«Las 8 caras diferentes del caballero oscuro»: breve dossier sobre los 8 actores que han llevado a Batman a la gran pantalla.

25/11/2017 Texto por: SAS

«Batman representa al eterno luchador contra el crimen hecho a imagen y semejanza de su tragedia personal: el asesinato de sus padres, denominador común de todos los actores que han dado vida al famoso justiciero nocturno.»

Si hace algún tiempo ya nos dedicamos a analizar en este mismo WordPress todo el elenco actoral que llevó a la pantalla al desquiciado personaje del Joker en la entrada titulada: «¡Ha! ¡Ha! ¡¡HA!! 76 años echándose unas risas: el Joker en el cine y en la TV», ahora, con el estreno hace escasos días de Liga de la Justicia (2017, Zack Snyder), en Panorámica de las artes nos proponemos “repasar a todos los actores” (en el buen sentido de la expresión) que alguna vez se pusieron para la gran pantalla el antifaz del mítico justiciero nocturno: Batman. Cada uno de ellos han ido aportando diferentes visiones del superhéroe creado por Bob Kane y Bill Finger en 1939, aunque el denominador común de todos los que han dado vida al famoso hombre murciélago ha sido el mismo; Batman representa el eterno luchador contra el crimen hecho a imagen y semejanza de su tragedia personal: el asesinato de sus padres por parte de miembros de la hampa de Gotham City.

Batman versión Lewis Wilson, heroísmo políticamente incorrecto

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«Wilson gozó de pocos alagos por parte de los críticos de la época que lo describieron como “un Batman físicamente poco atlético y con un marcado acento de Boston”; además de que la serie fuera considerada como racista por sus comentarios xenófobos contra los japoneses.»

La primera adaptación de Batman para la gran pantalla fue en 1943, cuando Columbia Pictures decidió adaptar las aventuras del hombre murciélago en un serial cinematográfico de 15 capítulos (no confundirlo con una serie en la que varias películas comparten personajes, escenarios y situaciones comunes, pero no son necesariamente continuación unas de otras).  El actor que encarnó a Batman por primera vez fue Lewis Wilson que, más que un superhéroe, era un agente secreto del gobierno norteamericano en misión de acabar con los agentes japoneses comandados por el malvado Dr. Daka (J. Carrol Naish). La serie puede ser vista hoy en día como propagandística, al realizarse en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, y marcadamente racista por sus comentarios xenófobos contra los japoneses como “japoneses ojos tramposos” o “retorcido cerebro oriental”. A pesar de tener una gran campaña comercial, la primera serie de Batman no gozó de demasiadas buenas críticas; estas la calificaron con frases despectivas como “farsa pretenciosa”. Asimismo, Wilson gozó de pocos alagos por parte de los críticos de la época que lo describieron como “un Batman físicamente poco atlético y con un marcado acento de Boston” como si el hecho de ser de Boston fuese un insulto…

Batman versión Robert Lowery, detective enmascarado

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«El Batman de Robert Lowery bebió mucho del estilo de los primeros cómics de Batman creados para la DC, donde primaba el estilo policíaco y las tramas detectivescas.»

A pesar de las flojas críticas, Columbia decidió hacer una secuela de la primera serie de Batman con 15 episodios más titulada Batman y Robin (1949, Spencer Gordon Bennet). En esta ocasión, el testigo de Lewis Wilson lo recogería Robert Lowery como el justiciero enmascarado, alias Batman. Hijo de un abogado e inversor petrolífero y de una concertista de piano, Lowery viajó a Hollywood tras la muerte de su padre donde estudió arte dramático y fue contratado en 1937 por la 20th Century Fox. Tras haber trabajado en películas de acción como El signo del Zorro (1940, Rouben Mamoulian) o The Mummy’s Ghost (1944, Reginald Le Borg), su gran oportunidad para triunfar vino cuando Columbia le ofreció interpretar la segunda adaptación de Batman para la gran pantalla. En dicho serial, se obviaron los villanos clásicos de los cómics como El Joker o El Pingüino y los artífices del serial decidieron crear a “El Mago”, un villano que se mantendría oculto durante la totalidad de la serie. Batman, acompañado por su fiel aliado Robin, deberá desenmascarar a El Mago en un juego detectivesco que bebió mucho del estilo de los primeros cómics de Batman creados para la DC, donde primaba el estilo policíaco y las tramas de detectives.

Batman versión Adam West, histrionismo comedido

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«Adam West continuó desempañando la versión más histriónica de Batman de las que se verían a posteriori, mostrándose algo más comedido que sus particulares compañeros de reparto.»

En 1966, la 20th Century Fox, propietaria de los derechos del hombre murciélago, decidió llevar a la gran pantalla una película basada en la popular serie de televisión de las aventuras de Batman y Robin. El que lo encarnó por tercera vez en el cine fue el mismo Adam West, actor encargado de dar también vida a Batman en la pequeña pantalla. La línea de la película (que, por cierto, no tuvo distribución en España debido a que no pasó la censura franquista por una secuencia en la que se pariodaba al embajador español) era exactamente la misma de la serie de TV, donde primaba el humor más que otra cosa. Adam West continuó desempeñando la versión más histriónica de Batman de las que se verían a posteriori, mostrándose algo más comedido que sus particulares compañeros de reparto.

