal” (que respira un pernicioso totalitarismo, de un reaccionario belicista casi fanático), y que junto a la autosatisfacción y orgullo que desprende el tema final, resultan el paradigma idóneo de lo que supone el film, una ácida y mordaz representación de una utopía neofascista donde la exaltación del ardor patriótico es elevado a la enésima potencia.

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«Poledouris consigue transmitir esta burla del chauvinismo en blanco y negro haciendo lo propio que Verhoeven, pero en el terreno musical».

Y es que Basil siempre será uno de los nombres punteros en lo que se refiere a música contundente. El periodo de escritura de la banda sonora comprendió desde Marzo hasta Septiembre de 1997, un periodo seis veces más extenso del que muchos compositores disponen para escribir y grabar sus partituras, ello se debe a la larga post-producción de los efectos especiales, y permitió a Poledouris el poder gozar de una oportunidad excepcional para desarrollar sus temas, en el que seguramente es su proyecto más ambicioso junto a Paul.

En el apartado técnico las orquestaciones corren a cargo de Steven Scott Smalley, Steve Bramson y Greyg McRitchie. El compacto contiene 11 cortes con una duración total sobre la media hora. Varèse Sarabande no incluye toda la música, para desespero de los aficionados a la BSO, faltando temas tan emocionantes y espléndidos como el vuelo de prácticas de la cadete Carmen Ibáñez por el interior de la base-anillo que rodea la Luna, que culmina sobre el plano de la mastodóntica nave nodriza «Roger Young» al son de una enfática composición espectacular, a modo de orgullosa presentación de la sensacional e imponente nave. O la ominosa melodía para la secuencia en la que aparece, de entre los aracno-guerreros, el “Cerebro” y su asqueroso séquito de cucarachas-siervos. Así como numerosos momentos de partitura de acción (como el trágico ejercicio de entrenamiento), y de humor: citar el divertidísimo (y malicioso) anuncio en el que unos soldados reparten balas a los niños (uno de ellos sujetando una ametralladora más grande que él), acompañado de una irónica música infantil, a base de un xilófono o celesta, reproduciendo la marcha de Klendathu Drop. No obstante, hay informaciones sobre una edición extensa (2001, Acme Millennium) de 71’41” de duración.

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Portada de la ansiada recopilación de temas ineditos de la banda sonora de Starship Troopers editada no-oficialmente por Acme Millennium.

«El periodo de escritura de la banda sonora comprendió desde Marzo hasta Septiembre de 1997, un periodo seis veces más extenso del que muchos compositores disponen para escribir y grabar sus partituras, y permitió a Poledouris el poder gozar de una oportunidad excepcional para desarrollar sus temas».

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El maestro y compositor Basil Poledouris en 1997, en plena labor compositiva de la BSO de Starship Troopers. 

Al final del CD de Varèse, mencionar la inclusión de lo que podría parecer, a priori, la “cancioncilla de turno” que muchas veces ni siquiera forma parte de la propia película, pero no es el caso, ya que dicho tema se escucha un momento en la escena del baile de fin de curso (y sólo es 1 tema “pop” frente a 10 orquestales cuando, desgraciadamente, suele ser lo contrario), además le da al conjunto de la BSO un toque a lo Sensación de vivir, a película “tonta” de adolescentes, muy apropiado para la filosofía que destila el film y su música (este hecho, pretendido o no, puede hacer pensar en que quizás han querido hacer con ello una crítica sutil, pero eso ya es hilar muy fino). En cualquier caso se perdona la inclusión de esta canción porque está realmente bien y aparece en el film (y porque está interpretada por Zoë Poledouris, una de las dos hijas de Basil).

En cierta ocasión Paul Verhoeven dijo, hablando de su otro compositor preferido, Jerry Goldsmith, que con él había alcanzado el sueño de tener una relación profesional y artística al nivel de la que mantuvieron Eisenstein y Prokofiev, pero creo yo que lo mismo podría decirse de sus colaboraciones con el músico de orígenes europeos. Una vez visto (y oído) el resultado de Starship Troopers, es difícil imaginar un compositor mejor para este film. Sin embargo el director holandés no es el único que se rinde ante la creatividad y calidad sonora de Basil, John Milius le ha reclutado en más de una ocasión: Big Wednesday (1978), Red Dawn (1984), Flight of the Intruder (1989), siendo la más famosa la de: Conan, The Barbarian (1982); partitura que, por cierto, estuvo a punto de no escribir, ya que el productor Dino De Laurentiis quiso imponer a Ennio Morricone para ilustrar las aventuras del “cimerio” personaje creado por Robert E. Howard. La insistencia de Milius, afortunadamente, le convenció para que aceptara a Basil, que compuso una banda sonora legendaria, parcialmente inspirada en clásicos como Rimsky-Korsakov, Mussorgsky o Stravinsky.

Y haciendo ya un triangulo Poledouris-Verhoeven-Goldsmith en referencia a la “polémica” semejanza del main title de Total Recall con el de Conan, decir que su parecido se podría percibir como una especie de sutil referencia-homenaje de Goldsmith al personaje de Conan, para dar otro matiz que complementase la definición musical-subliminal del personaje de Quaid (Total Recall), dando a entender que en este film, Schwarzenegger también resulta bastante “bárbaro”.

