Caricatura de Sergi y Fanny (y ¡Cthulhu!)

Ahí va una caricatura muy molona que nos hizo nuestro amigo Tomás Gallego a mi mujer y a mi para nuestro álbum de despedida de solteros. ¡Qué pillín… No le tendría que haber confesado mis gustos personales! Hehehe…

Rolling Tumaket: Dibujos y Bocetos

Dibujo: Tomás Gallego
Color: Tomás Gallego & Sonia López

Caricatura de mis dos amigos Sergi y Fanny para incluir en un álbum de dibujos que los amigos de Bellas Artes preparamos para su despedida de solteros 🙂

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Saga cinematográfica de «Thor»: de Shakespeare a Auronplay…

07/11/2017 Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL/LOS ARGUMENTO/S DE LA/S PELÍCULA/S QUE SE HABLA/N A CONTINUACIÓN.

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Los tres pósters de la trilogía cinematográfica de Thor. De izquierda a derecha: Thor (2011, Kenneth Branagh), Thor: El mundo oscuro (2013, Alan Taylor) y Thor: Ragnarok (2017, Taika Waititi).

«La saga cinematográfica del dios del trueno ha ido degenerando de tal manera que las profundidades psicológicas del héroe se han esfumado con el paso de los años.»

Es una de las sagas más rentables (por detrás de Iron Man, cuya tercera parte recaudó la friolera de 1,2 billones de dolares, con “b” de “burro”) de lo que se conoce ya en el mundo del celuloide como “Universo cinematográfico de Marvel”, universo iniciado hace tan solo nueve años con el superhéroe del citado título: Iron Man (2008, Jon Favreau). Desde que la saga cinematográfica del dios del trueno se iniciara en 2011, Thor ha pasado por las manos de tres directores diferentes: Kenneth Branagh, Alan Taylor y Taika Waititi y, asimismo, ha ido degenerando de tal manera que, a pesar de mantenernos el divertimento entre el público varón y provocar alaridos entre las féminas de la sala, las profundidades psicológicas del héroe se han esfumado con el paso de los años.

Thor, versión Kenneth Branagh, o representando Shakespeare en Asgard

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Chris Hemsworth como Thor, el nórdico canónico por excelencia con tintes shakesperianos.

La primera de todas, sin duda, fue la mejor. Thor se orquestó bajo la batuta de un experto en representar Shakespeare tanto en los escenarios teatrales como en la gran pantalla: Kenneth Branagh, un director que poseía la solvencia de haber dirigido varias adaptaciones del célebre dramaturgo inglés para cine tales como Mucho ruido pero pocas nueces (1993), Hamlet (1996) o Trabajos de amor perdidos (2000).

«La primera de Thor poseía un elenco actoral y un director (Kenneth Branagh) dignos del mejor drama de William Shakespeare.»

El elenco actoral, encabezado por Chris Hemsworth (Thor) y secundado por los efectivos Anthony Hopkins (Odin), Tom Hiddleston (Loki), Rene Russo (Frigga) y Idris Elba (Heimdall), entre otros, hicieron gozar al respetable de unas interpretaciones dignas de un drama de William Shakespeare, aunque ambientado en Asgard, el mundo celeste donde transcurre el primer acto de la función. Luego, tras el destierro de Thor a la Tierra y el hallazgo por parte de la Dra. Jane Foster (Natalie Portman) y por los agentes de S.H.I.E.L.D. del semidios asgardiano, la película decae ligeramente para volver a recuperar la épica en el último tramo del filme. Resultó ser un magnífico debut cinematográfico del personaje creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber, digno del superhéroe al que se refiere.

Thor, versión Alan Taylor, o cómo volver a ser épico añadiendo dosis de humor 

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Chris Hemsworth volvió a encarnar una visión épica del superhéroe en Thor: El mundo oscuro, aunque dejando más margen al humor.

En 2013 se estrenó la segunda parte de las aventuras épicas de Thor; la dirigió Alan Taylor, futuro director de la desafortunada Terminator Génesis (2015) y cuya mayor contribución a la saga fue las dosis de humor que supo añadirle al conjunto del filme.

«Alan Taylor le supo añadir a la saga de Thor las dosis de humor adecuadas.»

Lo cierto es que las películas que se produjeron posteriormente a la primera versión cinematográfica de Thor, es decir, toda la fiebre que se generó a raíz del estreno de Los Vengadores (2012, Joss Whedon), apostaron por el humor como base potente a la hora de construir los guiones del Universo Cinematográfico de Marvel. Taylor no tenía más remedio que introducir también ese humor en el mundo de Asgard, aunque supo hacerlo con cabeza y con cierta elegancia (resulta divertida la frase de Thor: “¿El siguiente?” al convertir a un monstruo rocoso en un conjunto de piedras tras haberle propinado un martillazo).

Thor, versión Taika Waititi, o Thor versión Auronplay 

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La versión más gamberra y payasa de Thor: Chris Hermswoth en Thor: Ragnarok. 

Y llegamos al último experimento cinematográfico de Thor titulado Thor: Ragnarok, película firmada por Taika Waititi, realizador neozelandés que, además, interpreta al simpático y digital Korg, un kronan parecido al que se carga Thor en la segunda parte y del que se hace amigo y aliado en esta tercera entrega.

«La última producción de Thor es más parecida a un vídeo de YouTube escrito por Auronplay que a la tercera parte del dios del trueno, divertida pero con pocos momentos trascendentales.»

Lo cierto es que si esta última superproducción de Thor conserva algo de la profundidad psicológica que poseía la primera, es del todo anecdótica. Thor (versión Waititi), divertida pero con pocos momentos trascendentales, es más parecida a un vídeo de YouTube escrito por Auronplay que a la tercera parte del dios del trueno, donde la improvisación forma más parte del guión que la literatura de la que gozaban las dos anteriores entregas. Aquí, los actores parecen inventarse el guión sobre la marcha en vez de recitarlo con dramatismo como nos tenían acostumbrados en las dos anteriores precuelas. Ni la aparición de Hela (Cate Blanchett), la diosa de la muerte y hermana por sorpresa de Thor, logra poner orden en el desconcierto de chistes malos y falta de épica. Tan solo el personaje de la Valquiria (Tessa Thompson) vuelve a traernos ecos de la gran epopeya de Asgard que, con el Ragnarok, parece haberse volatilizado.

«Blade Runner 2049»: 49 pequeños aciertos y 2 grandes errores de la secuela más esperada de la historia del cine.

17/10/2017  Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE GRAN PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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El increíble despliegue mercadotécnico de la película nos invita a “elegir” el póster original de la película. En este collage de portadas seleccionamos solamente algunas de las candidatas…

«La secuela de Blade Runner, a pesar de distar sustancialmente de la original, tiene pequeños aciertos pero también grandes errores.»

Últimamente, ir al cine es un caos, empezando por el sistema mismo de adquisición de las entradas: cuando intentas aprovechar alguna oferta, esta caduca o bien es víspera de festivo y algunos cines te cobran los “9 eurazos” que ya vale una entrada “normal”. Por suerte, algunos cines AÚN conservan como gentileza el “sagrado” día del espectador, día en que aproveché para ir a ver la secuela de un clásico de la ciencia ficción: Blade Runner (1982 Ridley Scott) que, a pesar de distar sustancialmente de la original, tiene muchos pequeños aciertos pero también algunos grandes errores, los cuales ahora me dispongo a relatar. Empecemos, no obstante, por sus aciertos que son muchos y de muy diferente índole.

Los 49 pequeños aciertos

1) La dirección de Denis Villeneuve, desde luego, es lo mejor de la película. El director canadiense sabe captar la esencia de lo que hizo su predecesor Ridley Scott 35 años antes que él y desarrolla magistralmente la secuela de Blade Runner a su propia manière de faire.

2) Ryan Gosling, interpretando al agente K, es el homólogo perfecto de Harrison Ford haciendo de Deckard en los tiempos de antaño: mirada fría, gestos duros, expresión severa y varonil.