Batman versión Michael Keaton, elegante sobriedad 

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«La elección de Michael Keaton para interpretar el rol de Batman fue duramente criticada por los creadores originales del personaje, que tuvieron que morderse la lengua tras ver en pantalla el magnífico trabajo de Keaton como el caballero oscuro de Gotham.»

En 1989, Warner Bros. decidió explotar cinematográficamente la franquicia Batman, derechos que había comprado a principios de los años 80 a los productores Peter Guber y Jon Peters y que, a su vez, estos habían adquirido tras abandonar PolyGram Pictures. El estrafalario director Tim Burton, conocido por su notable éxito Bitelchús (1988), fue el elegido para coreografiar toda la función. Los productores Guber y Peters se fijaron en Michael Keaton para interpretar el rol de Batman, elección que fue duramente criticada por los creadores originales del personaje en las viñetas de los cómics, envueltos también en la primera superproducción del héroe por la industria hollywoodiense. Alegaban falta de seriedad en su anterior trabajo donde Keaton hizo del irreverente Bitelchús. Sin embargo, el actor desarrolló una de las interpretaciones más significativas del superhéroe de la DC y fue copiada profusamente por sus predecesores. Su sobriedad con un punto de elegancia (debido al estatus elevado de Bruce Wayne) marcó tendencia y su estilo en cierta medida fue repetido hasta, por lo menos, nuestros días con la interpretación de Affleck como el filántropo multimillonario. Bob Kane y los demás creadores tuvieron que morderse la lengua tras ver en pantalla el magnífico trabajo de Keaton como el caballero oscuro de Gotham, por lo que repitió rol en la secuela Batman vuelve (1992, Tim Burton).

Batman versión Val Kilmer,  correcto narcisista 

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«La actuación de Kilmer, a pesar de ser correcta, no fue más allá de la de Keaton; a nivel interpretativo su opción fue la de copiar a su predecesor aunque gustándose mucho a sí mismo con el variopinto repertorio de “modelitos” que este luce durante toda la película.»

Según el director Joel Schumacher, el director de Batman Forever (1995) y Batman & Robin (1997), el actor que encarnó por tercera vez en la gran pantalla al caballero oscuro, Val Kilmer, fue el mejor Batman de todos los tiempos. Lo dice el iluminado que se le ocurrió poner pezones en la coraza de Batman, cosa que iba específicamente en contra de las ideas de Bob Kane, uno de los creadores del personaje. Si bien la versión de Kilmer sobre el vengativo enmascarado no distaba mucho de la de Keaton, el tono que le imprimió Schumacher a la cinta resultó ser diametralmente opuesto al de Burton por mandato expreso de la productora de la película: Warner Bros. La Warner quiso eliminar cualquier referencia gótica “burtoniana” vista en las dos anteriores entregas y hacer un Batman “para todos los públicos”. La versión colorista de Schumacher, basada en un guión más accesible para el público llano (obra de Lee y Janet Scott Batchler) y la incorporación del personaje de Robin (Chris O’Donnell), apostaron por ello. La actuación de Kilmer, a pesar de ser correcta, no fue más allá de lo que hizo en su momento Michael Keaton a nivel interpretativo; su opción fue la de copiar a su predecesor aunque gustándose mucho a sí mismo con el variopinto repertorio de “modelitos” que este luce durante toda la película.

Batman versión George Clooney, penitente murciélago 

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«El fiasco artístico de Clooney lo arrastró durante años y, siempre que puede, pide disculpas por su burda interpretación del hombre muerciélago.»

Hasta 17 veces George Clooney ha tenido que pedir perdón por su burda interpretación del hombre muerciélago, la última de ellas al mismísimo Adam West, el actor que lo encarnó por primera vez para la gran pantalla y por el que es recordado con cariño entre todos los fans de Batman. La fórmula Batman/Kilmer acabó con pésimos resultados entre los miembros del equipo debido al peculiar carácter de la estrella, y los productores decidieron despedirlo. David “Mulder” Duchovny fue considerado para portar la máscara del caballero oscuro, aunque la responsabilidad de interpretarlo recayó finalmente en la superestrella George Clooney. Clooney tuvo que compaginarse los rodajes de la exitosa serie ER (NBC, 1994-2009) con el de Batman & Robin (1997, Joel Schumacher) y el resultado fue desastroso: Clooney se dedicó a copiar de manera un tanto patosa los movimientos de Adam West en las secuencias de acción y a nivel interpretativo, dio una versión demasiado ridícula de Bruce Wayne. Chris O’Donell (de vuelta como Robin), Alicia Silverstone (que encarnó a Batgirl) y Arnold Schwarzenegger (como un patético RoboCop errante, haciendo de Mr. Freeze) se dedicaron a empeorar la función. El fiasco artístico de Clooney lo arrastró durante años y, siempre que puede, pide disculpas por ello…

Batman versión Christian Bale, calidad shakespeariana

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«La interpretación de Bale fue por el mismo camino que la dirección de Nolan: sin demasiados artificios y ahondando más en la psique interna y en las motivaciones personales del personaje; llevó a un estadio superior la interpretación de Keaton.»