Para todos los que desconozcan a este genio, Poledoris es, como opinión personal, una buena mezcla del mejor sinfonismo de Alan Silvestri (Juez Dredd podría ser un precedente temático de Starship Troopers), con los grandilocuentes momentos de acción de James Horner. Aunque con esta comparación no se ha de caer en el error de pensar que Basil sólo escribe grandes piezas de “frenesí descriptivo” vacío de sentimiento, ya que es un compositor que encuentra el elemento humano allí donde parece que no lo hay; tal como dice Jeff Bond: «Poledouris encuentra la humanidad dentro de la coraza de titanio de Robocop, y detrás de la gran espada de Conan. Basil siempre demuestra una gran maestría y riqueza de emociones en sus temas, que le mantienen lejos de muchos de sus contemporáneos». Buena muestra de esta sensibilidad la encontramos en la intimista, y sorprendentemente minimalista, It’s my party (1996), de su amigo Randall Kleiser (con quien ya había colaborado en El Lago Azul y Colmillo Blanco), concebida íntegramente para piano e interpretada por el propio Basil.

«Poledoris es, como opinión personal, una buena mezcla del mejor sinfonismo de Alan Silvestri con los grandilocuentes momentos de acción de James Horner».

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La música de Basil Poledouris es como una mezcla de las partituras de James Horner (a la izquierda) y de Alan Silvestri (a la derecha).

En los últimos años Poledouris ha tenido que hacer cosas del calibre de Mickey ojos azules (1999, Kelly Makin), For Love of the Game (1999, Sam Raimi), Cecil B. De Mented (2000, John Waters), Crocodile Dundee in Los Angeles (2001, Simon Wincer), The Touch (2002, Peter Pau) y un seguido de producciones que fluctúan entre lo más o menos conocido y lo sinceramente discreto, destacando de entre todas ellas la magnífica Los Miserables (1998, Bille August) —que, por cierto, Basil dedicó, en el libreto, al orquestador de Starship…, Greyg McRitchie, que murió después de haber grabado dicha BSO, el 24 de diciembre del 97—. De todas formas en la memoria del aficionado siempre quedarán obras maestras como La caza del Octubre Rojo (1990, John McTiernan), la ineludible Conan, o esta joya de la música más guerrera y arrolladora que es Starship Troopers.

Desgraciadamente, Basilis “Basil” Konstantine Poledouris, hijo de inmigrantes griegos, murió en 2006 a los 61 años (nació en 1945 en Kansas City, Missouri). Ojalá le hubieran soplado vientos más favorables y que más directores hubiesen confiado en su probado talento encargándole films de mayor interés, en los que el compositor hubiera podido desplegar su potente estilo sinfónico demostrando que sabía componer fanfarrias apabullantes como nadie. A partir de su muerte, su amigo Paul Verhoeven ha contado con la compositora Anne Dudley, ex-integrante del grupo de electrónica, Art of Noise, de estilo vagamente parecido al de Basil.

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Basil Poledouris, compositor de música de cine (RIP 1945-2006).

32 años después, surge la versión «femenina» (¿que no «feminista»?) de Cazafantasmas.

25/08/2016  Texto: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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A la izquierda: logo original de 1984 de los Cazafantasmas, a la derecha: logo diseñado por Kevin (Chris Hemsworth), el secretario “memo” de las nuevas Cazafantasmas. Los atributos exageradamente “grandes” de la fantasmina podrían considerarse como una clara muestra de “sexismo”, presente a lo largo del filme de Paul Feig.

¡Las chicas son guerreras! Esta expresión (popularizada en nuestro país por la mítica canción del grupo Coz, una de las más sonadas durante la época de “la movida madrileña”) parece estar totalmente en boga durante este 2016. Si bien a finales del año pasado asistimos a la revelación de una protagonista femenina para la nueva entrega de Star Wars Episodio VII: El despertar de la Fuerza (véase a Daisy Ridley en el personaje de Rey), ahora les toca el turno al elenco de mujeres seleccionadas por Paul Feig para resucitar el «fenómeno Cazafantasmas», que gozó de una gran popularidad durante los años ochenta. Pero este retorno no ha estado exento de polémica. Numerosos críticos cinematográficos y fans en general de la serie original, han tildado de “feminista” el retorno de dicho fenómeno. Paul Feig, el director de la función, no dudó en calificar a sus detractores de «misóginos» y de «gilipollas» en las páginas de la prestigiosa publicación The Hollywood Reporter.

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De izquierda a derecha: Harold Ramis (Dr. Egon Spengler), Ernie Hudson (Winston Zeddemore), Bill Murray (Dr. Peter Venkman) y Dan Aykroyd (Dr. Raymond Stantz) fotografiados en 1984, fueron los Cazafantasmas originales.

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De izquierda a derecha: Leslie Jones (Patty Tolan), Melissa McCarthy (Dra. Abby Yates), Kristen Wiig (Dra. Erin Gilbert) y Kate McKinnon (Dra. Jillian Holtzmann), fotografiadas en 2016 son las Cazafantasmas actuales.

«Numerosos críticos cinematográficos y fans en general de la serie original, han tildado de “feminista” el retorno del “fenómeno Cazafantasmas”, a lo que Paul Feig, el director de la función, no dudó en calificar a sus detractores de “misóginos” y de “gilipollas”».

