Robert Smith, eterno adolescente.

27/11/2016 Texto por: SAS

«A las 21:05 horas, la banda liderada por Robert Smith, salió a la cita con su público barcelonés para regalarnos los oídos con un setlist dominado por canciones de su exitoso álbum The Head On The Door (1985).»

Ayer (26/11/2016) en Barcelona, pasó algo mágico: The Cure, la mítica banda de Robert James Smith actuó durante casi 3 horas, conciertos de duración estándar que suelen ofrecer a su público. Teloneados por unos ninguneados aunque brillantes The Twilight Sad (no habían aún ni 500 personas en el Palau Sant Jordi), la banda liderada por Smith salía tras 5 minutos de cortesía, a las 21:05 horas, a la cita con su público barcelonés para regalarnos los oídos con un setlist dominado por canciones de su exitoso álbum The Head On The Door (1985). Temas como Inbetween Days, Push, The Blood, Close To Me y la inesperada Sinking, generaron una pequeña histeria entre la grada de un respetable con una media de edad que rondaba los 40-50 años.

«Smith ha sido el Peter Pan de la música indie que ha inspirado a bandas estandartes del rock independiente como Placebo o Interpol.»

Y es que los aficionados de toda la vida de The Cure ahora cumplen los 50 y tantos años. El mérito de Smith es que ha sabido enamorar a tres generaciones de fans diferentes, y la razón principal de tal logro ha sido porque el vocalista ha encarnado el papel del eterno adolescente del rock. Smith ha sido el Peter Pan de la música indie que ha inspirado a bandas estandartes del rock independiente como Placebo o Interpol.

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The Cure 2016. De izquierda a derecha: Reeve Gabrels, Jason Cooper, Roger O’Donnell, Robert Smith y Simon Gallup.

De las múltiples formaciones por las que ha pasado la banda de Robert Smith a lo largo de su dilatada trayectoria esta es, sin duda, una de las más estables, marcada por el ex-guitarrista de Bowie, Reeve Gabrels que, desde la rara partida de Porl Thompson, ha ocupado su sitio y le ha imprimido a The Cure un sonido “roquero americano” insólito hasta entonces. Sin un nuevo disco publicado, rumoreado desde 2008 y titulado provisionalmente 4:14 Scream, The Cure están a punto de finalizar su gira mundial que comenzó en Nueva Orleans en mayo de este año y finalizará en el Wembley Arena de Londres el próximo 3 de diciembre.

«Sin nuevo disco publicado, The Cure está a punto de finalizar una gira mundial que comenzó el pasado mes de mayo sin una clara presencia de sus temas más oscuros.»

Únicamente, Smith y los suyos nos han regalado dos temas nuevos: It Can Never Be The Same y Step Into The Light junto a sus habituales éxitos Lullaby, Friday I’m In Love y Just Like Heaven sin una clara presencia de álbumes oscuros que los popularizaron a principios de los 80 como Seventeen Seconds (1980), Faith (1981), Pornography (1982) o su desvalorizado Bloodflowers (2002). A pesar de ello, ver el show que Smith y los suyos ofrecieron ayer en Barcelona solo puede ser obra de unos profesionales que llevan casi 40 años en el mundo del show business.

Joy Division, 40 años de una banda convertida en leyenda.

14/07/2016 Texto por: SAS

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Joy Division fotografiados por el artista Anton Corbijn.

«Con solo dos discos publicados: Unknow Pleasures  (1979) y Closer (1980), Joy Division se convirtieron en una leyenda para el rock alternativo».

Este próximo 20 de julio se cumplirán 40 años de la formación de una de las bandas más míticas y legendarias que ha dado la historia del rock: Joy Division.  Pero, ¿cómo pudieron convertirse estos cuatro chavales de Mánchester en una leyenda para el rock alternativo con solo dos discos publicados? En esta breve entrada, me dispongo a dilucidar someramente algunos de los datos que hicieron que esa leyenda continúe aún viva 40 años después…

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Un baterista tocando en la azotea