El aclamado director Christopher Nolan, que saltó a la fama por la dirección del thriller psicológico Memento (2000), fue el elegido para resucitar la saga del hombre murciélago en 2005 con nuevo actor para interpretar al atormentado multimillonario Bruce Wayne: este fue Christian Bale, actor que, por aquel entonces, contaba con treinta y un años. El binomio Nolan/Bale duró para tres filmes: Batman Begins (2005), The Dark Knight (2008) y The Dark Knight Rises (2012). La visión que Nolan tenía del superhéroe era la más humana de todas, se presentaba en la pantalla sin demasiados artificios y la interpretación de Bale fue por ese mismo camino. Begins fue la presentación de la trilogía; resultó ser una grata sorpresa porque ya hizo el esfuerzo de presentar a Batman de una manera diferente: ahondando más en la psique interna y en las motivaciones personales del personaje. Dark Night fue la cúspide de la creatividad y del éxito de la saga desarrollada por el tándem Nolan/Bale, un increíble éxito de taquilla que logró recaudar la friolera de 1 billón de dólares. Rises, el final de la trilogía de Nolan, no resultó tan redonda como sus anteriores precuelas pero continuó batiendo rércords de taquilla, superando el escandaloso taquillaje que logró su antecesora. Nolan hizo llevar a Bale a una interpretación cuasi shakespeariana con el personaje de Batman, sobre todo con la segunda película de su particular trilogía, donde Bruce Wayne pierde a su amada Rachel (Maggie Gyllenhaal) por culpa del Joker (Heath Ledger) y debe incriminarse para salvar la reputación de Harvey Dent/Dos Caras (Aaron Eckhart). La profundidad que supo darle Christian Bale al justiciero enmascarado es digna de admiración y, saltándonos los anteriores actores, llevó a un estadio superior la interpretación de Keaton.

Batman versión Ben Affleck, desvalorado gordinflón 

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«Cuando Batman v Superman vio la luz, las críticas pésimas contra la interpretación de Affleck hicieron que el actor se sintiera profundamente apenado. A pesar de ello, Affleck ha sabido aportar otra visión de Batman: la de un gordinflón cansado de luchar contra el crimen.»

Y llegamos hasta la ultimísima versión que tenemos hasta la fecha del hombre murciélago para la gran pantalla, la que ha llevado a cabo el actor Ben Affleck en Batman v Superman: el amanecer de la justicia (2016, Zack Snyder), Escuadrón suicida (2016, David Ayer) y la recién estrenada Liga de Justicia (2017, Zack Snyder), actor ya experimentado en películas del género de superhéroes por su papel de Matt Murdock en Daredevil (2003, Mark Steven Johnson). La comunidad de fans, al enterarse que Affleck iba a ser el nuevo Batman en el reboot de la saga por parte de Snyder, comenzaron a criticar duramente tal elección. Cuando, finalmente, la película vio la luz, llovieron las críticas pésimas contra la interpretación de Affleck. Según el web del prestigioso diario The Guardian, tales críticas humillaron al actor hasta tal punto que dijo sentirse “profundamente apenado”. El que escribe esta entrada admite asimismo haber sentido inicialmente desconfianza de que Affleck estuviera a la altura del personaje, pero los productores del nuevo Batman han sabido dibujar a un Bruce Wayne entrado ya de lleno en su segunda madurez y cansado de los golpes que comporta enfundarse con el traje negro del murciélago justiciero. A pesar de las malas críticas recibidas, Affleck ha sabido aportarle una nueva visión a Batman: la de un gordinflón cansado de luchar, y que necesita de un equipo para seguir combatiendo el crimen.

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Caricatura de Sergi y Fanny (y ¡Cthulhu!).

Ahí va una caricatura muy molona que nos hizo nuestro amigo Tomás Gallego a mi mujer y a mi para nuestro álbum de despedida de solteros. ¡Qué pillín… No le tendría que haber confesado mis gustos personales! Hehehe…

Rolling Tumaket: Dibujos y Bocetos

Dibujo: Tomás Gallego
Color: Tomás Gallego & Sonia López

Caricatura de mis dos amigos Sergi y Fanny para incluir en un álbum de dibujos que los amigos de Bellas Artes preparamos para su despedida de solteros 🙂

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Saga cinematográfica de «Thor»: de Shakespeare a Auronplay…

07/11/2017 Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL/LOS ARGUMENTO/S DE LA/S PELÍCULA/S QUE SE HABLA/N A CONTINUACIÓN.

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Los tres pósters de la trilogía cinematográfica de Thor. De izquierda a derecha: Thor (2011, Kenneth Branagh), Thor: El mundo oscuro (2013, Alan Taylor) y Thor: Ragnarok (2017, Taika Waititi).

«La saga cinematográfica del dios del trueno ha ido degenerando de tal manera que las profundidades psicológicas del héroe se han esfumado con el paso de los años.»

Es una de las sagas más rentables (por detrás de Iron Man, cuya tercera parte recaudó la friolera de 1,2 billones de dolares, con “b” de “burro”) de lo que se conoce ya en el mundo del celuloide como “Universo cinematográfico de Marvel”, universo iniciado hace tan solo nueve años con el superhéroe del citado título: Iron Man (2008, Jon Favreau). Desde que la saga cinematográfica del dios del trueno se iniciara en 2011, Thor ha pasado por las manos de tres directores diferentes: Kenneth Branagh, Alan Taylor y Taika Waititi y, asimismo, ha ido degenerando de tal manera que, a pesar de mantenernos el divertimento entre el público varón y provocar alaridos entre las féminas de la sala, las profundidades psicológicas del héroe se han esfumado con el paso de los años.