¿«Feminismo» o «sexismo»? 

La verdad es que razón no le falta a Feig, aunque son varios los momentos del filme que rozan la frontera entre «feminismo» y lo que podría considerarse como «sexismo». La muestra más flagrante de este tono «sexista» son los momentos protagonizados por Kevin (interpretado por Chris “Thor” Hemsworth), un chico memo que se presenta para cubrir el puesto de oficinista de, en este caso, “las” Cazafantasmas. Hemsworth emula el papel de Louis Tully, el simpático contable que interpretó en la versión del 84 el magnífico actor Rick Moranis, prácticamente retirado de la escena de Hollywood. Decir que el pobre hace de “idiota” es poco… (¿es realmente necesario repetir el chiste de las gafas sin cristales todo el rato?). Kevin es lo peor de la película que se muestra al público como un “cachitas” usado por las chicas frecuentemente para sus bromitas y comentarios sexistas. ¡Claro que sí!, abusando del cliché de que los “guapos” siempre tienen que ser “tontos”… Además, a Kevin no le hace falta ni pasar por un proceso de selección: es contratado directamente por su formidable aspecto físico y sólo porque a todas las Cazafantasmas les hace “tilín”… Eso, sin duda, no beneficia al conjunto del filme que, por lo general, no es que esté tan mal.

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«Chris “Thor” Hemsworth interpreta al memo oficinista Kevin, usado frecuentemente como cliché “sexista”. Sin duda, de lo peor del filme».

Otros momentos susceptibles al «sexismo» podrían ser cuando Holtzmann chupa lascivamente su cañón de protones tras “cargarse” a un fantasma. También cuando el bobo de Kevin les muestra a las Cazafantasmas su “peculiar” logo de una fantasma con unos pechos exageradamente crecidos o cuando los decanos echan a Erin y a Abby respectivamente de sus universidades. ¿Por qué tienen que ser “hombres” los que ostentan lugares de poder en lugar de mujeres? Si realmente Paul Feig quería dar una visión positiva del feminismo quizá, con todo lo dicho, le puede haber salido todo lo contrario.

Cameos “a porrillo”

No obstante, la versión de Feig conserva la frescura y la espontaneidad en los diálogos de sus dos predecesoras escritas por los creadores originales de la serie: Dan Aykroyd y el fallecido Harold Ramis. Por cierto, hablando de sus creadores, a Aykroyd le ha encantado esta nueva versión à la femme de su clásico de los ochenta y la recomienda encarecidamente a todas sus amistades. A excepción del mencionado Moranis que declinó la oferta de reaparecer, todos los actores originales (incluso el fallecido Ramis) han hecho acto de presencia de una manera u otra en esta nueva versión. Aykroyd, el histriónico Dr. Ray Stantz en la original, aparece esta vez de malhumorado taxista. Ramis (el Dr. Egon Spengler) no aparece desde el más allá, sino en forma de busto en la universidad donde trabaja la Dra. Erin Gilbert. Bill Murray (que ha boicoteado siempre el proyecto de una tercera parte con los Cazafantasmas originales) aparece en esta versión de antipático Dr. Martin Heiss, reprobando el trabajo de las Cazafantasmas, y este acaba muerto por un demonio atrapado en la trampa-fantasmal al abrirla. Annie Potts, la flemática secretaria original, aparece en la recepción de un hotel. Sigourney Weaver, la frágil violonchelista Dana Barrett, reaparece como mentora de la Dra. Holtzmann al final del filme. Pero quizá el mejor cameo ha sido el de Ernie Hudson (el Cazafantasma negro de la original, Winston Zeddemore), que sale como el tío de Patty reclamándole su coche funerario convertido en el entrañable Ecto-1. A propósito del “Cazafantasma negro”, la comunidad afroamericana ha acusado también al filme de Feig de «racista» al mostrar de nuevo a las tres blancas Cazafantasmas como científicas y a la Cazafantasma negra como una simple trabajadora del metro… En fin, hablando en plata, que el bueno de Paul Feig se las ha tenido que “comer dobladas” con esta nueva versión de Cazafantasmas, aunque la película haya cubierto con los gastos y con las expectivas iniciales.  ¿Habrá en 2021 una secuela del reboot con Ghost Corps?

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«A uno de los creadores originales de la serie, Dan Aykroyd, le ha encantado esta nueva versión à la femme del clásico de los ochenta».

«Starship Troopers», análisis de la banda sonora compuesta por Basil Poledouris. Segunda parte.

07/06/2016 Texto por: Jordi Castellví

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«Si algo inunda cada uno de los planos de esta superproducción, es el sentido del humor irreverente que Basil Poledouris ha sabido captar perfectamente en una de las partituras más “viriles” y graciosas de los últimos años».

Sinopsis

En un futuro lejano la sociedad vive inmersa en una aparente utopía de comodidad y bienestar. Pero el precio que hay que pagar para tener reconocimiento social y poder ser miembro de la comunidad en todas sus funciones, o sea, tener derecho a voto, es convertirse en un “ciudadano”. Para ello hay que alistarse al servicio federal combatiendo contra unos asquerosos“bichos” en los planetas exteriores. Johnny Rico se enrolará en tan “noble misión” aunque sólo sea para impresionar a su novia… Tras pasar por la brutal instrucción militar del sargento Zim, Johnny se enfrenta a cruentas batallas contra los arácnidos, que se saldan con millares de muertos y mutilados. En la última de ellas rescata a su “ex”, en una cueva, de morir a manos (o patas, mejor), del líder de los insectos, un “bicho listo” llamado “el cerebro”, el cual huye tras una última refriega.