¿Cómo es posible que con solo dos discos publicados: Unknow Pleasures  (1979) y Closer (1980), Joy Division se convirtieran en una leyenda para el rock alternativo? Yo, al igual que muchos, creo que fue por la enigmática figura de Ian Curtis. Curtis era un gran admirador de Bowie y empezó a escribir textos inspirándose en sus canciones. Aunque el sonido que pasó a la historia de los Joy Division no fue solo mérito de los textos de Curtis, Martin “Zero” Hannett, productor discográfico de sus dos únicos álbumes, contribuyó decisivamente en el sonido único de la banda. Hannett, de carrera químico pero que nunca ejerció como tal, se dejó seducir por los textos crípticos de Curtis y, quizá por deformación profesional, exploró con samples, reverbs y con todo tipo de efectos para hallar un sonido inusual nunca oído hasta entonces. Suya fue también la conocida anécdota entre los seguidores del grupo en la que Hannett decidió montar la batería en la azotea del estudio cuando estaban grabando su famosa canción She’s Lost Control debido a una interferencia con un micrófono del estudio. Entonces, el excéntrico productor hizo que Stephen Morris, el baterista de Joy Division, grabara sus partes en la azotea del estudio. Cuando Morris le preguntó a Hannett: “¿Cuándo sabré que he de parar de tocar?”, el productor le respondió que alguien iría a avisarle. Grabó la pista de la batería y todo el mundo olvidó que Morris aún seguía tocando en la azotea.

«El productor  Martin Hannett contribuyó decisivamente en el sonido único de la banda».

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El extraño productor musical, Martin Hannett.

Perdiendo el control

Pero volviendo a la inquietante figura de Ian Curtis, el cantante fue uno de los mayores enfant terribles que ha dado la historia del rock (tan solo comparable con Jim Morrison o Kurt Cobain) y, mayormente, el responsable de fraguar la leyenda de los Joy Division. Curtis, figura atormentada y extrañamente magnética, escribió las letras del grupo desde el lado más oscuro de su alma. Ninguna de ellas fue una “canción al uso” de fácil escucha o apta para llenar discotecas y/o reventar las pistas de baile (la más popular fue Love Will Tear Us Apart, publicada de manera póstuma). A pesar de ello, el grupo cosechó en vida un gran número de admiradores, entre los que se encontraban artistas de la talla de Robert Smith (cantante de The Cure) o Tony Wilson (famoso presentador de musicales que potenció la fama del grupo firmando para el sello Factory Records). La carrera de los Joy Division empezaba a despegar en serio cuando Rob Gretton, mánager del grupo, les anunció que se iban de gira por América. Algo debió cruzarse en la mente de Curtis al oír aquello. En el filme dirigido por Anton Corbijn (del que hablaré en el siguiente párrafo), se muestra a Sam Riley, el actor que interpretó a Curtis en la gran pantalla, ausente, mirando a la nada mientras los demás miembros del grupo celebran la gran noticia de América. Aquel chico, poeta de vocación, que sufría graves crisis epilépticas durante sus conciertos, con el corazón dividido entre su mujer y su amante (Annik Honoré), comienza a tener serias dudas de su propia existencia. La gente acudía morbosamente a sus conciertos más para verlo tambalearse que para escuchar sus canciones; su matrimonio con Deborah se estaba haciendo añicos y a Curtis cada vez le resultaba más difícil subirse al escenario, hasta el punto de ponerse ante el público brevemente durante 2 canciones en uno de sus últimos conciertos. El 18 de mayo de 1980, Curtis decide acabar con su vida tras sufrir de nuevo un ataque de epilepsia y con The Idiot de Iggy Pop como telón de fondo.

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«Ian Curtis fue uno de los mayores enfant terribles del rock y, mayormente, el responsable de fraguar la leyenda de Joy Division: una figura atormentada y extrañamente magnética, que escribió las letras del grupo desde el lado más oscuro de su alma».

Anton Corbijn “tocando desde la distancia” a Ian Curtis 

En 2007, el realizador neerlandés Anton Corbijn estrenó Control, el biopic de Ian Curtis y de los Joy Division, basada a su vez en el libro de Deborah Curtis Touching From the Distance. El filme de Corbijn está rodado de manera impecable en blanco y negro, y cuenta con unas interpretaciones excelentes. Corbijn no usa efectismos baratos para explicar la trágica historia de Ian, la historia es trágica por si sola. La película muestra desde los años de estudiante de Ian, pasando por su trabajo como funcionario en la oficina de empleo de Macclesfield (al que acudía con su chaqueta en la que se estampó la palabra “Hate” —”Odio”—), su encuentro con Peter Hook, Bernard Sumner y Terry Mason en el concierto de los Sex Pistols, sus primeros bolos como Warsaw (la formación embrionaria de los Joy Division) y, a partir de ahí, toda la historia resumida de la banda hasta el momento del suicidio de Curtis. Resulta interesante ver los pocos momentos felices en la vida de Ian: uno de ellos fue el día de su boda con Debbie, el otro cuando deciden tener un hijo. La tórrida historia que tuvo con Annik, la periodista belga que entrevistó al grupo para un fanzine, desgajó su matrimonio e hizo que, al no ser capaz de dejarla, su mujer le pidiera el divorcio. Ahí fue cuando seguramente Ian decidió suicidarse. Al finalizar el film, Debbie halla el cadáver de su marido colgado en su casa mientras Corbijn inserta magistralmente el tema Atmosphere (aparecida por primera vez en el álbum recopilatorio Substance), ese final es tan extrañamente bello y aterrador al mismo tiempo como lo fue hace ya 40 años la música de los Joy Division. RIP Ian Curtis (1956—1980).