Thor, versión Kenneth Branagh, o representando Shakespeare en Asgard

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Chris Hemsworth como Thor, el nórdico canónico por excelencia con tintes shakesperianos.

La primera de todas, sin duda, fue la mejor. Thor se orquestó bajo la batuta de un experto en representar Shakespeare tanto en los escenarios teatrales como en la gran pantalla: Kenneth Branagh, un director que poseía la solvencia de haber dirigido varias adaptaciones del célebre dramaturgo inglés para cine tales como Mucho ruido pero pocas nueces (1993), Hamlet (1996) o Trabajos de amor perdidos (2000).

«La primera de Thor poseía un elenco actoral y un director (Kenneth Branagh) dignos del mejor drama de William Shakespeare.»

El elenco actoral, encabezado por Chris Hemsworth (Thor) y secundado por los efectivos Anthony Hopkins (Odin), Tom Hiddleston (Loki), Rene Russo (Frigga) y Idris Elba (Heimdall), entre otros, hicieron gozar al respetable de unas interpretaciones dignas de un drama de William Shakespeare, aunque ambientado en Asgard, el mundo celeste donde transcurre el primer acto de la función. Luego, tras el destierro de Thor a la Tierra y el hallazgo por parte de la Dra. Jane Foster (Natalie Portman) y por los agentes de S.H.I.E.L.D. del semidios asgardiano, la película decae ligeramente para volver a recuperar la épica en el último tramo del filme. Resultó ser un magnífico debut cinematográfico del personaje creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber, digno del superhéroe al que se refiere.

Thor, versión Alan Taylor, o cómo volver a ser épico añadiendo dosis de humor 

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Chris Hemsworth volvió a encarnar una visión épica del superhéroe en Thor: El mundo oscuro, aunque dejando más margen al humor.

En 2013 se estrenó la segunda parte de las aventuras épicas de Thor; la dirigió Alan Taylor, futuro director de la desafortunada Terminator Génesis (2015) y cuya mayor contribución a la saga fue las dosis de humor que supo añadirle al conjunto del filme.

«Alan Taylor le supo añadir a la saga de Thor las dosis de humor adecuadas.»

Lo cierto es que las películas que se produjeron posteriormente a la primera versión cinematográfica de Thor, es decir, toda la fiebre que se generó a raíz del estreno de Los Vengadores (2012, Joss Whedon), apostaron por el humor como base potente a la hora de construir los guiones del Universo Cinematográfico de Marvel. Taylor no tenía más remedio que introducir también ese humor en el mundo de Asgard, aunque supo hacerlo con cabeza y con cierta elegancia (resulta divertida la frase de Thor: “¿El siguiente?” al convertir a un monstruo rocoso en un conjunto de piedras tras haberle propinado un martillazo).

Thor, versión Taika Waititi, o Thor versión Auronplay 

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La versión más gamberra y payasa de Thor: Chris Hermswoth en Thor: Ragnarok. 

Y llegamos al último experimento cinematográfico de Thor titulado Thor: Ragnarok, película firmada por Taika Waititi, realizador neozelandés que, además, interpreta al simpático y digital Korg, un kronan parecido al que se carga Thor en la segunda parte y del que se hace amigo y aliado en esta tercera entrega.

«La última producción de Thor es más parecida a un vídeo de YouTube escrito por Auronplay que a la tercera parte del dios del trueno, divertida pero con pocos momentos trascendentales.»

Lo cierto es que si esta última superproducción de Thor conserva algo de la profundidad psicológica que poseía la primera, es del todo anecdótica. Thor (versión Waititi), divertida pero con pocos momentos trascendentales, es más parecida a un vídeo de YouTube escrito por Auronplay que a la tercera parte del dios del trueno, donde la improvisación forma más parte del guión que la literatura de la que gozaban las dos anteriores entregas. Aquí, los actores parecen inventarse el guión sobre la marcha en vez de recitarlo con dramatismo como nos tenían acostumbrados en las dos anteriores precuelas. Ni la aparición de Hela (Cate Blanchett), la diosa de la muerte y hermana por sorpresa de Thor, logra poner orden en el desconcierto de chistes malos y falta de épica. Tan solo el personaje de la Valquiria (Tessa Thompson) vuelve a traernos ecos de la gran epopeya de Asgard que, con el Ragnarok, parece haberse volatilizado.

«Blade Runner 2049»: 49 pequeños aciertos y 2 grandes errores de la secuela más esperada de la historia del cine.

17/10/2017  Texto por: SAS

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE GRAN PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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El increíble despliegue mercadotécnico de la película nos invita a “elegir” el póster original de la película. En este collage de portadas seleccionamos solamente algunas de las candidatas…

«La secuela de Blade Runner, a pesar de distar sustancialmente de la original, tiene pequeños aciertos pero también grandes errores.»

Últimamente, ir al cine es un caos, empezando por el sistema mismo de adquisición de las entradas: cuando intentas aprovechar alguna oferta, esta caduca o bien es víspera de festivo y algunos cines te cobran los “9 eurazos” que ya vale una entrada “normal”. Por suerte, algunos cines AÚN conservan como gentileza el “sagrado” día del espectador, día en que aproveché para ir a ver la secuela de un clásico de la ciencia ficción: Blade Runner (1982 Ridley Scott) que, a pesar de distar sustancialmente de la original, tiene muchos pequeños aciertos pero también algunos grandes errores, los cuales ahora me dispongo a relatar. Empecemos, no obstante, por sus aciertos que son muchos y de muy diferente índole.