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«Fue Paul Verhoeven quien pronto se dio cuenta que They Will Win! llegaría a ser el tema principal de la película ya que representaba la lucha, la camaradería, el heroísmo, proporcionando a todo ello un sentido de “destino”».

«They Will Win!»

El malherido Watkins ha volado el corredor de la cueva suicidándose “heroicamente” por sus amigos y por la “patria”. Los supervivientes, Johnny Rico, Carmen Ibáñez y Ace Levy observan la pared de rocas que tapona la entrada. Un primer plano de Carmen refleja la desazón por los que han perecido al otro lado de las ruinas, por ello el tema empieza melancólicamente, triste, con unas cuerdas lamentándose de sus muertes… Pero rápidamente las notas van subiendo alegremente de escala, introduciendo unos ligeramente severos vientos, optimistas y orgullosos, acompañados de unas rítmicas cuerdas que, sonando como un militar tamborileo, crean la ansiosa expectativa de un inminente acontecimiento que ya se está revelando… Los tres camaradas salen de la cueva viendo como toda la infantería corre exaltada y vitoreando. “¿Qué ocurre?”, pregunta Johnny, “¡Lo han cogido!”. Unos cortos tambores preceden la irrupción triunfal de unos altivos metales subrayando la buena nueva: se ha capturado al “cerebro”. El gran evento se celebra con una victoriosa fanfarria acompañada de percusión, mientras varios soldados sacan a rastras al bicho tirando de una cuerda y, acto seguido, se apartan para que los de “inteligencia” procedan, esto se remarca con los metales bajando de registro y dando paso a un misterioso bramido de sintetizador. Carl Jenkins, convertido ahora en telépata del ejército, posa su mano encima de la criatura. Su oficial superior le pregunta “¿Qué está pensando?”; unas mágicas texturas confieren un cierto toque hipnótico a la secuencia, olvidando, por un segundo, el tono belicista. Jenkins se concentra mientras suena una onírica agitación de varillas metálicas tintineando como una lluvia de agujas, junto a la larga nota de un violín que mantiene el decisivo momento en suspense… Hasta que unas cautivadoras y clarividentes cuerdas parecen ver la respuesta (“Tiene miedo…”, dice para sí), intensificándose hacia la triunfal fanfarria otra vez, con el estallido de metales cuando grita: “¡Tiene miedo!”.

«Poledouris acompaña el discurso de Jenkins con nobles cuerdas; luego entran bravuconas trompetas celebrando la valerosa gesta, y rápidamente enlazamos con una macarrónica fanfarria, viril y sutilmente patética. El último plano del film, se revuelca en el delirio patriotero que imprime Poledouris con una apoteósica llamada a las armas musical».

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El actor Neil Patrick Harris (a la derecha) dio vida al telépata del ejército Carl Jenkins, el cual descubre tocando al “cerebro” de los “bichos” que dicha criatura tiene miedo; en ese épico descubrimiento resuena el tema They Will Win!.

La música vuelve a recuperar el porte marcial, no obstante, la marcha militar en seguida se transforma en una melodía menos agresiva reflejando que el temor ya pasó, que la guerra está casi ganada, expresando esto en un tono de bonanza con un leve aire invencible. Johnny y Carmen se reúnen con Jenkins; los tres antiguos compañeros de instituto se intercambian unas palabras en el ambiente distendido que remarca la partitura. En ese instante Carl hace un comentario sobre la importancia de suceso que están viviendo y el hecho de que el mundo lo olvidará, nadie recordará que lo que cambió las cosas no fue “la poderosa flota, ni ningún arma nueva. Fue un instructor llamado Zim que capturó un cerebro”, sentencia. Poledouris acompaña el discurso con una honorable trompa, percusión de tambores/platillos y nobles cuerdas, otorgándole cierta solemnidad musical, que se alarga hasta la felicitación de Rico a Zim por su hazaña, momento en que Basil hace un breve paréntesis, reduciendo la melodía a una sola nota de viento y cuerda, para aludir al respeto entre guerreros “Bien hecho, sargento”, dice Johnny, “Gracias señor, pero soy soldado señor”, tres toques de una orgullosa trompa sellan sus palabras,“Continúe, soldado”, “¡Sí, señor!”, entran las bravuconas trompetas celebrando la valerosa gesta, que se potencian aún más en el siguiente plano, pues la imagen de la jubilosa y satisfecha multitud es arropada con más contundentes metales que se suman a los anteriores, multiplicando el enérgico efecto y derivando en una nueva detonación sinfónica, fruto de la soberbia que reporta la victoria. Y rápidamente enlazamos con una macarrónica fanfarria, viril y sutilmente patética a la vez, mientras contemplamos los desternillantes noticiarios del canal federal con lemas como: “Conoce a tu enemigo” al tiempo que un científico penetra la “boca-vagina” del “cerebro” con un desagradable artilugio, tapándolo, a la vez, un cartel de “censored”.