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Ryan Gosling, el prototipo perfecto del Blade Runner (o asesino de replicantes), a la altura de lo que hizo en su día Harrison Ford en la original.

3) Benjamin Wallfish y Hans Zimmer en la banda sonora de la película que, a mi juicio, iguala o supera a la original, compuesta por el griego Vangelis en 1982, de la cual se escuchan numerosos ecos en la actual.

4) El retorno de Hampton Fancher en la historia original, aunque el guión final firmado por él mismo a cuatro manos junto a Michael Green, no esté al mismo nivel que el argumento.

5) Ana de Armas y su memorable interpretación del holograma Joi: de una inocencia, pureza y sensualidad cautivadoras que se convertirá, sin duda, en un mito erótico con el paso del tiempo.

6) Sylvia Hoeks como la gran malvada de la función, interpretando a Luv, el brazo ejecutor de Wallace (Jared Leto), una especie de ángel exterminador que, sencillamente, resulta sobrecogedora.

7) El clímax final de la película, que sucede en un aerodeslizador hundiéndose de la Wallace Corporation, de tal fuerza que corta la respiración.

8) La dirección artística de David Doran y su equipo, diseñada a base de líneas puras, contrasta aunque, extrañamente, se corresponde con el diseño artístico de la original de 1982, otrora obra de David Snyder.

9) La secuencia inicial del “retiro” de Sapper Morton (un Nexus 8), de un tempo magistral y de una desgarradora puesta en escena.

10)  Siguiendo con el personaje de Sapper Morton, la frase que este le espeta a K: “Vosotros, los nuevos os conformáis con trabajos de mierda, porque nunca habéis visto un milagro…”, frase que va cobrando vigor a medida que el filme va avanzando.

11)  La idea del apagón que se explica ha borrado todos los datos informáticos del planeta y que se menciona durante toda la película; en la actualidad es algo que los científicos nos advierten que podría ser plausible.

12) El personaje de la creadora de recuerdos, la Dra. Ana Stelline (Carla Juri) que es la mejor “manufacturadora” de implantes de recuerdos para replicantes que los hacen más humanos, y cómo la vemos trabajar. Sin duda, una de las mejores ideas plasmadas en el filme.

13) Jared Leto, que interpreta al ciego y siniestro propietario de la Wallace Corporation, Niander Wallace, que es una versión aún más oscura del genético Eldon Tyrell visto en la primera película y cuyo papel, en solo dos secuencias, parece estar desaprovechado. Para interpretarlo, Leto usó lentillas opacas durante todo el rodaje e hizo la prueba de cámara simulando una ceguera total.

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Jared Leto interpreta al siniestro Niander Wallace, una especie de Dios de la biomecánica cuyo papel parece estar desaprovechado en el filme de Villenueve.

14) La metáfora del despacho de Wallace, cual especie de Edén y las continuas referencias hacia la creación divina. De hecho, Wallace se refiere a Luv (Sylvia Hoeks), su fiel ayudante, como su “mejor ángel”.

15) La frase: “El código pródigo ha vuelto”, en la misma línea religiosa que la anterior metáfora, que Luv le dice al agente K cuando este acude con el mechón de pelo de Rachel a la Wallace Corporation.

16) Los fragmentos del audio-test Voight-Kampff de Deckard a Rachel que reaparecen a lo largo de la secuela y que hacen cohesionar los dos filmes de manera nostálgica.

17) La visionaria idea del mar contenido por los muros de la ciudad de Los Ángeles (que, por otra parte, es donde transcurre el clímax de la película), final hacia donde parece desgraciadamente dirigirse todas las ciudades costeras del planeta Tierra.

18) La rica paleta de colores que contiene la película, a diferencia de la primera donde todo era lúgubre, aquí se usa el gris mortecino para los campos de gusanos (proteínas), la oscuridad de la ciudad de L.A. (vista ya en la primera parte) y el rojo marciano para plasmar el desértico y radiactivo paisaje de Las Vegas.

19) El impresionante trabajo de efectos visuales donde se han coordinado más de 10 empresas diferentes (incluyendo Weta Workshop, responsable de los efectos visuales de El señor de los anillos).

20) La secuencia del holograma gigante de Joi (modelo japonesa) y K, de una belleza, sensualidad e, incluso, metafísica abrumadoras.

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Quizá la secuencia más recordada de la película con un subtexto claramente metafísico: K y la holografía gigante de Joi, sin duda, abrumadora.

21) La idea de los cortos: Blade Runner Black Out 2022, Blade Runner 2036: Nexus Dawn y Blade Runner 2048: Nowhere To Run, pese a estar dos de ellos mediocramente dirigidos por Luke Scott, hijo de Ridley Scott, han sido una buena idea para explicar algunos conceptos de los que trata Blade Runner 2049.

22) Las escenas del test post traumático que tiene que superar K tras un “retiro”, el cual recuerda ligeramente al test Voight-Kampff, aunque de una frialdad y asepsia mayor que el test anteriormente mencionado.

23) El tema de la mitomanía americana en los hologramas de Elvis, Marilyn Monroe y Frank Sinatra.

24) El personaje del simpático Doc Badger (de habla interlingua) que ayuda a identificar el trozo del caballo de madera de K, un guiño al mundo suburbial de los “artesanos tecnológicos” de la primera parte.

25) La apocalíptica secuencia del bombardeo en el vertedero al mismo tiempo que vemos, gracias a un sencillo pero magistral montaje alternado, que quien está ordenando el fuego es Luv mientras un chino le está haciendo la manicura; la secuencia resulta de un humor negro apabullante.

26) Robin Wright interpretando a la teniente de policía Joshi, la jefa de K, cuya convincente actuación emula a la que hizo el actor Emmet Walsh que dio vida al capitán Bryant en la original dirigida por Scott.

27) El debate moral entre K y su jefa, que es humana, y especulan sobre el “alma” de los replicantes.

28) Siguiendo con la peculiar relación entre los dos personajes a los que hemos aludido en el anterior punto, la tórrida proposición de la teniente Joshi a K cuando esta le insinúa en el apartamento del androide: “¿Qué pasaría si me la acabara?” refiriéndose a una botella de whisky. La respuesta de K es lo suficientemente explícita: “¿No debería volver al trabajo, señora?”

29) La frase que K le dice a Joi cuando el detective empieza a recabar información sobre el caso de los huesos encontrados en la granja de Supper Morton y descubre que el patrón genético de los humanos se basa en cuatro elementos: “Yo solo tengo 2, cero y uno” le dice pesarosa Joi a K: “La mitad pero el doble de elegante” le consuela el replicante con esta frase sardónica, que nos recuerda a los mejores momentos de Harrison Ford en la Blade Runner original.

30) La secuencia de Rachel (Sean Young), recreada digitalmente para la película, al igual que la recreación de la actriz Carrie Fisher como la joven princesa Leia para Rogue One (2016, Gareth Edwards), es una grata sorpresa.

31) Durante la misma secuencia anteriormente mencionada, el monólogo de Wallace donde este le explica a Deckard el “diseño del amor” y que hace referencia directa a la corriente filosófica determinista.

32) La escena en la azotea bajo la lluvia entre Joi y K, de una belleza fílmica incuestionable, donde las gotas de lluvia traspasan el cuerpo ingrávido de la chica holográfica, que intenta experimentar una nueva sensación tras haberla liberado K de la prisión en la que se había convertido su proyector en el techo.

33) La reveladora frase de Joi a K en la que le alienta a pensar de que no es replicante sino humano: “Nacido, no fabricado…”

34) La secuencia de la visualización del recuerdo de K por parte de la Dra. Stelline, de la que se omiten las imágenes y tan solo nos quedamos con las expresiones de la actriz mientras el espectador oye los sonidos del recuerdo que previamente ya ha visto tras habérselo contado K a su jefa. Un inteligente montaje, obra de Joe Walker, que convierte al espectador en cómplice del recuerdo de K.