Los 49 pequeños aciertos

1) La dirección de Denis Villeneuve, desde luego, es lo mejor de la película. El director canadiense sabe captar la esencia de lo que hizo su predecesor Ridley Scott 35 años antes que él y desarrolla magistralmente la secuela de Blade Runner a su propia manière de faire.

2) Ryan Gosling, interpretando al agente K, es el homólogo perfecto de Harrison Ford haciendo de Deckard en los tiempos de antaño: mirada fría, gestos duros, expresión severa y varonil.

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Ryan Gosling, el prototipo perfecto del Blade Runner (o asesino de replicantes), a la altura de lo que hizo en su día Harrison Ford en la original.

3) Benjamin Wallfish y Hans Zimmer en la banda sonora de la película que, a mi juicio, iguala o supera a la original, compuesta por el griego Vangelis en 1982, de la cual se escuchan numerosos ecos en la actual.

4) El retorno de Hampton Fancher en la historia original, aunque el guión final firmado por él mismo a cuatro manos junto a Michael Green, no esté al mismo nivel que el argumento.

5) Ana de Armas y su memorable interpretación del holograma Joi: de una inocencia, pureza y sensualidad cautivadoras que se convertirá, sin duda, en un mito erótico con el paso del tiempo.

6) Sylvia Hoeks como la gran malvada de la función, interpretando a Luv, el brazo ejecutor de Wallace (Jared Leto), una especie de ángel exterminador que, sencillamente, resulta sobrecogedora.

7) El clímax final de la película, que sucede en un aerodeslizador hundiéndose de la Wallace Corporation, de tal fuerza que corta la respiración.

8) La dirección artística de David Doran y su equipo, diseñada a base de líneas puras, contrasta aunque, extrañamente, se corresponde con el diseño artístico de la original de 1982, otrora obra de David Snyder.

9) La secuencia inicial del “retiro” de Sapper Morton (un Nexus 8), de un tempo magistral y de una desgarradora puesta en escena.

10)  Siguiendo con el personaje de Sapper Morton, la frase que este le espeta a K: “Vosotros, los nuevos os conformáis con trabajos de mierda, porque nunca habéis visto un milagro…”, frase que va cobrando vigor a medida que el filme va avanzando.

11)  La idea del apagón que se explica ha borrado todos los datos informáticos del planeta y que se menciona durante toda la película; en la actualidad es algo que los científicos nos advierten que podría ser plausible.

12) El personaje de la creadora de recuerdos, la Dra. Ana Stelline (Carla Juri) que es la mejor “manufacturadora” de implantes de recuerdos para replicantes que los hacen más humanos, y cómo la vemos trabajar. Sin duda, una de las mejores ideas plasmadas en el filme.

13) Jared Leto, que interpreta al ciego y siniestro propietario de la Wallace Corporation, Niander Wallace, que es una versión aún más oscura del genético Eldon Tyrell visto en la primera película y cuyo papel, en solo dos secuencias, parece estar desaprovechado. Para interpretarlo, Leto usó lentillas opacas durante todo el rodaje e hizo la prueba de cámara simulando una ceguera total.

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Jared Leto interpreta al siniestro Niander Wallace, una especie de Dios de la biomecánica cuyo papel parece estar desaprovechado en el filme de Villenueve.

14) La metáfora del despacho de Wallace, cual especie de Edén y las continuas referencias hacia la creación divina. De hecho, Wallace se refiere a Luv (Sylvia Hoeks), su fiel ayudante, como su “mejor ángel”.

15) La frase: “El código pródigo ha vuelto”, en la misma línea religiosa que la anterior metáfora, que Luv le dice al agente K cuando este acude con el mechón de pelo de Rachel a la Wallace Corporation.

16) Los fragmentos del audio-test Voight-Kampff de Deckard a Rachel que reaparecen a lo largo de la secuela y que hacen cohesionar los dos filmes de manera nostálgica.

17) La visionaria idea del mar contenido por los muros de la ciudad de Los Ángeles (que, por otra parte, es donde transcurre el clímax de la película), final hacia donde parece desgraciadamente dirigirse todas las ciudades costeras del planeta Tierra.

18) La rica paleta de colores que contiene la película, a diferencia de la primera donde todo era lúgubre, aquí se usa el gris mortecino para los campos de gusanos (proteínas), la oscuridad de la ciudad de L.A. (vista ya en la primera parte) y el rojo marciano para plasmar el desértico y radiactivo paisaje de Las Vegas.

19) El impresionante trabajo de efectos visuales donde se han coordinado más de 10 empresas diferentes (incluyendo Weta Workshop, responsable de los efectos visuales de El señor de los anillos).

20) La secuencia del holograma gigante de Joi (modelo japonesa) y K, de una belleza, sensualidad e, incluso, metafísica abrumadoras.

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Quizá la secuencia más recordada de la película con un subtexto claramente metafísico: K y la holografía gigante de Joi, sin duda, abrumadora.

21) La idea de los cortos: Blade Runner Black Out 2022, Blade Runner 2036: Nexus Dawn y Blade Runner 2048: Nowhere To Run, pese a estar dos de ellos mediocramente dirigidos por Luke Scott, hijo de Ridley Scott, han sido una buena idea para explicar algunos conceptos de los que trata Blade Runner 2049.