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El cartel “Censored” se usó de manera paródica repetidamente en el filme de Verhoeven.

Unos platillos y un frenético contrabajo (en registro grave, recordando la amenaza alienígena) enfatizan las nuevas y fascistoides campañas de alistamiento encrespándose nerviosamente, “tenemos naves”, la música se “escapa” ganando en rapidez y dinamismo, “tenemos armas”, un soldado revienta una montaña con un “trabuco” y las cuerdas se envalentonan agresivamente acelerando el desenlace, “Necesitamos soldados como tú”, un gran YOU! se superpone a una formación de miles de soldados (referente iconográfico al universo visual de Leni Riefenstahl), y mientras un grupo de cretinos arranca a correr gritando armas en mano, la fanfarria llega a su cota más alta con agudísimos vientos y unos vibrantes platillos que encarrilan el tema hacia la conclusión. El último plano del film, con las naves de transporte (emulando a los helicópteros Huey del Vietnam) desenganchándose de la nave nodriza y descendiendo a un nuevo planeta que pisotear, se revuelca en el delirio patriotero que imprime Poledouris con una apoteósica llamada a las armas musical. El tema se dirige hacia una resolución pletórica de arrogancia, desembocando en una avasalladora marcha heroico-belicista, a toda máquina. Con los últimos carteles rimbombantemente alentadores (y visualmente naifs) de: “¡Ellos seguirán luchando!”, “¡Y vencerán!”, Basil ribetea el asunto con un estallido de petulantes metales y el resonar de unos platillos sintéticos, amplificando, cada vez más, el brío de la orquesta, en un estridente final.

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El director neerlandés Paul Verhoeven junto al actor Casper Van Dien (Johnny Rico) durante el rodaje de Starship Troopers en 1997.

Con estas palabras recuerda Poledouris su trabajo junto al gran “chiste” de Verhoeven:  «Fue Paul (Verhoeven) quien pronto se dio cuenta de lo que llegaría a ser el tema principal de la película mientras yo experimentaba con distintos temas; y creo que encontramos algo que representaba la lucha, la camaradería, el heroísmo, proporcionando a todo ello un sentido de “destino”. Los requerimientos de Paul fueron sobre todo a nivel temático y emocional, para así humanizar lo que está sucediendo en medio de toda esa violencia y tecnología. Cada entrada, en esta película, es como un tema principal, porque Paul propuso que todo estuviera diferenciado. Cada escena te traslada a otro lugar, no es como un film normal donde tú desarrollas tus motivos y básicamente te dedicas a hacer variaciones de esos motivos en diferentes tempos.»

Y hemos dicho antes “chiste” porque si algo inunda cada uno de los planos de esta superproducción, es el sentido del humor irreverente a la par que transgresor (que no todo el mundo es capaz de percibir) cultivado por Verhoeven desde sus inicios en Holanda. Y Basil ha sabido captar perfectamente la indirecta traduciéndola en una de las partituras más “viriles” y graciosas de los últimos años. (Continuará…)

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El compositor y maestro, Basil Poledouris.

7 razones por las que considero «Donnie Darko» como la mejor película que he visto jamás.

01/05/2016 Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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«Donnie Darko fue la mejor película de una nueva oleada de filmes considerados generacionales, ambientada en los añorados años 80».

Supongo que a estas alturas del blog mis lectores, si es que tengo alguno, se habrán percatado que no hago concesiones a la hora de redactar mis artículos: digo precisamente lo que pienso. No estoy redactando una enciclopedia donde cada dato tiene que ser sumamente objetivo. Para eso ya existe Wikipedia. Así que iba a titular esta entrada como 10 razones por las que considero Donnie Darko como la mejor película de todos los tiempos, pero eso quizás reconozco que hubiese sido excesivo…

Efectivamente, esta fue la peli que siempre quise filmar en mi época de estudiante de cine y que Richard Kelly hizo por mi en 2001. A principios del nuevo mileno, surgieron algunas de las películas que más me han inspirado y que, en cierta manera, son hermanas de una nueva oleada de filmes considerados generacionales. Memento (2000, Christopher Nolan), Donnie Darko (2001, Richard Kelly) o El efecto mariposa (2004, Eric Bress y J. Mackye Gruber) han sido algunas películas de esa nueva corriente de cine “experimental”. La película que nos ocupa, Donnie Darko, fue mi favorita y estuvo ambientada en los añorados años 80.

A continuación, expongo 7 razones por las que considero que el título que he escrito tiene su razón de ser:

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«Richard Kelly, el director del filme, dijo que Jake Gyllenhaal nació para ser Donnie Darko».

1) Jake Gyllenhaal como Donnie Darko. Sin lugar a dudas, la elección del actor que encarna al memorable Donnie, Jake Gyllenhaal, es el mayor acierto de la cinta. Quizá, un actor coetáneo a Gyllenhaal como Elijah ‘Frodo’ Wood o Chris ‘Capitán América’ Evans, no hubiesen dado la talla para interpretar al rol principal. De hecho, Richard Kelly llegó a declarar en el documental del cómo se hizo la película que Gyllenhaal nació para ser Donnie. Y, a decir verdad, es una afirmación compartida.