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«Anton Corbijn, filmó en 2007 la biografía de Joy Division de manera impecable, sin efectismos baratos».

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7 canciones que, en aparencia, pueden sonar bien…

27/05/2016 Texto por: SAS

Parecen buenas… “¡Ostia sí…! ¡Qué chula que suena…!”  Pero, ¡atención!: en realidad es todo falsa apariencia.  Estas 7 canciones que ilustran el presente artículo son, para mi, la quintaesencia de la mierda de sendos grupos que paso a enumerar a continuación… Esto, como todo en la vida, es cuestionable, rebatible y opinable. Pero, por el momento, ahí va mi selección de las 7 canciones que, en apariencia “molan”, aunque en una segunda, tercera o cuarta escucha, se revelan como cagadas monumentales:

1) A-ha “Hunting High and Low”

Parieron grandes canciones de los 80 como “Take On Me”, “The Sun Always Shines On TV” o “I’ve Been Losing You” pero también hicieron grandes cagadas como esta “Hunting High and Low” que, además pertenece a su álbum debut Hunting High and Low (Warner Bros. Records, 1985)… Es una canción que pretende ser épica con toda esa retahíla de violines y progresiones orquestales y se queda, como poco, en la charlotada más grande del primer álbum de los A-ha

2) The Doors “Touch Me”

La mierda más grande que ha salido de las cuerdas vocales de uno de los cantantes más legendarios de todos los tiempos, Jim Morrison, es esta “Touch Me”. Algo parecida a las típicas canciones melódicas que decoran el Festival de Eurovisión, los cambios de “Touch Me” resultan patéticos: ora melódicos ora bluseros, la canción nunca se sabe por dónde va. Incluso la “tonadilla” comercial del final “Stronger than dirt” (“Más fuerte que la suciedad”) fue el eslogan publicitario para la empresa de productos de limpieza Ajax… Simplemente, patética.

3) Depeche Mode “Home”

El compositor y “co-voz” oficial de Depeche Mode, Martin Gore, es autor de grandes canciones como “Personal Jesus”, “Enjoy The Silence” o “Walking In My Shoes” pero, asimismo, de bodrios como esta “Home”. Pero lo más peculiar del tema es que el mismo Gore estuvo orgulloso de ella, seleccionándola como uno de los singles del álbum al que pertenecía, Ultra (Mute, 1997).  La canción en sí, de estilo melódico con unos empalagosos violines de fondo, desencaja en el resto del álbum como un abeto navideño en el desierto… La balada inició un estilo ampliamente explotado por Gore en otras venideras como “Breathe” aparecida en Exciter (Mute, 2001), “Damaged People” que sonaba en Playing The Angel (Mute, 2005), “Jezebel” escuchada en Sounds Of The Universe (Mute, 2009) o “The Child Inside” perteneciente a Delta Machine (Mute, 2013) cuya calidad también pongo en entredicho.

4) The Police “De Do Do Do, De Da Da Da”

La gran bazofia de los míticos Police es esta De Do Do Do, De Da Da Da del álbum Zenyattà Mondatta (A&M Records, 1980). El estribillo de la canción, que contiene el irritante titulillo, tiene un ligero parecido rítmico y estilístico al Ob-La-Di, Ob-La-Da de The Beatles (The Beatles, Apple Records, 1968)  pero luego poco tiene que ver la una a la otra en cuanto a su calidad se refiere. La letra habla de la falta de elocuencia, aunque eso no justifica que la propia canción sea tonta y anodina. Una de las peores composiciones del maestro Sting, sin duda, en toda su discografía con su banda y en solitario.

5) Sisters Of Mercy “This Corrosion”

This Corrosion formó parte de Floodland (Merciful Release, 1987), un álbum capital en la discografía de la banda liderada por Andrew Eldritch, Sisters Of Mercy. Realmente tiene un estribillo pegadizo pero, los casi 10 minutos de canción, la hacen aborrecer fácilmente. No obstante, todo el trabajo discográfico tiene una gran calidad con canciones como Dominion/Mother Russia o Never Land (A Fragment). Floodland fue de vital importancia dentro del movimiento dark wave.