35) El cameo de Edward James Olmos como el anciano Gaff postrado en un asilo mientras lo interroga el agente K y este, Gaff, vuelve a hacer un misterioso origami que le entrega al nuevo Blade Runner en cuestión…

36) El eco que se hace en la película sobre el tema de la extraña despoblación de abejas que existe a nivel mundial, un problema medioambiental que, en la película, queda apuntado en una onírica secuencia protagonizada por K.

37) La secuencia del nacimiento/asesinato de una mujer replicante, en la que Wallace (Jared Leto) actúa de manera implacable, a manera del Dios del Antiguo Testamento, es de una trascendencia comparable al asesinato de Tyrell por parte de Roy (el Nexus 6, antagonista en la primera Blade Runner).

38) La frase de aires existencialistas: “Antes de saber ni siquiera qué somos, tememos dejar de serlo” que pronuncia Wallace en la secuencia anteriormente mencionada.

39) Prosiguiendo con el personaje de Wallace, su contundente y controvertida frase: “Todas las civilizaciones se han construido con mano de obra desechable” que puede remitirnos a algunas de las teorías “conspiranoides” más conocidas.

40) El plano de varios moldes de Nexus suspendidos en el interior de unas urnas gigantes, los cuales evocan claramente a los ingenieros de Prometheus (2012, Ridley Scott) y cuya aparición parece identificarse dentro de una especie de universo críptico con el sello de fábrica Free Scott Productions.

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El plano en cuestión de los Nexus suspendidos en las gigantescas urnas de cristal es, en sí mismo, reconocible con el universo que el cineasta Ridley Scott ha estado construyendo en otros filmes producidos por él mismo.

41) La crítica social en la secuencia del vertedero de chatarra en la que se muestra a cientos de niños trabajando en condiciones inhumanas y de esclavitud, tal como los niños del tercer mundo en países como China o Tailandia.

42) La frase que Joi le contesta a K cuando este se refiere a contener todos sus datos (“data” en argot informático) dentro del emisor móvil que K le ha regalado: “¡Si le pasa algo a esto, te irás!”  le explica trágicamente K a Joi y esta le alecciona: “Sí, como una chica real.”

43) La cruel frase que Luv le dice a K cuando esta destroza el emulador portátil con la “data” de Joi: “Ojalá haya disfrutado de nuestro producto…” y la chica holográfica “muere” justo después de poder decirle a K “Te quier-“.

44) El diseño de sonido, obra de Theo Green y su equipo, que respeta a la original a la vez que innova en una amplia serie de sonidos “cavernosos” como el de los aposentos de Wallace o el Casino de Deckard.

45) La dirección de fotografía, obra de Roger Deakins, que respeta la anterior de Jordan Cronenweth y la lleva un paso más allá, imprimiendo una dimensión onírica en la mayor parte del filme de Villenueve.

46) La evolución psicológica del personaje de K que nos da a pensar que puede ser humano en vez de replicante, algo diametralmente opuesto a lo que sucedía con el personaje de Deckard en la primera parte (un ser humano que nos sugerían que podía tratarse de un replicante).

47) La penúltima secuencia en la que, supuestamente, “muere” K, en donde vuelve a sonar el tema de la muerte de Roy, compuesto por Vangelis para la primera parte, como una especie de homenaje, y que resulta uno de los temas más añorados por los fans de la primera parte.

48) La publicidad encubierta que se va repitiendo a lo largo de la película y que hace referencia a marcas “filiales” de la propia película: Sony (es la propia productora del filme), Atari (es la productora del futuro videojuego) y alguna más, aunque es una práctica de marketing bastante controvertida, resulta hasta natural en la cinta.

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La bella estampa del holograma de Atari, proyectada entre unos edificios, es una de las marcas encubiertas dentro de Blade Runner 2049 con el que, además, Villeneuve compone un hermoso mural futurista.

49) Aunque esto no vaya implícito con la película per se, el obvio fracaso de taquilla que está obteniendo alrededor del mundo (de los 150 millones de presupuesto, a más de una semana desde su estreno, tan solo ha conseguido recaudar cerca de 100), al igual que su predecesora, esto le augura la categoría de filme de culto que, seguro, conseguirá muy pronto.

Los 2 grandes errores

1)  Aunque parezca mentira, Harrison Ford. A sus 75 años, Ford parece haber perdido “misteriosamente” sus capacidades interpretativas. Da igual que esté interpretando al pirata espacial Han Solo en El despertar de la Fuerza (2015, J. J. Abrams), al intrépido aventurero Indiana Jones en El reino de la calavera de cristal (2008, Steven Spielberg) o bien al ex-Blade Runner Rick Deckard en Blade Runner 2049: Harrison Ford hace de Harrison Ford en todos estos papeles. Exceptuando su irónica frase: “Sus ojos eran verdes” (marca de la casa “Harry”), la interpretación que brinda el actor durante el resto de la película resulta bastante prescindible.

«Los dos errores principales de Blade Runner 2049, a mi parecer, son, por un lado, la falta de interpretación de Harrison Ford y, por otro, la previsibilidad de algunas de las secuencias que parecen “robadas” descaradamente de otras películas.»

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Deckard (Harrison Ford) y su puñetero perro, casi lo peor de la película.

2) La previsibilidad de algunas escenas y la sensación de que parecen estar “robadas” descaradamente de otras películas del mismo u otros géneros, como, por ejemplo, Ghost (1990, Jerry Zucker) en la secuencia en la que Joi “usa” el cuerpo de una prostituta para (lo diremos finamente) hacer el amor con K es, en sí, la misma secuencia que cuando Sam (Patrick Swayze) “usa” el cuerpo de Oda Mae Brown (Whoopi Goldberg) en la película de 1990 dirigida por Zucker. O, para más inri, la relación amorosa que hay entre K y Joi parece fusilada de una película de bajo presupuesto del mismo género titulada Cherry 2000 (1987, Steve De Jarnatt), filme protagonizado por una jovencísima Melanie Griffith, donde se relata la misma relación entre un hombre y su “juguete” sexual.

En consecuencia decir que Blade Runner 2049, casi podría haber superado a la original (cosa que ya era casi imposible), de no haber sido por estos dos errores que, aunque se le pueden perdonar, pesan demasiado en el metraje filmado por Villenueve, el cual parece haber cumplido un sueño: “Cuando vi Blade Runner quedé impactado. La visión de Ridley Scott tocó muchas fibras. Pude reconocer inmediatamente el impacto que tendría en el mundo cinematográfico. Ahora, he recibido la maravillosa oportunidad de continuar la historia y dirigir Blade Runner 2049. ¡Muy bien, Denis: un 9 sobre 10!

“¡Mira detrás de ti! ¡Hay un mono con tres cabezas!”: Más de un cuarto de siglo de «The Secret of Monkey Island».

3/10/2017 Texto por: SAS

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Portada del videojuego de 1990 creada por el artista Steve Purcell: todo un regalo para la vista.

Un videojuego que creó tendencia 

Este octubre se cumplen 27 años de un videojuego mítico dentro de su propio género (algo que en los noventa pegó muy fuerte llamado aventuras gráficas). Este mismo género de videojuego derivaba de las aventuras conversacionales en donde el usuario avanzaba en la trama del juego a través de una serie de comandos a modo de verbos básicos como, por ejemplo, “leer libro”. Las aventuras gráficas fueron una evolución de las aventuras conversacionales en el sentido que el jugador ya no sólo avanzaba en la acción solamente usando una linea básica de comandos, sino resolviendo una serie de puzzles, cada cual más complicado.

«The Secret of Monkey Island creó tendencia entre los videojuegos de aventura gráfica del tipo “point and click” siendo una hábil combinación de dificultad en los puzzles, diálogos mordaces y grandes dosis de sentido del humor.»

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La frase más recordada del videojuego: “¡Mira detrás de ti! ¡Hay un mono con tres cabezas!”

The Secret of Monkey Island (El secreto de la isla del mono, generalmente abreviado “Monkey Island”) no fue pionero en su propio género pero sí creó tendencia entre los videojuegos de aventura gráfica del tipo “point and click” siendo una hábil combinación de dificultad en los puzzles, diálogos mordaces y grandes dosis de sentido del humor.