22) Las escenas del test post traumático que tiene que superar K tras un “retiro”, el cual recuerda ligeramente al test Voight-Kampff, aunque de una frialdad y asepsia mayor que el test anteriormente mencionado.

23) El tema de la mitomanía americana en los hologramas de Elvis, Marilyn Monroe y Frank Sinatra.

24) El personaje del simpático Doc Badger (de habla interlingua) que ayuda a identificar el trozo del caballo de madera de K, un guiño al mundo suburbial de los “artesanos tecnológicos” de la primera parte.

25) La apocalíptica secuencia del bombardeo en el vertedero al mismo tiempo que vemos, gracias a un sencillo pero magistral montaje alternado, que quien está ordenando el fuego es Luv mientras un chino le está haciendo la manicura; la secuencia resulta de un humor negro apabullante.

26) Robin Wright interpretando a la teniente de policía Joshi, la jefa de K, cuya convincente actuación emula a la que hizo el actor Emmet Walsh que dio vida al capitán Bryant en la original dirigida por Scott.

27) El debate moral entre K y su jefa, que es humana, y especulan sobre el “alma” de los replicantes.

28) Siguiendo con la peculiar relación entre los dos personajes a los que hemos aludido en el anterior punto, la tórrida proposición de la teniente Joshi a K cuando esta le insinúa en el apartamento del androide: “¿Qué pasaría si me la acabara?” refiriéndose a una botella de whisky. La respuesta de K es lo suficientemente explícita: “¿No debería volver al trabajo, señora?”

29) La frase que K le dice a Joi cuando el detective empieza a recabar información sobre el caso de los huesos encontrados en la granja de Supper Morton y descubre que el patrón genético de los humanos se basa en cuatro elementos: “Yo solo tengo 2, cero y uno” le dice pesarosa Joi a K: “La mitad pero el doble de elegante” le consuela el replicante con esta frase sardónica, que nos recuerda a los mejores momentos de Harrison Ford en la Blade Runner original.

30) La secuencia de Rachel (Sean Young), recreada digitalmente para la película, al igual que la recreación de la actriz Carrie Fisher como la joven princesa Leia para Rogue One (2016, Gareth Edwards), es una grata sorpresa.

31) Durante la misma secuencia anteriormente mencionada, el monólogo de Wallace donde este le explica a Deckard el “diseño del amor” y que hace referencia directa a la corriente filosófica determinista.

32) La escena en la azotea bajo la lluvia entre Joi y K, de una belleza fílmica incuestionable, donde las gotas de lluvia traspasan el cuerpo ingrávido de la chica holográfica, que intenta experimentar una nueva sensación tras haberla liberado K de la prisión en la que se había convertido su proyector en el techo.

33) La reveladora frase de Joi a K en la que le alienta a pensar de que no es replicante sino humano: “Nacido, no fabricado…”

34) La secuencia de la visualización del recuerdo de K por parte de la Dra. Stelline, de la que se omiten las imágenes y tan solo nos quedamos con las expresiones de la actriz mientras el espectador oye los sonidos del recuerdo que previamente ya ha visto tras habérselo contado K a su jefa. Un inteligente montaje, obra de Joe Walker, que convierte al espectador en cómplice del recuerdo de K.

35) El cameo de Edward James Olmos como el anciano Gaff postrado en un asilo mientras lo interroga el agente K y este, Gaff, vuelve a hacer un misterioso origami que le entrega al nuevo Blade Runner en cuestión…

36) El eco que se hace en la película sobre el tema de la extraña despoblación de abejas que existe a nivel mundial, un problema medioambiental que, en la película, queda apuntado en una onírica secuencia protagonizada por K.

37) La secuencia del nacimiento/asesinato de una mujer replicante, en la que Wallace (Jared Leto) actúa de manera implacable, a manera del Dios del Antiguo Testamento, es de una trascendencia comparable al asesinato de Tyrell por parte de Roy (el Nexus 6, antagonista en la primera Blade Runner).

38) La frase de aires existencialistas: “Antes de saber ni siquiera qué somos, tememos dejar de serlo” que pronuncia Wallace en la secuencia anteriormente mencionada.

39) Prosiguiendo con el personaje de Wallace, su contundente y controvertida frase: “Todas las civilizaciones se han construido con mano de obra desechable” que puede remitirnos a algunas de las teorías “conspiranoides” más conocidas.

40) El plano de varios moldes de Nexus suspendidos en el interior de unas urnas gigantes, los cuales evocan claramente a los ingenieros de Prometheus (2012, Ridley Scott) y cuya aparición parece identificarse dentro de una especie de universo críptico con el sello de fábrica Free Scott Productions.

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El plano en cuestión de los Nexus suspendidos en las gigantescas urnas de cristal es, en sí mismo, reconocible con el universo que el cineasta Ridley Scott ha estado construyendo en otros filmes producidos por él mismo.

41) La crítica social en la secuencia del vertedero de chatarra en la que se muestra a cientos de niños trabajando en condiciones inhumanas y de esclavitud, tal como los niños del tercer mundo en países como China o Tailandia.

42) La frase que Joi le contesta a K cuando este se refiere a contener todos sus datos (“data” en argot informático) dentro del emisor móvil que K le ha regalado: “¡Si le pasa algo a esto, te irás!”  le explica trágicamente K a Joi y esta le alecciona: “Sí, como una chica real.”