6) The Smiths “Shoplifters Of The World Unite”

No apareció en ningún álbum oficial de estudio de la mítica banda de Manchester, The Smiths, ¿quizá porque sabían que no valía tanto como en un principio la gente creyó? Dejando hipótesis al margen, la canción es simpática y tiene una letra mordaz, siguiendo con la tónica habitual de las canciones de Morrissey, pero quizá fuera una de las más flojas de los mancunianos teniendo entre su repertorio las memorables Bigmouth Strikes Again o  There Is A Light That Never Goes Out.

7) The Cure “Close To Me” (versión de 1990)

Su homóloga de 1985 ya era bastante mala, pero en 1990, con la publicación de su álbum de versiones Mixed Up (Fiction, 1990), The Cure la acabaron de cagar con esta versión con aroma a ska de “Close To Me”. El vídeo continua con su anterior versión filmada por Tim Pope: ahora Robert Smith y compañía llegan a las profundidades marinas donde hacen una “jam session” con unos tíos disfrazados de animales marinos (entre ellos hasta su propio mánager de entonces, vestido de pulpo).  En comparación, Bob Esponja, Patricio y el señor Calamardo tienen más credibilidad que ellos cantando la canción de su propia serie.

«Hopelessness & Demons», pequeñas reflexiones de sus autores.

Depeche Mode. De mesías del tecno-pop a farsantes del synth…

22/02/2016  Texto por: SAS

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Depeche Mode en 1990, cuando editaron su obra magna Violator (Mute Records). De izquierda a derecha, Dave Gahan, Alan Wilder, Martin Gore, Andy Fletcher

Parece mentira que los tres muchachos de Basildon Dave Gahan, Martin Gore y Andy Fletcher (al que más adelante se sumaría el gran Alan Wilder) crearan obras magnas del tecno-pop del calibre de un Black Celebration (Mute, 1986) o de un Violator (Mute, 1990) para acabar perpetrando discos tan “olvidables” como Exciter (Mute, 2001) o Delta Machine (Columbia , 2013). Sin duda, algo grave les ha tenido que pasar…

El “trío maravillas” comenzaron a componer canciones cuando aún se sorvían los mocos junto a Vince Clarke allá por el año 1981. Clarke por aquél entonces, era el motor y el cerebro creativo de Composition of Sound, la banda pre-Depeche Mode liderada por el mismo Vince Clarke. Speak & Spell (Mute, 1981), el álbum debut de los Depeche, fue un éxito rotundo en su Inglaterra natal con temas tan bailables como “Just Can’t Get Enough” pero de tono tan gay como “Boys Say Go!”, algo que los otros tres no compartieron en absoluto. La partida de Clarke no se hizo esperar demasiado: Vince abandonaba DM cuando alcanzaban el éxito y Martin Gore tomó las riendas artísticas de la banda reorientando el sonido del grupo hacia melodías más oscuras en su siguiente LP A Broken Frame (Mute, 1982), disco muy mal recibido en su época pero que ha ido ganado importancia a lo largo de los años (y del que ha llegado a hacerse un remake por parte del dúo griego Marsheaux). En este segundo disco la banda empezó a tratar temas más “serios” que en su anterior álbum de pop azucarado: temas tales como el comunismo, las relaciones amorosas perdidas, los vicios y los fetiches que, al fin y al cabo, Gore trataría en muchos otros momentos en álbumes venideros como en el exitoso Violator o en el demoledor Songs of Faith and Devotion (Mute, 1993).

Pero, sin duda alguna, el cambio más profundo que sufrió la banda para convertirse en un mito fue la incorporación oficial de Alan Wilder al seno de Depeche… Wilder, que ya había formado parte de la banda en los directos de la gira de A Broken Frame, entró como miembro activo en su tercer LP Construction Time Again (Mute, 1983), disco que marcó el cambio definitivo hacia un pop oscuro con temas como “Pipeline”, una pieza de corte minimalista y mezclada en clave industrial, y que fue una agria crítica a la explotación laboral. Con este tema, además, Gore se estrenaba como voz solista en una canción de DM tras la era de Clarke, en donde ya cantó “Any Seconds Now”. Las mejoras de Wilder se notaron al momento: una producción mucho más cuidada, además de dos aportaciones al listado de canciones de la mano del propio Wilder: “Two Minute Warning” y “The Landscape Is Changing”, en las que se tocaron respectivamente temas como el desastre nuclear y los problemas ecologistas. La banda empezaba a madurar tanto musical como compositivamente.