Un videojuego con “Seguro de vida”

Pero, de hecho, el género de las aventuras gráficas lo popularizó la compañía Sierra Entertainment y no Lucasfilm Games (como muchos se creen) con su saga épica de King Quest o la del playboy Larry Leisure. El defecto que tenían estas aventuras gráficas era que el usuario podía “morir” en muchas ocasiones durante el videojuego. Los diseñadores de las aventuras de Lucasfilm se propusieron que “la muerte” nunca fuera un problema en sus videojuegos para el jugador. En el videojuego de Monkey Island, nuestro héroe tan sólo podía morir una vez durante el videojuego y era realmente difícil no descubrir cómo evitarla. Para ello disponíamos de 10 minutos para que a Guybrush Threepwood, el muchacho que desea convertirse en pirata, se le ocurriera coger el pesado ídolo para evitar morir ahogado bajo el astillero de la isla de Mêlée.

«Los diseñadores de las aventuras de Lucasfilm se propusieron que “la muerte” nunca fuera un problema en sus videojuegos.»

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La única manera de “matar” a Guybrush: dejarlo bajo del mar 10 minutos, capacidad pulmonar de nuestro simpático héroe.

La tradición de la “muerte única” siguió en la segunda parte de la saga Monkey Island 2: LeChuck’s Revenge cuando Guybrush estuvo colgado de un hilo (lo digo de manera literal) junto a un cartógrafo llamado Wally. Nuestro simpar héroe debía escupir bien (sí, sí, habéis leído bien: “escupir”) para salir de la cámara de torturas donde lo tenía preso el terrible pirata zombi LeChuck, archienemigo de Guybrush en todas las partes de la saga.

Un videojuego con polémica incluida 

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El creador de Monkey Island, Ron Gilbert en 1990 (derecha) y su homólogo pixelado (izquierda) fue la mente creativa del videojuego junto a Tim Schafer y Dave Grossman.

Ron Gilbert, programador autodidacta desde que casi tenía uso de razón, fue el padre de Guybrush y de toda la retahíla de personajes de la saga de Monkey Island. Gilbert se basó en la novela con tintes sobrenaturales de Tim Powers En costas extrañas para la creación del guión del videojuego, de hecho, la misma que la atracción de Disneylandia Piratas del Caribe (muchísimo antes de convertirse en una saga de rentables películas protagonizadas por Johnny Deep…) A tenor de lo expuesto, cuando se estrenó el primer filme, Gilbert vio parte de su popular videojuego fusilado en el metraje de la película firmada por Gore Verbenski. Para más inri, cuando Lucas vendió todo su imperio a Disney (incluyendo la propiedad intelectual de Lucasfilm Games y LucasArts), asimismo vendió a la major del ratón Mickey los derechos legales de la saga Monkey Island, derechos que ahora Gilbert pretende recuperar para realizar más entregas gracias a la empresa de micromecenazgo Kickstarter.

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Cuando Lucas vendió su solvente imperio a la marca Disney, también vendió los derechos legales de la saga Monkey Island.

Un videojuego rehecho a su imagen y semejanza

En 2009, cuatro años antes de la desaparición total de LucasArts debido a la absorción de Disney, la famosa empresa de entretenimiento digital fundada por George Lucas a principios de los 80 decidió hacer un remake de este mítico título (aprovechando la fiebre de los remakes y del avance de la tecnología digital) al que llamó sencillamente: The Secret of Monkey Island Special Edition. Fueron varias las mejoras que se incorporaron respecto a la edición original de 1990 como la concepción de los gráficos en Full-HD (1920×1080), música regrabada y remasterizada, añadido de voces, cambio de interfaz y planos reincorporados del original.

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Arriba, nueva portada de The Secret of Monkey Island Special Edition (para mi, inferior a la original); abajo, dos capturas del mismo fotograma: el de la versión de 2009 y el de la versión original de 1990.

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«Pese la calidad de la edición especial, los 16 colores de las versiones EGA y los 256 de las versiones VGA para la época en la que salió el original fueron algo insuperable.»

Pese no haber jugado a la edición especial, el que escribe esta entrada suscribe la calidad de la edición especial en vídeos vistos por YouTube. El remake de Monkey Island poseía unos efectos digitales magníficos, ya desde la entradilla de créditos, donde se ve esa entrañable vista general nocturna de la isla de Mêlée: el reflejo de las luces de la aldea costera sobre las aguas junto al efecto del oleaje eran realmente espectaculares, pero, sinceramente, creo que los 16 colores de las versiones EGA y, posteriormente, los 256 de las versiones VGA para la época en la que el original salió fueron algo insuperable.

 

25 años de «Indy IV». No, perdón: 9 años… No, 25… No, 9… ¿Fate of Atlantis» o «La calavera de cristal»?

04/09/2017 Texto: SAS 

«Fate of Atlantis se convirtió en un clásico de las aventuras gráficas, la cual se especuló, por aquella época, ser la cuarta parte de la saga de Indiana Jones…»

El primer “Indy IV”

En 1992, la empresa de videojuegos LucasArts, anteriormente LucasFilm Games (empresa del todopoderoso George Lucas, del que hemos hablado ya largo y tendido en este WordPress), desarrolló un videojuego del añorado género de las aventuras gráficas. Esta no fue otra de la que se especuló durante aquella época ser la cuarta parte de la saga del arqueólogo más famoso de la historia del cine: Indiana Jones.

Aquel videojuego fue, sin duda alguna, Indiana Jones and the Fate of Atlantis, una impresionante aventura escrita y dirigida por Hal Barwood, guionista colaborador en varios filmes dirigidos por Steven Spielberg como Loca evasión (The Sugarland Express, 1974) y Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977), que se convirtió en el videojuego del año y pasó a la historia como un clásico dentro del género de las aventuras gráficas. Pero, la historia real de “Indy IV” aún estaba por escribirse…

«El cómic de Fate of Atlantis se escribió en 1991; sin embargo, hasta 2008 no volvimos a ver a Harrison Ford enfudado como Indiana Jones en la gran pantalla…»

La adaptación en viñetas de Fate of Atlantis se hizo incluso un año antes que el videojuego, en 1991, de la mano creativa de Dan Barry, entre otros. El lápiz de Barry asentó el diseño inicial del mítico continente perdido de la Atlántida, así como presentó a los personajes principales de la historia como a la histriónica médium, Sophia Hapgood y al malvado oficial del Tercer Reich, Klaus Kerner.

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Arriba, portada del primer número de la adaptación de Fate of Atlantis al formato cómic de la mano de Dan Barry. Abajo izquierda, Hal Barwood, guionista del videojuego de Fate of Atlantis; abajo derecha David Koepp, el que firmara el guión oficial de “Indy IV” titulado Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.

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El segundo “Indy IV”

Aunque para ver la cuarta parte oficial de Indy tuvieron que pasar dieciséis años más: hasta 2008 no volvimos a ver a Harrison Ford (versión no-pixelada) enfundado en su chaqueta de piel, sombrero fedora y látigo de domador de fieras en la gran pantalla. De hecho, los esfuerzos para llevarlo de nuevo al cine comenzaron mucho antes. Fue precisamente en 1992, en plena fiebre de Fate of Atlantis, cuando muchos hubiésemos querido ver en la pantalla la adaptación al cine de la gran aventura de la Atlántida. Sin embargo, George Lucas estaba en pleno trabajo de concepción de un nuevo guión para el intrépido aventurero que, de hecho, le costó bastante tiempo de llevar a la gran pantalla.

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George Lucas (a la derecha) tuvo bastantes problemas con el director de la película Steven Spielberg (a la izquierda) a la hora de plantear el enfoque de la cinta de “Indy IV”.