2) Frank The Bunny. El “malo” de la función, producto de la mente enajenada de Donnie, es un conejo gigante portando una calavérica máscara plateada. La fuerza visual y el impacto que produce Frank en la pantalla hacen que sus apariciones sean sobrecogedoras. Sus pocas líneas de diálogo resultan perturbadoras y poseen un carácter mesiánico. Junto a Darth Vader y al Joker (versión Heath Ledger), no creo haber visto mejor representación del mal en la pantalla.

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«Las pocas líneas de Frank The Bunny resultan perturbadoras y su fuerza e impacto visual, lo convierten en una de las mejores representaciones del mal en la pantalla».

3) El guion de Richard Kelly. Kelly, que también dirigió la película, escribió un guion sobresaliente, digno de estudio. Lo ambientó en la dorada época de los 80 y se inspiró en el material fantástico de cintas como Regreso al futuro (1985, Robert Zemeckis) o Posesión infernal (1981, Sam Raimi). La noche de Halloween, recurrente en varios filmes de los ochenta, aquí tiene una crucial relevancia, momento en el que se desarrolla el clímax de la película.

4) Una mezcla perfecta de géneros cinematográficos. En Donnie Darko, podemos encontrar al menos hasta 5 géneros cinematográficos que Richard Kelly combina en una proporción perfecta: la ciencia-ficción (en el “supuesto” viaje temporal de Donnie), el terror (en las fantasmagóricas apariciones del conejo Frank), el drama (que envuelve la muerte de Donnie), el género romántico (en la historia de amor, para nada empalagosa, entre Gretchen y Donnie) y todo ello revestido en la mejor película de adolescentes que diría se ha filmado jamás.

5) Una banda sonora de lujo. La selección musical de las canciones que suenan durante la película es de lo más acertada en relación con la temática oscura del filme y con la época en la que se ambienta la narración. Canciones de Joy Division, Echo and The Bunnymen, Tears For Fears, The Church o del legendario grupo de Danny Elfman Oingo Boingo hacen aparición en el film de Kelly. La banda sonora se completa con el material original que Michael Andrews compuso e interpretó para la película: una hipnótica suite cuyo “leitmotiv”, a modo de vals, parece haber sido compuesto desde el más allá.

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«Drew Barrymore interpretó a la controvertida profesora de literatura inglesa de Donnie y fue, mayormente, la responsable de que pudiera rodarse el filme».

6) Un reparto de secundarios formidable. Además de Jake Gyllenhaal y Jena Malone en los papeles principales, la cinta contó con las formidables interpretaciones de los actores de reparto comenzado por Holmes Osborne, el cual hizo una gran interpretación como el padre de Donnie y que, en la edición especial del DVD, se recupera una magistral escena entre él y su hijo, escena que Richard Kelly tuvo que cortar forzado por los productores del filme. Hablando de los productores, Drew Barrymore, además de interpretar a la controvertida profesora de literatura inglesa de Donnie, fue una de las mayores responsables de que se pudiera rodar Donnie Darko, la cual se involucró además en la co-producción de la película. Patrick Swayze, el fallecido actor de Dirty Dancing, por su parte, hizo de telepredicador aleccionando a los jóvenes a actuar de una manera antinatural, y que Donnie destapa que en realidad se trata de un pedófilo. Estos son solo algunos de los actores, aunque todos bordan a la perfección su rol en la película. 

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«El tema de la excesiva educación conservadurista norteamericana cobra una especial importancia durante la película».

7) Multiplicidad de mensajes subliminales del filme. La belleza del filme de Kelly radica en su brillante dirección y en la gran cantidad de lecturas que tiene su debut como director. Es realmente imposible enumerar todos los mensajes que contiene Donnie Darko pero, por citar unos cuantos, podemos encontrar la metafórica visión de Donnie como un Jesucristo particular que se sacrifica para salvar a Gretchen y a su propia familia, el tema de la excesiva educación conservadurista norteamericana (cuya novela Los destructores de Graham Greene cobra una especial importancia durante la película) o bien la doble moral yankee presente en muchos momentos del metraje, sobre todo en los protagonizados por el seminarista New age Jim Cunningham. Estos son solo algunos de los mensajes que convierten a Donnie Darko en un filme de culto que no gozó de un excesivo éxito en el momento de su estreno pero que el tiempo ha sabido colocar en un lugar privilegiado. Lástima que su secuela S. Darko (2009, Chris Fisher) no tenga absolutamente nada que ver con la original…

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19/04/2016 Dibujos por: Jordi Castellví

Con motivo de la película Batman v Superman: El amanecer de la justicia, actualmente en la cartelera, mi amigo Jordi Castellví, nos obsequia con esta magnífica galería de Dibuphone’s dedicada al extraordinario mundo de los superhéroes y de los supervillanos. ¿Adivináis cuáles? ¡Gracias de nuevo por tu arte digital, amigo George Castlewine! 🙂

«Starship Troopers», análisis de la banda sonora compuesta por Basil Poledouris. Primera parte.

06/04/2016 Texto por: Jordi Castellví

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«Verhoeven ha sabido apreciar las cualidades de este interesante compositor, explotándolas a lo largo de tres de sus habituales orgías de sangre a borbotones y violencia desenfrenada a las que nos tiene acostumbrados».