43) La cruel frase que Luv le dice a K cuando esta destroza el emulador portátil con la “data” de Joi: “Ojalá haya disfrutado de nuestro producto…” y la chica holográfica “muere” justo después de poder decirle a K “Te quier-“.

44) El diseño de sonido, obra de Theo Green y su equipo, que respeta a la original a la vez que innova en una amplia serie de sonidos “cavernosos” como el de los aposentos de Wallace o el Casino de Deckard.

45) La dirección de fotografía, obra de Roger Deakins, que respeta la anterior de Jordan Cronenweth y la lleva un paso más allá, imprimiendo una dimensión onírica en la mayor parte del filme de Villenueve.

46) La evolución psicológica del personaje de K que nos da a pensar que puede ser humano en vez de replicante, algo diametralmente opuesto a lo que sucedía con el personaje de Deckard en la primera parte (un ser humano que nos sugerían que podía tratarse de un replicante).

47) La penúltima secuencia en la que, supuestamente, “muere” K, en donde vuelve a sonar el tema de la muerte de Roy, compuesto por Vangelis para la primera parte, como una especie de homenaje, y que resulta uno de los temas más añorados por los fans de la primera parte.

48) La publicidad encubierta que se va repitiendo a lo largo de la película y que hace referencia a marcas “filiales” de la propia película: Sony (es la propia productora del filme), Atari (es la productora del futuro videojuego) y alguna más, aunque es una práctica de marketing bastante controvertida, resulta hasta natural en la cinta.

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La bella estampa del holograma de Atari, proyectada entre unos edificios, es una de las marcas encubiertas dentro de Blade Runner 2049 con el que, además, Villeneuve compone un hermoso mural futurista.

49) Aunque esto no vaya implícito con la película per se, el obvio fracaso de taquilla que está obteniendo alrededor del mundo (de los 150 millones de presupuesto, a más de una semana desde su estreno, tan solo ha conseguido recaudar cerca de 100), al igual que su predecesora, esto le augura la categoría de filme de culto que, seguro, conseguirá muy pronto.

Los 2 grandes errores

1)  Aunque parezca mentira, Harrison Ford. A sus 75 años, Ford parece haber perdido “misteriosamente” sus capacidades interpretativas. Da igual que esté interpretando al pirata espacial Han Solo en El despertar de la Fuerza (2015, J. J. Abrams), al intrépido aventurero Indiana Jones en El reino de la calavera de cristal (2008, Steven Spielberg) o bien al ex-Blade Runner Rick Deckard en Blade Runner 2049: Harrison Ford hace de Harrison Ford en todos estos papeles. Exceptuando su irónica frase: “Sus ojos eran verdes” (marca de la casa “Harry”), la interpretación que brinda el actor durante el resto de la película resulta bastante prescindible.

«Los dos errores principales de Blade Runner 2049, a mi parecer, son, por un lado, la falta de interpretación de Harrison Ford y, por otro, la previsibilidad de algunas de las secuencias que parecen “robadas” descaradamente de otras películas.»

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Deckard (Harrison Ford) y su puñetero perro, casi lo peor de la película.

2) La previsibilidad de algunas escenas y la sensación de que parecen estar “robadas” descaradamente de otras películas del mismo u otros géneros, como, por ejemplo, Ghost (1990, Jerry Zucker) en la secuencia en la que Joi “usa” el cuerpo de una prostituta para (lo diremos finamente) hacer el amor con K es, en sí, la misma secuencia que cuando Sam (Patrick Swayze) “usa” el cuerpo de Oda Mae Brown (Whoopi Goldberg) en la película de 1990 dirigida por Zucker. O, para más inri, la relación amorosa que hay entre K y Joi parece fusilada de una película de bajo presupuesto del mismo género titulada Cherry 2000 (1987, Steve De Jarnatt), filme protagonizado por una jovencísima Melanie Griffith, donde se relata la misma relación entre un hombre y su “juguete” sexual.

En consecuencia decir que Blade Runner 2049, casi podría haber superado a la original (cosa que ya era casi imposible), de no haber sido por estos dos errores que, aunque se le pueden perdonar, pesan demasiado en el metraje filmado por Villenueve, el cual parece haber cumplido un sueño: “Cuando vi Blade Runner quedé impactado. La visión de Ridley Scott tocó muchas fibras. Pude reconocer inmediatamente el impacto que tendría en el mundo cinematográfico. Ahora, he recibido la maravillosa oportunidad de continuar la historia y dirigir Blade Runner 2049. ¡Muy bien, Denis: un 9 sobre 10!

“¡Mira detrás de ti! ¡Hay un mono con tres cabezas!”: Más de un cuarto de siglo de «The Secret of Monkey Island».

3/10/2017 Texto por: SAS

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Portada del videojuego de 1990 creada por el artista Steve Purcell: todo un regalo para la vista.

Un videojuego que creó tendencia 

Este octubre se cumplen 27 años de un videojuego mítico dentro de su propio género (algo que en los noventa pegó muy fuerte llamado aventuras gráficas). Este mismo género de videojuego derivaba de las aventuras conversacionales en donde el usuario avanzaba en la trama del juego a través de una serie de comandos a modo de verbos básicos como, por ejemplo, “leer libro”. Las aventuras gráficas fueron una evolución de las aventuras conversacionales en el sentido que el jugador ya no sólo avanzaba en la acción solamente usando una linea básica de comandos, sino resolviendo una serie de puzzles, cada cual más complicado.