El guión oficial de “Indy IV” nació en plena producción de la teleserie producida por George Lucas, Las aventuras del joven Indiana Jones (The Young Indiana Jones Chronicles, 1992). En uno de los episodios cancelados, Lucas pareció encontrar la inspiración perfecta para lo que él mismo calificó como “un argumento igual de fascinante que el del Arca Perdida…” Tal argumento hacía referencia ya al famoso cráneo de cristal y a unas criaturas extraterrestres: se tituló provisionalmente Indiana Jones and the Saucermen from Mars y fue escrito por Jeb Stuart. Pero este guión no pareció satisfacer ni a Harrison Ford ni a Steven Spielberg. Este último le dijo que no le apetecía volver a dirigir una cinta sobre extraterrestres después de haber dirigido tres a lo largo de su filmografía. Entonces Lucas, frustrado, comenzó con la preproducción de las precuelas de Star Wars, es decir, con los Episodios I, II y III, metiendo en el cajón el guión de “Indy IV” indefinidamente.

«En uno de los episodios cancelados de la teleserie sobre Las aventuras del joven Indiana Jones, Lucas pareció encontrar la inspiración perfecta para lo que él mismo calificó como “un argumento igual de fascinante que el del Arca Perdida…”»

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Portada de la primera temporada de Las aventuras del joven Indiana Jones, ilustrada por el artista Drew Struzan, donde nació la idea para la cuarta parte de la saga.

Hasta que no llegó el nuevo milenio, en 2000, el proyecto de “Indy IV” no resucitó. M. Night Shyamalan pretendió hacer una secuela del Arca Pedida, cosa que Lucas y Spielberg no le permitieron. Entonces, Lucas contrató a 3 guionistas diferentes, entre ellos a Frank Darabont, director de La Milla Verde (The Green Mile, 1999) para que cada uno hiciera su particular aproximación al guión de “Indy IV”. Spielberg le declaró a Lucas que el guión de Darabont era el mejor pero Lucas lo rechazó porque iba en contra del planteamiento del personaje. Nuevamente, el guión de “Indy IV” quedó suspendido hasta 2005, fecha en la que Jeff Nathanson lo abordó de nuevo bajo el prisma de Lucas y que, finalmente, firmaría David Koepp en 2006, presionado por Harrison Ford a acabar de escribirlo ese mismo año ante la amenaza de renuncia del actor al proyecto de “Indy IV”. Koepp lo escribió en el tiempo previsto titulándolo Indiana Jones y el destructor de mundos, título que fue reemplazado por Spielberg por el actual Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. El periplo de “Indy IV” había llegado finalmente a su fin.

Aciertos y errores de los dos “Indys IV”

«El mayor acierto de Fate of Atlantis fue su final épico en la hundida Atlántida, por contra, el mayor desastre del reino de la calavera de cristal sea quizás la secuencia de la nevera en la que Indy elude una bomba nuclear…»

Las dos versiones de “Indy IV”, tanto el videojuego de 1992 como el filme de 2008, no estuvieron exentas de aciertos ni de errores. El videojuego escrito y dirigido por Hal Barwood fue increíble para la época pero, por un lado, era demasiado megalómano en su forma narrativa. Habían 3 maneras diferentes de llegar al final: el modo equipo, el modo acción y el modo ingenio, según cómo queríamos que se desarrollara la aventura (recuerdo pasarme horas y horas intentándome pasar el juego en los tres modos sin écharle mano al libro de pistas… ¡era prácticamente imposible!) Pese a su dificultad, la historia era sencillamente una maravilla: ¡parecía realmente una película de la saga de Indiana Jones! Volvía a aparecer el entrañable cuidador del museo, Marcus Brody, tenía un villano temible como lo fue el comandante nazi Klaus Kerner y nuestra particular partner femenina, la médium Sophia Hapgood, conocida del pasado de Indy, le daba un contrapunto perfecto al argumento. El final del juego, donde se desarrollaba en la hundida Atlántida, fue lo mejor de la historia, algo realmente épico.

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Arriba, imagen del final de Fate of Atlantis, lo más impresionante del videojuego de 1992. Abajo, fotograma de la explosión nuclear de la película de La calavera de cristal, tras haberse salvado Indy gracias a una nevera, sin duda, lo peor de la película de 2008.

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«El guión de Koepp resulta lo suficientemente coherente con la época histórica que Lucas intentó captar para la película: los años 50 en Norteamérica fueron los años de la Guerra Fría por excelencia, y las historias de aliens y de OVNIS se pusieron totalmente en voga.»

Si pasamos a analizar la cuarta parte oficial de Indiana Jones, la del reino de la calavera de cristal, pese a ser una de las más criticadas de la saga, no está tan mal como al principio se dijo. El guión de Koepp resulta lo suficientemente coherente con la época histórica que Lucas intentó captar para la película: los años 50 en Norteamérica fueron los años de la Guerra Fría por excelencia, donde todo el mundo sospechaba de “todo el mundo”, valga la redundacia. El terror a que los rusos atacaran con armamento nuclear estaba a la orden del día, y las historias de aliens y de OVNIS se pusieron totalmente en voga. El mayor desastre que alberga la película sea quizás la parte de la nevera en la que Indy se oculta para eludir una bomba nuclear y esta sale disparada volando hacia el cielo. Tras ello, Indy, a su avanzada edad, sale vivito y coleando del refrigerador. Aunque hay cosas que ni tan siquiera Indiana Jones podría llegar a superar, por mucho que Spielberg, Lucas y Koepp nos quieran convencer de ello…

¿Quieres saber más sobre el fantástico universo de Indiana Jones? Nuestro WordPress hermano Friki Non Plus Ultra, ha preparado una entrada especial sobre este héroe simpar. Te animamos a leerla haciendo clic aquí mismo: “«Conseguidor» de antigüedades raras”: un breve repaso a los 9 McGuffins más frikis de la saga de Indiana Jones.

“A donde vamos no necesitamos carreteras…” 32 años de un clásico del cine moderno «Regreso al futuro».

22/07/2017 Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LAS PELÍCULAS.

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«Con los años he logrado entender al completo esta trilogía de la que el famoso científico Carl Sagan aseguró que son unas de las mejores películas que jamás se han filmado».

El mayor error que he cometido en mi vida fue ver Regreso al futuro IIBack to the Future II (1989, Robert Zemeckis) antes que la primera parte… Bueno, yo solo era un chaval de apenas 10 años que iba a ver una película que algún compañero del colegio me había recomendado encarecidamente. A pesar de que no me enteré de la mayor parte de la película (¿qué podía esperar?) me encantó dicho filme y, entonces, decidí poner remedio a mi terrible equivocación y alquilé en un videoclub de mi barrio (¿alguien recuerda lo que era eso… “piratillas” de internet…?) la primera Regreso al futuro, Back to the Future (1985, Robert Zemeckis) y, sólo entonces, pude entender algunas cosas: lo que mi pueril mente de chaval preadolescente de diez años pudo alcanzar. Con los años he ido revisitando periódicamente esta trilogía clásica de la ciencia ficción norteamericana y he logrado entenderla al completo, de la que el famoso científico Carl Sagan aseguró ser unas de las mejores películas que jamás se han filmado.

Regreso al futuro I, o cómo hubiese sido ir con mi padre al colegio

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El año natural del Marty McFly.

El resumen de la película es muy simple: un chaval de 17 años, que ha viajado accidentalmente al pasado en una máquina del tiempo, interfiriendo con sus propios progenitores, debe lograr que sus padres se enamoren para asegurar así su propia existencia. En resumen esa es la línea maestra del guión firmado por Bob Gale y Robert Zemeckis a cuatro manos. La idea se le ocurrió al propio Gale que, cierto día trasteando en el desván, encontró una fotografía de la graduación de su padre y este se preguntó: “¿Qué podría haber pasado si hubiese coincidido con mi padre en el instituto? ¿Hubiésemos sido amigos…?” A partir de aquí, Gale ideó una historia en el que su protagonista viaja al pasado e interfiere accidentalmente con sus padres, en donde su propia madre se enamoraba de él y, al mismo tiempo, se hacía amigo de su propio padre para poder salvarse a si mismo.

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Bob Gale y Robert Zemeckis (de izquierda a derecha), los padres de Regreso al futuro, conversando en 1985 durante el rodaje de la primera parte de la trilogía.

