Dibuphone’s#3

19/04/2016 Dibujos por: Jordi Castellví

Con motivo de la película Batman v Superman: El amanecer de la justicia, actualmente en la cartelera, mi amigo Jordi Castellví, nos obsequia con esta magnífica galería de Dibuphone’s dedicada al extraordinario mundo de los superhéroes y de los supervillanos. ¿Adivináis cuáles? ¡Gracias de nuevo por tu arte digital, amigo George Castlewine! 🙂

«La Edad de Oro del Software Español». Primera parte: Dinamic Software, el líder indiscutible.

11/04/2016 Texto por: SAS

Corría el año 1989, año que, por varias razones, se convirtió en uno de los más importantes de mi vida. Yo tan solo tenía 10 años y en las Navidades de ese mismo 89, los “Reyes Magos” me trajeron mi primera computadora: una flamante Amstrad CPC 6128 y, para estrenarla, me obsequiaron también con unos cuantos videojuegos. Yo, que apenas sabía teclear, tenía delante mío una máquina que cambiaría mi vida por completo pero la gracia fue que no sabía cómo hacerla funcionar… Recuerdo que mi madre incluso tuvo que llamar varias veces a la compañía para saber cómo demonios se hacía para cargar los programas. Una vez supimos cómo escribir el dichoso carácter “|”, tecleé “| cpm” y un mundo nuevo se abrió ante mis ojos…

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«Dinamic Software fue la empresa líder del sector de los videojuegos programados en España y la que encabezó la llamada “Edad de Oro del Software Español”».

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Cosmic Sheriff fue el primer videojuego al que jugué en mi CPC, la empresa que lo comercializó era Dinamic Software, un nombre propio de videojuegos producidos en España, cosa que me enteré años después. Yo lo único que sabía por entonces era que Cosmic Sheriff, Camelot Warriors, Army Moves, Abu Simbel, Phantomas 2, Nonamed y Satan me tenían totalmente enganchado a la pantalla de mi CPC. La culpa no fue del cha-cha-cha, fue de Dinamic Software…

Con los años me he preguntado varias veces por qué esos juegos marcaron tanto mi pubertad. La respuesta la he encontrado hace poco: Dinamic fue la empresa líder del sector de los videojuegos programados en España y la que encabezó la llamada “Edad de Oro del Software Español”. Los hermanos PabloVíctor y Nacho Ruiz fueron los responsables de aquella histórica empresa que produjeron sus primeros videojuegos en su propio domicilio familiar autodenominado: “Mansión Dinamic” (al más puro estilo americano self-made man). Sus producciones cada vez se fueron sofisticando más, al igual que sus campañas de marketing. Recuerdo páginas enteras con las portadas de sus programas en las revistas de videojuegos que solía comprarme por aquel entonces como “Micromanía” o “MicroHobby”. Alfonso Azpiri, el artista que había tras ellas, fue en mayor medida, el verdadero gancho comercial que poseía Dinamic.

«Las portadas del artista Alfonso Azpiri fueron, en mayor medida, el gancho comercial de Dinamic».

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Arriba: Portada del Camelot Warriors realizada por Alfonso Azpiri. Abajo: Víctor Ruiz, uno de los responsables del éxito de Dinamic.

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Y es que las carátulas de Azpiri fueron verdaderas obras de arte. Entre las que creador de Lorna dibujó para Dinamic, contamos las de Game Over, Abu Simbel, Nonamed, Phantomas 2 o Camelot Warriors como algunas en las que su pincel estuvo realmente inspirado. El atractivo comercial que poseían sus portadas era intachable y una fantástica primera impresión del videojuego que se escondía dentro de la caja. Una vez cargábamos el juego (que, mínimo eran 3 minutos), sonaban esas entrañables melodías en 8 bits (que en la de Camelot Warriors concretamente, los chicos de Dinamic se encargaron de samplear una conocida canción de Simon & Garfunkel) y entrábamos de lleno en un mundo pixelado de no demasiados colores, generalmente 16, ¡pero menudos 16 colores!

Pero lo que, sin duda, caracterizaba a Dinamic era la calidad en su diseño de producción. Sus videojuegos rezumaban originalidad y diversión a partes iguales.  Dicho en palabras más llanas: que te metías de lleno en la historia desde la primera pantalla. Si bien la tecnología aún era algo rudimentaria, los chicos de Dinamic sabían cómo reemplazar eso con unos gráficos, en aquel entonces, excelentes y una ambientación soberbia. Recuerdo especialmente la ambientación de Satan, un juego programado por José Miguel Saiz, Manuel Rosas, José A. Carrera Merino, Luis Mariano García  (en la versión Commodore 64), Daniel Rodríguez (en versión Atari ST) y Marcos Jourón (en la versión Amiga). La portada era soberbia en esta ocasión estuvo dibujada por Luis Royo, famoso ilustrador de dibujos erótico-fantásticos. La historia, basada en la temática de espada y brujería, giró en torno a un guerrero que tiene que recuperar unos pergaminos mágicos para poder derrocar al mismísimo Satanás. Más adelante, el valiente guerrero se transforma en un poderoso mago en la segunda carga del juego y debe rescatar a los Magos del Universo del Palacio de las Nubes. Ahí se acaba todo. La verdad es que la historia no es nada del otro jueves, pero la ambientación de ese programa era sublime. El guerrero tenía unos movimientos excelentes, hacía unas piruetas de escándalo y los enemigos eran bastante temibles y difíciles de poder matar. En definitiva, Dinamic tenía la capacidad de que te adentraras en una historia simple con unos cuantos recursos infalibles.