El tándem formado por el compositor americano (aunque de raíces griegas), Basil Poledouris, y el polémico, criticado, controvertido, provocativo, y políticamente incorrecto director Paul Verhoeven, quizás no ha sido tan fructífero como el de John Williams y Steven Spielberg o el de Danny Elfman y Tim Burton, pero con sólo tres colaboraciones ha sido igual de interesante y se ha de reconocer que ha aportado al mundo de la música de cine trabajos tan brillantes como los de los otros. Es una pena, y una injusticia añado, que el espléndido talento sinfónico de Poledouris no sea tan célebre como lo son los de los citados Williams o Elfman, exceptuando, claro, su brutal y salvaje tema principal de la archiconocida Conan El Bárbaro, de una épica y contundencia difíciles de olvidar hasta para un público no especialmente enterado en las bandas sonoras originales (BSO’s), lo cual no quiere decir que ese mismo público sepa quién es su autor, y es que es precisamente el más acérrimo aficionado al género el que rescata a Poledouris de padecer, en el plano del reconocimiento, el típico ostracismo popular tipo: “me suena esta música pero no el músico“, pasando esto, casi siempre, con la película de Schwarzenegger.

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«Basil no era para nada un outsider en el género de la fantasía heroica, pues tres años antes a Los señores del acero había compuesto Conan el Bárbaro, por lo que se debió sentir bastante cómodo con esta producción de temática sword & sorcery».

Sin embargo, Verhoeven sí ha sabido apreciar las cualidades de este interesante compositor, explotándolas a lo largo de tres de sus habituales orgías de sangre a borbotones y violencia desenfrenada a las que nos tiene acostumbrados (desde luego de esto hay de sobras en Starship Troopers). El primer film que los une es Los señores del acero (Flesh & Blood, 1985), un largometraje de corte medieval con un tono particularmente anárquico y grotesco. Protagonizado por Rutger Hauer y una joven Jennifer Jason Leigh, fue estrenado en pleno apogeo de la fantasía heroica, género en el que Basil no era para nada un outsider, pues tres años antes había compuesto Conan, por lo que se debió sentir bastante cómodo con esta producción de temática sword & sorcery pese al distinto planteamiento fílmico y musical (de hecho, lo más probable es que los productores le escogieran a raíz de su eficacia en aquélla).

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«El motivo musical de 9 notas de Robocop, en la versión heroica a base de trompas, no dista mucho a la socarronería implícita en la marcha militar “Klendathu Drop” de Starship Troopers».

A esta película le siguió el debut americano de Verhoeven: Robocop (1987), que es el film cyberpunk que le dio a conocer en Estados Unidos a pesar de que Los señores del acero ya estaba financiada con capital americano. Sarcástica, cínica y despiadada, Robocop era una metafórica sátira sobre la sociedad del momento (perfectamente extensible a nuestros días), que arremetía irónicamente contra los deshumanizados holdings, la frivolidad y manipulación de los mass media, y la degradación del sueño americano (capitalista) en general, todo ello revestido en un envoltorio de hiperbólica violencia y con Peter Weller en el papel del cyborg policía. Esta crítica visión de Verhoeven debió de servirle a Poledouris para preparar lo que se le avecinaría en un futuro con Starship Troopers, otro agresivo retrato futurista mezclando ultra-tecnología y desfasados momentos sangrientos, pero potenciando tales elementos hasta cotas paroxísticas. Además, el motivo musical de 9 notas de Robocop, en la versión heroica a base de trompas, no dista mucho, en su carga ideológica, en su esencia narrativo-emocional (no en su forma, claro) a la socarronería implícita en la marcha militar “Klendathu Drop de Starship Troopers, aunque en menor escala, eso sí.

Esta sería, pues, la última colaboración entre el llamado por la crítica, “holandés errante” y el compositor de Kansas. A partir de entonces el cine del autor de Delicias Turcas o El cuarto hombre, estaría dominado, a principios de los 90, por la genialidad de Jerry Goldsmith, con la percusionista Desafío Total (Total Recall, 1990), y la sensual Instinto Básico (Basic Instinct, 1992), (exceptuando Showgirls,  1996, de David A. Stewart). No sería hasta 10 años más tarde, en 1997, cuando se volverían a juntar sus caminos en la BSO de Starship Troopers. (Continuará…)

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El compositor y maestro, Basil Poledouris.

«Star Wars VII: el despertar descafeinado».

15/03/2016  Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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«J.J. Abrams ha decidido hacer una peli para contentar a todos los públicos sin poner demasiado interés en el plano narrativo… Star Wars: El despertar de la fuerza no aporta nada nuevo a la saga, nada que no se haya visto en episodios precedentes.»