Era una idea magnífica pero ningún estudio quería hacerla: una de las principales razones, aunque parezca sorprendente, era porque resultaba demasiado blanda en comparación con las películas sobre adolescentes subiditas de contenido sexual que se estaban haciendo y que estaban triunfando por aquella época de principios de los ochenta como Los incorregibles albóndigasMeatballs (1979, Ivan Reitman) o Porky’s (1982, Bob Clark). Gale y Zemeckis hicieron por lo menos 40 intentos para llevarla a la pantalla, pero hasta que Zemeckis no obtuvo el éxito masivo con Tras el corazón verdeRomancing the Stone (1984, Robert Zemeckis), los estudios Universal no le dieron luz verde al proyecto de Regreso al futuro. Eso, y que Spielberg apostó siempre por el proyecto de los viajes en el tiempo de Gale y Zemeckis.

La moraleja de la historia está clara: todo lo que hagas en el pasado, te repercutirá en tu futuro. Cuando empieza el filme, George McFly, el padre de Marty, es el pelele de Biff: le redacta los informes en casa fuera del trabajo, le roba las cervezas, le coge el coche a George y se lo destroza… Marty observa, al viajar hacia el pasado, que cuando eran jóvenes sucedía exactamente lo mismo entre Biff y su padre: el joven Biff hacía que George le redactara los deberes del instituto, se aprovechaba de él, etc. Sólo cuando Marty viaja al pasado y consigue que su padre le plante cara a Biff, George arregla su futuro. Además, el George McFly del inicio del filme nunca apostó por él mismo: Marty descubre que cuando su padre era joven escribía historias de ciencia ficción y que, con el paso de los años, acabó por dejar. Pero, al acabar la primera parte de la trilogía, el George McFly que apostó por él mismo, edita su primera novela de ciencia ficción y (qué curioso) Biff acaba siendo su “sirviente”.

«La moraleja de Regreso al futuro I está clara: todo lo que hagas en el pasado, te repercutirá en tu futuro… Sólo cuando Marty viaja al pasado y consigue que su padre le plante cara a Biff, George arregla su futuro».

Regreso al futuro II, o cómo hacer una película sobre el futuro sin equivocarse demasiado 

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El futuro de Marty McFly.

Debido al enorme éxito que obtuvo la primera parte, los directivos de la Universal casi “obligaron” a los productores a hacer la segunda parte. Aunque Gale y Zemeckis tan sólo les pusieron una condición: poder filmar una tercera parte que se empezaría a rodar justo al acabar la segunda, algo que marcó un precedente en la industria cinematográfica. Universal aceptó y presupuestó las dos secuelas por 80 millones de dólares: 40 para cada una de ellas.

De hecho, a Zemeckis nunca le entusiasmó rodar el “futuro” porque, según el cineasta: “resultaba demasiado arriesgado hacer predicciones ya que, a la larga, pueden resultar descabelladas”. De todos modos, hubiese sido absurdo no hacerlo ya que tenían una oportunidad de oro y, además, la audiencia lo estaba esperando. Así pues, se volvió a reunir a todo el equipo técnico y al casting original para las dos secuelas. A todos menos a Crispin Glover, el actor que interpretó al padre de Marty McFly que, por desacuerdos con sus royalties, no participó en las secuelas. Glover exigía unas condiciones económicas que los productores no creyeron adecuadas para su estatus como actor. Así pues, Glover declinó la oferta y el guionista optó por matar al personaje.

«A Zemeckis le interesó más volver a 1955 para filmar la historia vista en la primera película desde otro ángulo, que filmar el “futuro” (pasado) de la Hill Valley de 2015».

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De izquierda a derecha: Christopher Lloyd (Doc Emmett Brown), el director de la cinta, Robert Zemeckis y Michael J. Fox (Marty McFly) en una fotografía de 1989 durante el rodaje de Regreso al futuro II en el ‘set’ de la Hill Valley del “futuro” 2015.

Lo que realmente le interesó a Zemeckis, más que filmar en el “futuro” (pasado) de la Hill Valley de 2015, fue volver al año 1955 para filmar la historia vista en la primera película desde otro ángulo, algo que marcó otro precedente en la historia, ya que esto no se había hecho anteriormente en ninguna otra película. Para ello, Zemeckis pidió a ILM (Industrial Light and Magic), la empresa que se encargó de los efectos especiales propiedad de George Lucas, que construyera la VistaGlide, una cámara especial para filmar en un mismo plano al mismo actor interactuando entre sí.

De hecho, ese es uno de los aspectos más interesantes de la historia que, esta vez, se centra en el personaje de Biff Tannen: el viejo Biff de 2015 descubre que Doc Brown inventó una máquina del tiempo y, en un momento de despiste de Marty y el científico, el antipático anciano usa el DeLorean para darse a sí mismo en el pasado 1955 un almanaque con los resultados de los últimos cincuenta años de toda clase de eventos deportivos. Eso hace que se cree un 1985 alternativo en donde Biff es un cruel multimillonario que gobierna Hill Valley a sus anchas y se casa con la madre de Marty. Además, también descubrimos que Biff mató a George McFly (así, Bob Gale arreglaría la ausencia de Glover en la película). Marty y Doc deben volver a 1955 para evitar que Biff logre su objetivo, aunque, al volver al pasado, nuestros protagonistas se encontrarán con alguna que otra paradoja temporal (curiosamente, el título en clave para la película fue Paradox, Paradoja en español).

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Las Nike Air MAG, con los “robo-cordones” que alucina Marty, al final se materializaron en 2011 pero sin los “robo-cordones”… ¡Lástima!

Al final, pese a que Zemeckis se mantenía reacio a filmar en el futuro porque no quería predecir ninguna burrada, predijo bastantes cosas como las tablets, las videollamadas o las gafas celulares que usa la hija de Marty McFly (atención: ¡interpretada por el mismo Michael J. Fox!). Los coches voladores, los aeropatines o las chaquetas que se secan solas son aún cosas del futuro real, mientras que la Pepsi Perfect o las Nike Air MAG se materializaron en honor de esta película.

Regreso al futuro III, o cómo viajar al salvaje Oeste americano y volver justo a tiempo

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El pasado de Marty McFly.

«El gran mérito de Regreso al futuro III quizás fuera que se hizo en una época (principios de los años 90) en que el género del western estaba pasado de moda en la gran pantalla».

Para el capítulo final de la trilogía, los productores ya sabían dónde (mejor dicho, cuándo) transcurriría esta película: en el salvaje Oeste americano de 1885. La elección fue, de hecho, del propio J. Fox. Durante la primera película, Gale y Zemeckis le preguntaron: “Oye, Michael: ¿a dónde te gustaría viajar si tuvieras el DeLorean de la película?” La respuesta del actor fue directa: “¡Al Oeste!” Así pues, todo el equipo se embarcó a hacer un western mientras aún estaban acabando de editar el segundo filme.

Lo cierto es que todo el equipo de las dos primeras entregas quería hacer un western: desde Michael J. Fox hasta Dean Cundey, el director de fotografía del filme, por no mencionar a los creadores originales de la saga Bob Gale y Robert Zemeckis. Según este último: “El Far West representa el Romanticismo Americano… Todo cineasta quiere hacer un western, de hecho teníamos un montón de especialistas dispuestos a convertirse en indios, vaqueros y soldados de la caballería montada para la tercera parte.” El gran mérito de Regreso al futuro III quizás fuera que se hizo en una época (principios de los años 90) en que el género del western estaba pasado de moda en la gran pantalla.

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Arriba, el equipo técnico de Regreso al futuro III rodando un plano con Christopher Lloyd y Michael J. Fox subidos “a lomos” del DeLorean. Abajo, el fotograma del mismo plano rodado en la fotografía superior en donde aparecen Doc y Marty intentando alcanzar los 120 km/h encima del DeLorean, arrastrado por un tropel de caballos.

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«En esta última, el protagonista de la función es Doc y el romance que surge entre él y Clara Clayton. Es este romance el que introduce dilemas morales muy interesantes en los personajes».