«The Secret of Monkey Island creó tendencia entre los videojuegos de aventura gráfica del tipo “point and click” siendo una hábil combinación de dificultad en los puzzles, diálogos mordaces y grandes dosis de sentido del humor.»

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La frase más recordada del videojuego: “¡Mira detrás de ti! ¡Hay un mono con tres cabezas!”

The Secret of Monkey Island (El secreto de la isla del mono, generalmente abreviado “Monkey Island”) no fue pionero en su propio género pero sí creó tendencia entre los videojuegos de aventura gráfica del tipo “point and click” siendo una hábil combinación de dificultad en los puzzles, diálogos mordaces y grandes dosis de sentido del humor.

Un videojuego con “Seguro de vida”

Pero, de hecho, el género de las aventuras gráficas lo popularizó la compañía Sierra Entertainment y no Lucasfilm Games (como muchos se creen) con su saga épica de King Quest o la del playboy Larry Leisure. El defecto que tenían estas aventuras gráficas era que el usuario podía “morir” en muchas ocasiones durante el videojuego. Los diseñadores de las aventuras de Lucasfilm se propusieron que “la muerte” nunca fuera un problema en sus videojuegos para el jugador. En el videojuego de Monkey Island, nuestro héroe tan sólo podía morir una vez durante el videojuego y era realmente difícil no descubrir cómo evitarla. Para ello disponíamos de 10 minutos para que a Guybrush Threepwood, el muchacho que desea convertirse en pirata, se le ocurriera coger el pesado ídolo para evitar morir ahogado bajo el astillero de la isla de Mêlée.

«Los diseñadores de las aventuras de Lucasfilm se propusieron que “la muerte” nunca fuera un problema en sus videojuegos.»

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La única manera de “matar” a Guybrush: dejarlo bajo del mar 10 minutos, capacidad pulmonar de nuestro simpático héroe.

La tradición de la “muerte única” siguió en la segunda parte de la saga Monkey Island 2: LeChuck’s Revenge cuando Guybrush estuvo colgado de un hilo (lo digo de manera literal) junto a un cartógrafo llamado Wally. Nuestro simpar héroe debía escupir bien (sí, sí, habéis leído bien: “escupir”) para salir de la cámara de torturas donde lo tenía preso el terrible pirata zombi LeChuck, archienemigo de Guybrush en todas las partes de la saga.

Un videojuego con polémica incluida 

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El creador de Monkey Island, Ron Gilbert en 1990 (derecha) y su homólogo pixelado (izquierda) fue la mente creativa del videojuego junto a Tim Schafer y Dave Grossman.

Ron Gilbert, programador autodidacta desde que casi tenía uso de razón, fue el padre de Guybrush y de toda la retahíla de personajes de la saga de Monkey Island. Gilbert se basó en la novela con tintes sobrenaturales de Tim Powers En costas extrañas para la creación del guión del videojuego, de hecho, la misma que la atracción de Disneylandia Piratas del Caribe (muchísimo antes de convertirse en una saga de rentables películas protagonizadas por Johnny Deep…) A tenor de lo expuesto, cuando se estrenó el primer filme, Gilbert vio parte de su popular videojuego fusilado en el metraje de la película firmada por Gore Verbenski. Para más inri, cuando Lucas vendió todo su imperio a Disney (incluyendo la propiedad intelectual de Lucasfilm Games y LucasArts), asimismo vendió a la major del ratón Mickey los derechos legales de la saga Monkey Island, derechos que ahora Gilbert pretende recuperar para realizar más entregas gracias a la empresa de micromecenazgo Kickstarter.

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Cuando Lucas vendió su solvente imperio a la marca Disney, también vendió los derechos legales de la saga Monkey Island.

Un videojuego rehecho a su imagen y semejanza

En 2009, cuatro años antes de la desaparición total de LucasArts debido a la absorción de Disney, la famosa empresa de entretenimiento digital fundada por George Lucas a principios de los 80 decidió hacer un remake de este mítico título (aprovechando la fiebre de los remakes y del avance de la tecnología digital) al que llamó sencillamente: The Secret of Monkey Island Special Edition. Fueron varias las mejoras que se incorporaron respecto a la edición original de 1990 como la concepción de los gráficos en Full-HD (1920×1080), música regrabada y remasterizada, añadido de voces, cambio de interfaz y planos reincorporados del original.

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Arriba, nueva portada de The Secret of Monkey Island Special Edition (para mi, inferior a la original); abajo, dos capturas del mismo fotograma: el de la versión de 2009 y el de la versión original de 1990.

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«Pese la calidad de la edición especial, los 16 colores de las versiones EGA y los 256 de las versiones VGA para la época en la que salió el original fueron algo insuperable.»

Pese no haber jugado a la edición especial, el que escribe esta entrada suscribe la calidad de la edición especial en vídeos vistos por YouTube. El remake de Monkey Island poseía unos efectos digitales magníficos, ya desde la entradilla de créditos, donde se ve esa entrañable vista general nocturna de la isla de Mêlée: el reflejo de las luces de la aldea costera sobre las aguas junto al efecto del oleaje eran realmente espectaculares, pero, sinceramente, creo que los 16 colores de las versiones EGA y, posteriormente, los 256 de las versiones VGA para la época en la que el original salió fueron algo insuperable.