Se veía venir… La adquisición de Lucasfilm por parte de los estudios Disney en 2012 auguraba que la nueva trilogía de nuestra querida Guerra de las galaxias estuviera destinada excesivamente a un público infantil. Y así ha sido en parte. Pero lo peor de la nueva peli que sigue la historia principal de Star Wars no ha sido eso… Lo peor ha sido que El despertar de la fuerza no aporta nada nuevo a la saga, nada que no se haya visto en episodios precedentes. Y es que el “bueno” del J.J. (Abrams) ha decidido hacer una peli para contentar a todos los públicos sin poner demasiado interés en el plano narrativo. Volvemos a tener un droide con información esencial para resolver el final (BB-8 reeemplaza a R2-D2 en este aspecto). Volvemos a tener un “pseudo-imperio” (la Primera Orden) liderado por un villano emmascarado (Kylo Ren suple a Darth Vader con “muchísisisisimo” menos carisma). Volvemos a tener una heroína solitaria en un planeta desértico (Rey actúa en el planeta Jakku al estilo de Luke en Tatooine). Volvemos a tener una especie de Estrella de la Muerte (la base Starkiller) destruyendo planetas a tutiplén por la galaxia… El líder Snoke es una copia del emperador Palpatine… La sabia abuelita alien Maz es como el anciano maestro Yoda… Y así tantas otras cosas…

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«A George Lucas no le ha gustado el último giro de tuerca de su propia historia y ha comparado a los estudios Disney con “tratantes de blancas”.»

Y es que ni al mismo George Lucas, padre de la saga original, le ha gustado el último giro de tuerca de su propia historia escrita por el ya versado en materia galáctica Lawrence Kasdan, Michael Arndt y el propio J.J. Abrams como guionistas del descafeinado Episodio VII. Lucas decidió apearse del “tren galáctico” por las duras críticas que recibió tras haber dirigido los Episodios I, II y III. Por ello, decidió que las nuevas películas de Star Wars debían realizarlas nuevos realizadores con nuevas visiones sobre la historia. Pero parece que George Lucas juega un poco a tirar la piedra y esconder la mano, ya que al cineasta le ha desagradado profundamente el look ‘retro’ del filme y ha desdeñado duramente contra la producción de los estudios Disney comparándolos con “tratantes de blancas”. Lucas admite que su vinculación por Star Wars aún sigue y seguirá siendo muy fuerte, por eso creo que tampoco le van a entusiasmar demasiado los futuros Episodios VIII y IX, ya en producción.

En una cosa Lucas tiene razón: la historia del Episodio VII es una “mierda”. Aunque no lo expresara con tales palabras, se intuye en sus declaraciones: «Les presenté un tratamiento para estos nuevos episodios a los de Disney que ignoraron diciéndome que querían hacer sus propias películas de Star Wars para los fans. Yo les dije que ok. Visto el resultado, no me gusta… Yo sabía la historia de la próxima trilogía y Disney simplemente no la tuvo en consideración…», cuenta Lucas en la entrevista de una hora con el reputado periodista Charlie Rose. En otro momento del tête à tête, Lucas explica cómo la tecnología digital ha matado a las historias en el cine, cosa que, en parte, él ya hizo con la segunda saga (la que comprendía los Episodios I, II y III): el Episodio II, el de los clones, es el más digitalizado y “photoshopeado” de toda la saga entera y fue perpetrado por Lucas. Por eso, no se entiende cómo Abrams, que dijo que en este habrían más maquetas como las de antaño, también haya tirado por el “uso y abuso del digital”. Otros fallos graves que tiene la nueva película de Star Wars es el poco o nulo clímax en las escenas de batalla, incoherencias en la historia (¿por qué no abraza Leia a Chewbacca, después de todas las aventuras que han vivido juntos, y en cambio abraza a Rey que no ha visto en su put* vida…?),  gadgets que contradicen toda lógica (¿por qué demonios Kylo Ren luce durante toda la peli esa máscara si, como dice Han Solo, no la necesita…?), una partitura sin ningún tema nuevo “al uso”: desconcierta enormemente cómo John Williams, cercano ya a los noventa años, no haya compuesto ningún tema emblemático para la nueva saga (como hizo, lógicamente, en la trilogía original con “The Imperial March” o en la segunda trilogía con “Duel of The Fates”…).

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«Ni las apariciones de los ya conocidos Han Solo, Chewbacca, Leia Organa, C-3PO y R2-D2 salvan con sus chistes la enlatada función.»

A mi juicio, El despertar de la fuerza es uno de los episodios más flojos de toda la saga de películas de Star Wars que ni salvan las apariciones de los ya conocidos Han Solo, Chewbacca o Leia Organa. Abrams tenía mil maneras diferentes de continuar con la historia: una anarquía interplanetaria, por ejemplo, o bien una ascensión ilegal al poder de la organización criminal Sol Negro (formada por el clan de los Hutts y demás criminales) planteada en algunos cómics, pero J.J. y su cohorte de guionistas optan por resurgir a una especie de “imperio” con su consecuente “resistencia”… Kylo, la versión descafeinada de Vader, es como un “cosplayer” portando su máscara durante casi toda la película y que solo se quita para asesinar a su padre… ¿Por qué? ¿Acaso tiene complejo de Edipo…? ¿Tenía que suceder de nuevo en una pasarela como la mítica escena de El imperio contraataca, la de «Yo soy tu padre»?. Venga, por favor, que algunos ya lo hemos visto antes… Es que ni tan siquiera C-3PO, que ya nos explicarán por qué ahora va de rojo, ni R2-D2 salvan con sus chistes la enlatada función. Por lo menos Lucas, a quien crucificaron por los tres primeros episodios, demostró entonces tener más inventiva al expandir un universo que él conoce a la perfección. Disney ahora, simplemente, no se lo ha dejado hacer.