El gancho de la película, en esta ocasión, estuvo en que Emmett le envía una carta a Marty a través de un misterioso mensajero justo al final de la segunda parte en donde le dice a Marty que se encuentra sano y salvo en el lejano Oeste norteamericano. Pero, más adelante, se descubre que tras enviarle la misiva, Bufford Tannen, un antepasado de Biff, mató al científico por una deuda. Marty decide viajar con el DeLorean (oculto durante 70 años en una cueva) al viejo Oeste para salvar a Doc. El conflicto, en esta ocasión, está en el personaje del científico, que se enamora de una dama en apuros: la profesora Clara Clayton recién llegada a la Hill Valley de 1885.

Zemeckis explica cómo Marty, de hecho, no es el protagonista de ninguna de las películas de Regreso al futuro sino que actúa cual maestro de ceremonias de la trilogía fílmica: en la primera película es su padre, George McFly, el verdadero protagonista de la historia. En la segunda entrega, el protagonismo lo adquiere Biff, quien intenta beneficiarse de los viajes en el tiempo tan sólo para su provecho. En esta última, el protagonista de la función es Doc y el romance que surge entre él y Clara Clayton. Es este romance el que introduce dilemas morales muy interesantes en los personajes sobre si volver al futuro o bien quedarse en el pasado con el riesgo de poder morir en el intento.

«Sólo cuando el expresidente Ronald Reagan citó en un discurso sobre el estado de la Nación: “Llevémos a América hacia el futuro, donde no necesitemos carreteras…”, los productores de la saga se dieron cuenta del impacto que habían causado sus indelebles películas».

Además el guión firmado por Gale de nuevo, contenía la problemática de poder viajar al futuro: el depósito de gasolina del DeLorean fue alcanzado por una flecha india y los protagonistas no pueden repostar combustible. La única manera de alcanzar los 120 km/h para regresar al futuro es que una locomotora de vapor empuje del DeLorean a tal velocidad (cosa que no era tan fácil en aquellos tiempos de la Segunda Revolución Industrial). El climax de la película fue realmente soberbio con el DeLorean tirado por la locomotora mientras explotan los leños de colores a punto de despeñarse por un barranco. Por lo general, la tercera parte fue más aplaudida por la crítica que la segunda.

En resumen, esta trilogía ha permanecido como unas de las mejores películas de ciencia ficción que se han realizado jamás y han logrado aguantar estoicamente el paso del tiempo. En cierta ocasión, el expresidente Ronald Reagan dijo en un discurso sobre el estado de la Nación: “Llevémos a América hacia el futuro, donde no necesitemos carreteras…”, parafraseando a Doc durante el final del primer filme. Fue sólo entonces cuando los productores de la saga se dieron cuenta del impacto que habían causado sus indelebles películas.

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El póster que jamás se vio de Regreso al futuro III, original de Drew Struzan, el mago de las ilustraciones de los tres filmes. En este, el propio Struzan comenta que realizó dos carteles promocionales y que los productores (Gale y Zemeckis) eligieron el que Marty se ve ataviado como Clint Eastwood, descartándo el mítico disfraz de vaquero rosa con el átomo nuclear bordado en él.

Continúa en el WorPress de “Friki Non Plus Ultra”32 frikadas que seguramente no tenías ni idea sobre la trilogía de “Regreso al futuro”…

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20/05/2017 Dibujo por: Jordi Castellví

¿¿Alguna vez os parasteis a pesar que el “alien” de Alien es “negro”?? (de raza negra, vaya). Mi colega friki que dibuja con el móvil, se ha hecho esa misma pregunta y le ha salido esto…. “¡Broda Alien!”

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«The Dark Knight», análisis de la banda sonora compuesta por Hans Zimmer y James Newton Howard.

13/05/2017 Texto por: SAS

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«Zimmer y Newton Howard escriben a cuatro manos una score, en su mayor parte, conceptual sin dejar de lado la espectacularidad de las orquestaciones típicamente “made in Hollywood” y alcanzando una simbiosis pocas veces vista hasta entonces».

Hace ya nueve años, se publicó una banda sonora, para mi, legendaria: The Dark Knight (2008, Reprise/Warner Bros. Records) compuesta por dos grandes de la música para cine: Hans Zimmer y James Newton Howard. Pocas bandas sonoras igualan a esta en concreto, donde Zimmer y Newton Howard escriben a cuatro manos una score (banda sonora en inglés), en su mayor parte, conceptual sin dejar de lado la espectacularidad de las orquestaciones típicamente “made in Hollywood” y alcanzando una simbiosis pocas veces vista hasta entonces. De hecho, nunca había sonado tan premeditadamente oscura una partitura de Batman para la gran pantalla. Tan solo la primera compuesta por Danny Elfman (en 1989 para la película de Tim Burton) se acerca a unas leguas de distancia a la de El caballero oscuro, score que los compositores toman de referencia y que continúan en esta…

La sinfonía del caos 

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«Lo que hace grande a esta banda sonora en concreto son los pasajes musicales que se compusieron para los momentos que ocupa el Joker en pantalla».

El leitmotiv de toda la obra musical es, sin duda alguna, “Why So Serious?” una compleja suite compuesta exclusivamente para acompañar y definir al personaje del Joker (interpretado brillantemente por el fallecido actor, Heath Ledger). A mi juicio, este es el mejor corte junto a “Watch the World Burn”, uno de los más dramáticos del disco compuesto por Newton Howard. La colaboración se basó en que Zimmer se centraba en los temas del Joker mientras que Newton Howard se ocupaba de los más dramáticos, especialmente de los que acompañan al personaje de Harvey Dent/Dos Caras (notablemente interpretado por Aaron Eckhart). Volviendo a “Why So Serious?”, Zimmer usó dos notas de violonchelo contrastadas entre sí y tocadas al unísono, para componer toda la track. Además, se valió de cuchillas contra cuerdas de metal para obtener ese característico sonido tan demente. Todo ello con un único objetivo: obtener el sonido del “caos”, que es lo que mejor define al personaje del Joker. Durante el making of de la cinta, Zimmer se refirió a esta pieza en concreto como “la melodía de la anarquía”, que precisamente es la filosofía del Joker durante toda la película. Esta es, sin lugar a dudas, una pieza maestra. De hecho, lo que hace grande a esta banda sonora en concreto son los pasajes musicales que se compusieron para los momentos que ocupa el Joker en pantalla.

Música para un héroe caído 

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«La score huye de artificios orquestales para enfatizar los dilemas morales del héroe en su descenso personal a los infiernos de Gotham City».

Zimmer y Newton Howard desestimaron la idea de que la audiencia pudiera tatarear fácilmente el tema principal de Batman (eclipsado Christian Bale ante la interpretación prodigiosa de Ledger), ya que tal cosa hubiese restado complejidad tanto al personaje del justiciero enmascarado como a la totalidad de la banda sonora. Es por esta razón que la score huye de artificios orquestales para enfatizar los dilemas morales del héroe en su descenso personal a los infiernos de Gotham City. Los maestros de la batuta recuperan el tema del héroe que ya sonó en Batman Begins (2005, Warner Bros. Records) durante el inicio y el final de este filme, sin abusar de él; además, los compositores rememoran musicalmente el tema de Batman compuesto por Danny Elfman para la película de Tim Burton de 1989, confiriéndole una notación aún más oscura acorde con esta partitura. Asimismo, los momentos musicalmente más dramáticos que acompañan al héroe, los podemos oír en los cortes “I Am The Batman”, “Agent Of Chaos”  y en la pieza-suite “A Dark Knight”, compuesta por Zimmer.

Las dos caras de la sonoridad 

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«Fue una lástima que Newton Howard no colaborara en la BSO del The Dark Knight Rises, su emotividad sonora se echa en falta en el conjunto de la score compuesta ya enteramente por Zimmer».