Some Great Reward (Mute, 1984) fue el álbum que los catapultó al éxito mundial. En él, Gore fue mucho más radical en el apartado lírico y tocó temas tan polémicos como las relaciones sadomasoquistas en “Master and Servant” o los reproches airados contra Dios en “Blasphemous Rumours”. Con temas así, el LP se ganó rápidamente las etiquetas de disco no recomendado por la audiencia más conservadora y puritana.

«Si hay algún disco que marcó un hito en la carrera de Depeche Mode, ese es en toda regla Black Celebration

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Pero, si hay algún disco que marcó un hito en la carrera de DM,  ese es en toda regla Black Celebration (Mute, 1986). El disco nos sumerge en un ambiente cuasi apocalíptico, de melodías oscuras y sonidos industriales lleno de canciones densas y depresivas como la misma “Black Celebration” o “Fly on the Windscreen”,  tema eminentemente “wilderiano” del cual se hizo una remezcla especialmente para el disco.

No es de extrañar que me convirtiera en un fan absoluto de la banda tras escuchar este álbum ya hace unos cuantos lustros, porque el impacto que Black Celebration ejerció en mi persona, hoy en día aún resulta inmutable. Luego vinieron otros como Music for the Masses (Mute, 1988) o Violator con canciones tan soberbias como “Never Let Me Down Again”, “Strangelove”, “World In My Eyes” o la hipnótica “Policy Of Truth” (de la que, sinceramente, he perdido la cuenta de las veces que la he reproducido). Hasta 1993, Depeche Mode no publicarían la que se consideró por la inmensa mayoría de seguidores y críticos musicales como su obra maestra: Songs of Faith and Devotion, álbum con el que DM llegaron a un punto crítico en sus relaciones personales y Wilder abandonaría la banda tras los excesos de Martin y Dave con las drogas y alguna que otra actitud ególatra.

La partida de Wilder se notó de manera descomunal en las siguientes composiciones de Gore en Ultra (Mute, 1997), y empujó a la banda inglesa al borde del abismo. No obstante, la producción de Tim Simeon y la inventiva y el saber hacer de Anton Corbijn en los clips que filmó del disco, junto con algunas de las composiciones más arriesgadas de Gore en toda su discografía, basadas en la experiencia cercana a la muerte de Dave Gahan como “Barrel of a Gun”, hicieron de Ultra un epílogo perfecto para una banda que debió haber acabado con su legado ahí mismo.

No obstante, DM continuó produciendo álbumes. Exciter (Mute, 2001) fue un flojo resurgir para una banda que se había convertido en uno de los iconos fundamentales de la música pop de los ochenta y noventa. “Dream On” suena elegantemente aburrida mientras que el álbum conserva poco de lo que fueron en temas como “I Feel Loved” o “The Dead of the Night”. Su siguiente LP, Playing the Angel (Mute, 2005) fue uno de los álbumes más atractivos de su época post-Wilder (amén del imprescindible Ultra). Aparece entonces el aborrecible dúo Eigner-Phillpott que, exceptuando “Suffer Well” del mencionado álbum del ángel, han escrito algunas de las canciones más vergonzosas de la banda como “Hole to Feed” de su siguiente trabajo Sounds of the Universe (Mute, 2009). Del presente trabajo, “Wrong”, el primer single que se extrajo de él, resultó ser la canción con más alma depechera a la antigua usanza. Mención aparte merecen “In Chains” (que el propio Wilder remezcló) e “In Symphaty” que, dentro de lo que cabe son de lo mejorcito del álbum.

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«Gore parece estar atrapado en un halo de autocomplaciencia en donde se cree que todos los fans vamos a perdonarle sus fallos.»

Y llegamos ya al último trabajo de los ingleses, Delta Machine (Columbia, 2013). Han pasado ya tres años y no sé verle aún la gracia, exceptuando la canción “Alone”, una de las mejores de los últimos “depeches” que recuerda ligeramente a “Here is the House” del añorado Black Celebration. Gore parece estar atrapado en un halo de autocomplaciencia en donde se cree que todos los fans vamos a perdonarle sus fallos solo por haber firmado algunas de las canciones pop más famosas de todos los tiempos como “Enjoy the Silence” o “Personal Jesus”, ambas salidas más de las manos técnicas de Wilder y Flood que del propio Gore.

Sinceramente, me da mucha pena ver cómo se pierde una de mis bandas favoritas en sí misma: en los gestos cada vez más histriónicos y ridículos de Gahan en el escenario, en la insipidez que se ha apoderado de las canciones de Gore, en el progresivo poco interés que genera la publicación de un disco de una de las bandas de rock más importantes de todos los tiempos…