«Satan tenía una ambientación sublime: una portada soberbia dibujada por Luis Royo, unos movimientos del guerrero excelentes y unos enemigos temibles y difíciles de matar».

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Captura de pantalla de Satan, una maravilla gráfica en tan solo 16 colores.

Desgraciadamente, en 1991 comenzó el declive de Dinamic y el de la mayoría de desarrolladoras de software español con el auge de los juegos en 16 bits, tecnología a la que no se supieron adaptar. Dinamic Software se fusionó con Hobby Press, editorial que publicaba por aquel entonces las revistas de videojuegos “Micromanía” y “Microhobby” y fundaron Dinamic Multimedia de vida hasta 2001 por diferencias de los hermanos Ruiz con José Ignacio Gómez-Centurión. Más adelante, los hermanos Ruiz fundarían FX Interactive con el éxito de su saga Imperivm pero, sinceramente, aquello ya no fue lo mismo que en la Edad de Oro… (Continuará).

«Starship Troopers», análisis de la banda sonora compuesta por Basil Poledouris. Primera parte.

06/04/2016 Texto por: Jordi Castellví

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«Verhoeven ha sabido apreciar las cualidades de este interesante compositor, explotándolas a lo largo de tres de sus habituales orgías de sangre a borbotones y violencia desenfrenada a las que nos tiene acostumbrados».

El tándem formado por el compositor americano (aunque de raíces griegas), Basil Poledouris, y el polémico, criticado, controvertido, provocativo, y políticamente incorrecto director Paul Verhoeven, quizás no ha sido tan fructífero como el de John Williams y Steven Spielberg o el de Danny Elfman y Tim Burton, pero con sólo tres colaboraciones ha sido igual de interesante y se ha de reconocer que ha aportado al mundo de la música de cine trabajos tan brillantes como los de los otros. Es una pena, y una injusticia añado, que el espléndido talento sinfónico de Poledouris no sea tan célebre como lo son los de los citados Williams o Elfman, exceptuando, claro, su brutal y salvaje tema principal de la archiconocida Conan El Bárbaro, de una épica y contundencia difíciles de olvidar hasta para un público no especialmente enterado en las bandas sonoras originales (BSO’s), lo cual no quiere decir que ese mismo público sepa quién es su autor, y es que es precisamente el más acérrimo aficionado al género el que rescata a Poledouris de padecer, en el plano del reconocimiento, el típico ostracismo popular tipo: “me suena esta música pero no el músico“, pasando esto, casi siempre, con la película de Schwarzenegger.

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«Basil no era para nada un outsider en el género de la fantasía heroica, pues tres años antes a Los señores del acero había compuesto Conan el Bárbaro, por lo que se debió sentir bastante cómodo con esta producción de temática sword & sorcery».

Sin embargo, Verhoeven sí ha sabido apreciar las cualidades de este interesante compositor, explotándolas a lo largo de tres de sus habituales orgías de sangre a borbotones y violencia desenfrenada a las que nos tiene acostumbrados (desde luego de esto hay de sobras en Starship Troopers). El primer film que los une es Los señores del acero (Flesh & Blood, 1985), un largometraje de corte medieval con un tono particularmente anárquico y grotesco. Protagonizado por Rutger Hauer y una joven Jennifer Jason Leigh, fue estrenado en pleno apogeo de la fantasía heroica, género en el que Basil no era para nada un outsider, pues tres años antes había compuesto Conan, por lo que se debió sentir bastante cómodo con esta producción de temática sword & sorcery pese al distinto planteamiento fílmico y musical (de hecho, lo más probable es que los productores le escogieran a raíz de su eficacia en aquélla).

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«El motivo musical de 9 notas de Robocop, en la versión heroica a base de trompas, no dista mucho a la socarronería implícita en la marcha militar “Klendathu Drop” de Starship Troopers».

A esta película le siguió el debut americano de Verhoeven: Robocop (1987), que es el film cyberpunk que le dio a conocer en Estados Unidos a pesar de que Los señores del acero ya estaba financiada con capital americano. Sarcástica, cínica y despiadada, Robocop era una metafórica sátira sobre la sociedad del momento (perfectamente extensible a nuestros días), que arremetía irónicamente contra los deshumanizados holdings, la frivolidad y manipulación de los mass media, y la degradación del sueño americano (capitalista) en general, todo ello revestido en un envoltorio de hiperbólica violencia y con Peter Weller en el papel del cyborg policía. Esta crítica visión de Verhoeven debió de servirle a Poledouris para preparar lo que se le avecinaría en un futuro con Starship Troopers, otro agresivo retrato futurista mezclando ultra-tecnología y desfasados momentos sangrientos, pero potenciando tales elementos hasta cotas paroxísticas. Además, el motivo musical de 9 notas de Robocop, en la versión heroica a base de trompas, no dista mucho, en su carga ideológica, en su esencia narrativo-emocional (no en su forma, claro) a la socarronería implícita en la marcha militar “Klendathu Drop de Starship Troopers, aunque en menor escala, eso sí.

Esta sería, pues, la última colaboración entre el llamado por la crítica, “holandés errante” y el compositor de Kansas. A partir de entonces el cine del autor de Delicias Turcas o El cuarto hombre, estaría dominado, a principios de los 90, por la genialidad de Jerry Goldsmith, con la percusionista Desafío Total (Total Recall, 1990), y la sensual Instinto Básico (Basic Instinct, 1992), (exceptuando Showgirls,  1996, de David A. Stewart). No sería hasta 10 años más tarde, en 1997, cuando se volverían a juntar sus caminos en la BSO de Starship Troopers. (Continuará…)

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El compositor y maestro, Basil Poledouris.