Como ya he apuntado en el párrafo del Jocker, Newton Howard se hizo cargo de componer las piezas musicales más dramáticas, estas son principalmente las que acompañan al incorruptible fiscal del distrito, Harvey Dent (efectivo Aaron Eckhart), apodado también: El caballero blanco de Gotham. Dispuesto a acabar con la mafia de Gotham City, por ironías del destino, Dent acaba convirtiéndose en un criminal que se coge la justicia por su mano, dejando sus elecciones complemente al azar de una moneda. Dent se convierte en Dos Caras tras perder a su prometida y sufrir unas horribles quemaduras que le desfiguran la mitad de su rostro. La tragedia de Harvey Dent, musicalizada por Newton Howard, ocupa una parte minúscula en el disco de The Dark Knight. Tan solo en los tracks “Harvey Two-Face”, “Blood on My Hands” y “Watch The World Burns” muestran el gran trabajo que Newton Howard realizó para la película de Nolan. En una entrevista, Newton Howard declaró que el “cabezapensante” de las scores de la trilogía del caballero oscuro era Zimmer y que sus propias composiciones no definían el tono de las películas. Fue una lástima que Newton Howard no colaborara en la BSO de The Dark Knight Rises, su emotividad sonora se echa en falta en el conjunto de la score compuesta ya enteramente por Zimmer. The Dark Knight obtuvo en 2008 el Grammy al mejor álbum de banda sonora para medio visual. Realmente, ambos se lo merecían: es una banda sonora maestra. 

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De izquierda a derecha, los maestros Hans Zimmer y James Newton Howard en 2008 ante un piano de cola.

«Iä! Iä! Cthulhu fhtagn!»: 80 años de la muerte del creador del horror cósmico, H. P. Lovecraft.

15/03/2017  Texto por: SAS

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«H.P. Lovecraft será siempre recordado por ser el autor que encabezó el género literario llamado horror cósmico.»

Hoy se cumplen 80 años de la muerte de Howard Phillips Lovecraft (1890—1935, Providence, Rhode Island) que fue, en pocas palabras, un genio de la literatura el cual encabezó la creación de un género literario nuevo: el horror cósmico. Y digo que lo encabezó porque fueron muchos otros autores los que aportaron piezas fundamentales para su consolidación. Autores como August Derleth, Lord Dunsany o Algernon Blackwood fueron escritores que contribuyeron a su gestación y proliferación pero, sin duda alguna, H. P. Lovecraft será siempre recordado como el autor que representó mejor este movimiento literario.

Lovecraft o la historia de una frustración vital

H. P. Lovecraft tuvo una vida difícil y llena de frustraciones. Rafael Llopis, estudioso y traductor al idioma castellano de la obra de Lovecraft, lo calificó con el apelativo de “el caballero solitario de Providence”, por su profusa afición a los paseos nocturnos en la más estricta soledad. En efecto, la ciudad de Arkham, ciudad donde se enmarcan la mayoría de los relatos de los Mitos de Cthulhu, es en realidad una metáfora de Providence. Lovecraft describe Arkham como una ciudad mistérica, decadente y sombría pero también muy provinciana.

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Panorámica de la ciudad de Arkham según la mirada del artista Michele Boticelli. Retoque fotográfico por SAS.

«Providence fue una fuente de inspiración para enmarcar los relatos de los Mitos de Cthulhu. Lovecraft describe Arkham en sus relatos como una ciudad mistérica, decadente y sombría pero también muy provinciana.»

Debido a la falta de recursos económicos, H. P. se mudó tres veces adquiriendo siempre domicilios más modestos. Vivió con sus dos tías tras la defunción de sus padres y, al igual que su admirado E. Allan Poe, empezó a malvivir de la escritura, época en la que Lovecraft se casó con una escritora aficionada y empresaria judía llamada Sonia H. Greene, yéndose a vivir a Brooklyn donde fracasó en su corto matrimonio. Además, H. P. no pudo dedicarse profesionalmente a lo que fue su pasión: la astronomía, debido a que fallaba mucho en matemáticas. Todo ello provocó que Lovecraft se refugiara en la escritura de relatos de razas de dioses atávicos y de epístolas —se cuentan alrededor de unas 100.000 (¡sic!)— a amigos suyos de profesión como Robert E. Howard (autor de Conan, el Bárbaro) con el que entabló una gran amistad hasta que se suicidó, hecho que sumió aún más a Lovecraft en su angustia vital.

Cthulhu, el gran legado de Lovecraft

Pero, a pesar de llevar una vida llena de frustaciones, H. P. Lovecraft se convirtió —aunque no en vida— en uno de los escritores de terror norteamericanos más célebres e influyentes junto a Edgar A. Poe o Stephen King, en mayor medida con su inmortal creación: Cthulhu, un dios primigenio aparecido por primera vez en la historia corta La llamada de Cthulhu (1928) publicada en la revista pulp “Weird Tales”. A Cthulhu lo describe como una especie de enorme calamar alado con miles de tentáculos en sus fauces de dimensiones ciclópeas y que yace durmiendo en algún lugar de las profundidades del Pacífico en la submergida ciudad de R’lyeh, esperando a que las estrellas y los planetas estén de nuevo alineados correctamente para volver a reinar sobre la Tierra.

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Cthulhu visto por la mirada artística de Disse86. Retoque fotográfico por SAS.

«Cthulhu fue la gran creación de Lovecraft por el que será siempre recordado, un dios ciclópeo con miles de tentáculos en sus fauces submergido en algún lugar de las profundidades del Pacífico.»

Cthulhu es la mejor creación del caballero solitario de Providence, aunque la “galería de monstruos” que creó fuera más amplia como Dagón, Nyarlathotep o Azathot. Lovecraft escribió mucho sobre los Mitos de Cthulhu pero en ningún otro relato igualó a La llamada de Cthulhu, sin duda, la piedra angular de toda la mitología lovecraftiana.

El Círculo de Lovecraft y su amplio legado

De hecho, si no hubiera sido por el trabajo del denominado Círculo de Lovecraft, una serie de autores como August Derleth, Robert Bloch, entre otros, con los que el autor de Providence se carteaba a menudo, el nombre de H. P. Lovecraft hubiera caído fácilmente en el olvido. Estos autores compartían ideas, personajes e historias y fueron construyendo entre todos ellos la cosmología de los Mitos. La publicación de Tales of the Cthulhu Mythos (1969, Arkham House), gracias al esfuerzo personal y económico de August Derleth, contribuyó en gran medida a que no se olvidara el legado de Lovecraft. A partir de ahí, numerosos escritores, cineastas y autores de cómic como Guillermo del Toro o Alan Moore estuvieron influenciados en sus creaciones por el caballero solitario de Providence. Del Toro planea desde hace años una adaptación cinematográfica fidedigna de la obra capital dentro de la bibliografía de Lovecraft como lo es En las montañas de la locura  (1931) y, por su parte, el brillante autor de Watchmen, Alan Moore ha guionizado la serie de cómics titulado Providence (2015—2017, Avatar Press), una adaptación muy personal que ha hecho junto al dibujante Jacen Burrows sobre la vida privada de H. P. Lovecraft en la que se entremezclan numerosos pasajes de su obra literaria como los relatos cortos Aire fríoLa sombra sobre Innsmouth entre otras historias. Además, H. P. Lovecraft se ha adaptado al cine en infinidad de ocasiones, incluso en la pequeña pantalla (la mítica teleserie Expediente X es un claro ejemplo de la influencia que ha ejercido Lovecraft en la cultura norteamericana). Aunque, personalmente, aún estoy esperando una adaptación fidedigna de La llamada de Cthulhu tal y como me la imaginé por primera vez, cuando leí a Lovecraft siendo aún adolescente y jugaba al popular juego de Rol basado en su genial obra, hace ya unos cuantos años atrás…

«Si no hubiera sido por el trabajo del denominado Círculo de Lovecraft con los que el autor de Providence se carteaba, el nombre de H. P. Lovecraft hubiera caído fácilmente en el olvido.»

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Portada del primer tomo de Providence, escrito por Alan Moore y dibujado por Jacen Burrows, una increíble y exquisita adaptación sui géneris en viñetas de la vida privada de H. P. Lovecraft.